Una semifinal que promete tensión, tono de final y una lluvia de miradas sobre Ángel Di María en un Monumental que se prepara para una noche de alto voltaje.
La semifinal que enfrentará a River Plate y Rosario Central, desde las 19:30, está generando una atmósfera que podría competir con un Superclásico en intensidad.
En Núñez, la conversación gira en torno a una guardia alta: así lo expresó el presidente del club, tratando de transmitir que el partido exige concentración absoluta y cero fisuras.
El estadio Monumental, que suele vibrar cuando el conjunto local está en casa, se prepara para recibir a Central en un duelo que promete ser de los más vistos del año, no solo por el protagonismo de River sino por la mirada puesta en un Ángel Di María que regresa a Buenos Aires tras dejar claro que no quiere que nadie le gane la partida a él ni a los suyos.
El propio Di Carlo dejó claro que la noche se presta para un encuentro intenso. En su análisis, el éxito dependerá de mantener la guardia en alto durante los 90 minutos y, sobre todo, de que el conjunto sea un bloque compacto. Se habla de un público de unas 85.000 personas dentro del estadio y de millones que verán el partido desde sus casas en toda Argentina, lo que eleva el rating a uno de los más esperados del año.
En la previa también aparece el tema de la influencia de la AFA y de los vínculos entre Tapia, Di María y el presidente de Central, Gonzalo Belloso; esas tensiones, lejos de desaparecer, han agregado una capa extra de picante al choque.
La terna arbitral para el encuentro contempla a Nicolás Ramírez como árbitro main, con Juan Pablo Belatti y Pablo González como jueces de línea y Bruno Amiconi como cuarto árbitro.
Silvio Trucco será el responsable del VAR. Todo eso se conoce, pero lo que más marca la previa son las declaraciones de Di Carlo, que intentan pinchar el clavo de la polémica: el entrenador quiere que River salga a jugar sin concesiones, conscientes de que la lectura del partido no solo pasará por la táctica, sino por la gestión emocional del grupo.
En la sombra del juego está Di María, señalado por ciertos sectores como beneficiado en algunas decisiones del entorno arbitral y político que rodea al fútbol argentino.
Se espera un recibimiento encendido para el campeón del mundo en el Monumental; el Fideo podría escuchar silbidos, algo que no fue habitual en su regreso al país tras la Copa América y la reciente eliminación de Racing.
Él, por su parte, respondió en redes sociales con un mensaje que dejó en claro que no quiere que nadie pretenda que su equipo recibe favores, ni que el fútbol esté manchado por favoritismos.
El debate está servido: ¿es justo o no silbar a un jugador que ha ganado todo? Ya en el pasado reciente, el estadio dejó señales ambiguas: en una ocasión, Di María fue ovacionado tras su regreso; en esta ocasión, la escena podría ser diametralmente distinta, con rivales y afición compartiendo escenario, y con Tapia de fondo como motor de un relato que parece querer desbordar el simple resultado.
Por si faltara condimento, desde ciertos sectores se ha señalado que Central habría contado con cierto respaldo en decisiones arbitrales y que el año anterior se premió, a su modo, al equipo que más puntos sumó.
Estas percepciones alimentan el debate sobre justicia deportiva y sobre cómo se gestiona la competencia en el fútbol argentino, un tema que siempre aparece cuando River y Central se cruzan en un partido de alto voltaje.
La cita es a las 19:30. En el Monumental la guardia alta se espera que sea la tónica durante el encuentro y, más allá de los nombres, lo que importará serán los hechos en la cancha.
Ángel Di María tendrá protagonismo, pero no estará solo: será una noche de decisiones, reacciones y, sobre todo, de demostrar quién está preparado para una semifinal que huele a final.