El mundo del fútbol llora la muerte de José Francisco Sanfilippo, uno de los grandes goleadores de su época y un icono histórico de San Lorenzo, cuyo olfato para el gol marcó a toda una generación.

El mundo del fútbol argentino se sacude con la noticia de la muerte de José Sanfilippo, una figura que nunca pasó inadvertida y que dejó una huella imborrable en San Lorenzo y en la historia del deporte.

Conocido como el Nene, Sanfilippo fue un goleador de raza, capaz de hacer delArea un territorio dominado por sus remates, su intuición y su picardía.

Sus cifras hablan por sí solas: 226 goles en 330 partidos oficiales en la liga argentina, y si se suman todas las competiciones a lo largo de su carrera, llega a 349 goles en 479 encuentros.

Pero más allá de los números, lo que quedará en la memoria de los aficionados es su carácter, su personalidad combativa y su entrega a cada club que defendió.

Nacido en la década de los 30, su historia con San Lorenzo empezó a forjarse en las inferiores y explotó en los años dorados del club. Debutó en plena juventud y dejó claro que estaba para quedarse: rápido, habilidoso y con una pegada certera, convirtió un número increíble de goles que lo convirtió en el máximo artillero del club por varios años.

Formó parte de una generación que llevó a San Lorenzo a pelear con los grandes, y su nombre se asoció con una delantera temible conocida popularmente por su efectividad y picardía, a la que se le llamó de forma coloquial como una avanzada de los pistoleros.

La década de los 50 y principios de los 60 lo vieron brillar con un equipo que dejó varios récords. En 1959 y 1960 encabezó la lista de goleadores de la Primera, reforzando la idea de que era un delantero distinto, capaz de anotar desde cualquier posición y de aprovechar cada balón suelto en el área.

Su convicción de que el gol se cocina con estudio y paciencia quedó clara cuando relató cómo analizaba a cada defensa y encontraba la manera de desequilibrar a sus rivales.

Su relación con la hinchada fue duradera: su capacidad para convertir en momentos decisivos lo convirtió en un referente para los culés de toda una era.

Entre los hitos más recordados también está la participación de San Lorenzo en la primera edición de la Copa Libertadores, en la que el equipo se plantó como campeón nacional y dio pelea en la arena continental.

En 1960, el club llegó a la semifinal contra Peñarol tras dejar atrás a rivales brasileños, pero no pudo remontar la serie. Sanfilippo vivió esa tensión como la de muchos sueños que, aun sin concretarse, quedan grabados en la memoria colectiva. A lo largo de esa década se forjó su relación con el club: trío de delanteros, rivalidad con dirigentes y las constantes discusiones por premios y fichajes, que a veces marcaban la tónica de su figura y su carrera.

No todo fue un camino llano. Las etapas en las que el fair play parecía enfrentarse a la presión de la hinchada y a la exigencia de los dirigentes estuvieron acompañadas de momentos de conflicto.

En su paso por Boca Juniors, Sanfilippo vivió la expectativa de jugar finales de Libertadores y dejó constancia de su carácter, que lo llevó a protagonizar episodios que fueron muy comentados en su tiempo.

Tras su paso por Boca, su trayectoria lo llevó a clubes como Nacional de Montevideo, Banfield y Bahía, dejando la impronta de un goleador que no se rendía ante las adversidades y que sabía reinventarse para seguir marcando goles.

Ya entrados en su etapa de veterano, Sanfilippo se mantuvo vinculado al mundo del fútbol desde una nueva tribuna: la de los medios. En los años 90 se convirtió en una presencia destacada en la televisión y la radio, y se ganó la fama de polemista, sin perder la claridad de sus análisis.

Fue un personaje influyente que siempre habló con convicción, a veces provocando debates encendidos, pero también aportando una mirada crítica y valiosa sobre el juego y sus protagonistas.

Su relación con el periodismo fue, en muchos sentidos, un espejo de su vida como futbolista: directo, sin pelos en la lengua y con una consumada memoria de los tiempos en los que brilló.

Entre sus hitos personales destaca el episodio durante el regreso de Perón a la Argentina, en el marco de su regreso a la vida política y social del país, en el que su figura volvió a resonar fuera del estadio.

Sus recuerdos y declaraciones sobre el fútbol y la vida social dejaron una impronta que perdura en la memoria de quienes lo vieron jugar y de quienes lo escucharon como comentarista y figura pública.

En 2016 recibió un homenaje de la Legislatura de la Ciudad, un reconocimiento que, más allá de lo deportivo, reconocía su influencia en la cultura popular y su papel como personaje de referencia para varias generaciones.

En números, Sanfilippo dejó un legado contundente: 267 partidos y 206 goles con la camiseta de San Lorenzo, cifra que lo convierte en el máximo goleador histórico del club.

Sumando su paso por Boca y Banfield, llega a 226 goles en 330 partidos solo en la liga argentina, y 349 goles en 479 encuentros oficiales contando todas las etapas de su carrera.

Sus proezas en el Gasómetro, donde anotó 117 tantos, y la constante de su presencia en los clásicos, con 55 gritos frente a sus rivales, completan un retrato de un delantero que supo hacer del gol una forma de vida.

Su figura sin duda marcó a toda una época y su leyenda sigue alimentando las historias contadas alrededor de un estadio, una tribuna y un balón. Queje de su estilo, su temperamento y su inteligencia para el juego, Sanfilippo es una referencia ineludible para quienes entienden que el fútbol es palabra, desafío y pasión en estado puro.