Análisis de cómo Argentina reinventó su centro del campo, pasando de un pivote dominante a una pareja móvil y decisiva en la Scaloneta, con Alexis Mac Allister y Enzo Fernández al mando.

Argentina cambió su fútbol de mediocampo, y ya no se entiende la historia con el pivote único al que todos buscaban frenar. En la práctica, el juego del equipo nacional ha pasado a depender de dos ferraris que hacen correr la pelota con una velocidad y una precisión que antes parecían imposibles de registrar desde esa posición.

No es solo una táctica; es una transformación de mentalidad: menos depender de un 10 que distribuya desde delante de la defensa, y más mover el balón con dinámica, inteligencia espacial y desmarques constantes.

En ese marco, dos nombres brillan con luz propia: Alexis Mac Allister y Enzo Fernández. A su lado, Rodrigo De Paul, que alguna vez fue el motor principal, ya no es la referencia absoluta de ese circuito; ahora, entre los tres, se construye la base que impulsa a la selección hacia fines de ciclo y hacia un rendimiento continuo que se ve y se siente.

Alexis Mac Allister, con su look renovado y su posición más “de módulo” que de creador clásico, se erige como el encoder del equipo. El jugador del Liverpool –hoy, sí, una de las grandes figuras de la Premier– ha cambiado su chip. Ya no es solo quien da el ritmo; es quien toma el mando con criterio, reparte juego desde una posición que exige visión, y cuando el balón llega a sus pies, parece que todo el tablero se va dibujando de nuevo.

Es un volante que entiende la cancha, que sabe leer los movimientos de sus compañeros y que, cuando hace falta, aprovecha para romper líneas o activar una diagonal precisa.

No es un 8 que simplemente pasa; es un organizer que, literalmente, empieza casi todas las combinaciones desde su posición y mantiene la dinámica del equipo en marcha.

Enzo Fernández, por su parte, se ha convertido en un mediocampista box to box que no deja de moverse. Su juego es de ida y vuelta: va de área a área, busca el hueco indicado, inicia y finaliza jugadas, y, cuando menos te lo esperas, aparece para rematar o asistir.

Su protagonista momento llega cuando está más adelantado que Mac Allister, pero no se queda ahí: cambia de posición según lo exija la jugada y puede estar detrás de Julián Álvarez o adelantarse para recibir un pase que abra la defensa.

Enzo fue clave en su club y en la selección, y su despliegue es tan completo que, a los 25 años, muchos ya lo sitúan como el motor que puede sostener este nuevo trazo de fútbol argentino durante años.

La evolución no es casualidad. Se ha visto, por ejemplo, en los amistosos y en los partidos de competencia, que el doble pivote de Mac Allister y Enzo transmite una idea de modernidad curtida en la experiencia: saben que la presión alta, la salida limpia y la ocupación inteligente de espacios son la base para sostener ataques y, al mismo tiempo, recuperar rápido ante pérdidas.

Y si alguno de los dos no está tan fino, hay recambio inmediato; la estructura se mantiene y el equipo no se desarma. Esa es la señal de un grupo que, con Scaloni al timón, ha aprendido a jugar con la fórmula de la velocidad y la pausa, a alternar ritmos y a exigir a cada pieza un grado de polivalencia que antes parecía reservado a figuras de otro siglo.

El análisis de la temporada pasada deja claro el porqué de la comparación con Ferrari. En la pista, estas Ferraris del mediocampo no solo corren; trabajan juntas, se sincronizan y llegan a la meta con potencia; y, cuando se les pregunta por el futuro, señalan que falta definir quién acompañará a ese dúo para completar el triángulo central en partidos que exijan mayor presencia en la zona central.

¿Atará Scaloni a De Paul o a Paredes, fieles a la vieja guardia? ¿O habrá un tercero que emerja, como ocurrió con Mac Allister y Enzo en su momento? En el banco y en el vestuario, varios nombres se mezclan entre dudas y oportunidades.

Mientras tanto, Nico Paz ya tuvo minutos ante Mauritania, mostrando destellos que invitan a pensar en un recambio natural para el futuro inmediato.

El balance actual es claro: Mac Allister y Enzo Fernández se han convertido en la columna vertebral de un mediocampo que quiere ser el motor de una selección que no quiere renunciar a su identidad, pero que entiende la necesidad de modernizarla para competir contra cualquiera.

Sus números en la última etapa del ciclo muestran evolución: Mac Allister acumula ya una buena cantidad de partidos con la celeste y blanca, con goles y asistencias que demuestran que puede decidir en momentos clave.

Enzo, con su perfil más completo, repite esa idea de polivalencia y capacidad de decidir desde distintos escenarios. Junto a De Paul, que aporta experiencia y serenidad, forman un trío que promete seguir dando que hablar.

En definitiva, las dos Ferraris del mediocampo argentino han llegado para quedarse. No solo por su velocidad, sino por su inteligencia para leer el juego, su capacidad para asociarse sin ruido y la forma en la que han elevado el nivel de un equipo que, históricamente, ha sido capaz de hacer del fútbol un arte hecho en casa.

Si se mantiene la línea de trabajo y se evita la fatiga de este ciclo, no habría razón para pensar que Argentina no pueda sostener este tren de juego, con el objetivo en mente de seguir haciendo historia en cada temporada que venga.