Un reportaje de L'Équipe vincula incidentes recientes con una problemática cultural más amplia en Argentina, y analiza sus repercusiones en competiciones internacionales y en la ética del deporte.
La escena futbolística argentina vuelve a quedar bajo la mirada mundial tras la publicación de un informe en L'Équipe que designa al racismo en el fútbol argentino como una cuestión profunda y estructural, no simple hechos aislados.
El artículo, titulado de forma contundente pero analítica, toma como punto de partida el cruce entre dos jóvenes protagonistas en un contexto europeo de alta exposición: Gianluca Prestianni, jugador argentino vinculado al Benfica, y Vinícius Júnior, estandarte de la lucha contra la discriminación en el fútbol global, durante un partido de la UEFA Champions League entre Benfica y Real Madrid disputado en Lisboa.
A partir de ese episodio puntual, el medio galo amplía su foco para examinar conductas históricas de hinchas y jugadores argentinos en competiciones internacionales, dejando claro que la realidad no se agota en un choque puntual sino que está inserta en un entramado cultural complejo.
El hecho que desató la cobertura fue, según L'Équipe, la decisión disciplinaria de la UEFA de imponer una suspensión provisional al juvenil argentino tras el incidente de Lisboa.
Si bien la comunicación de la resolución no detalló todos los pormenores, la publicación subraya que la noticia adquiere un matiz de alerta: el crimen social de la discriminación puede florecer cuando se instala fuera de las fronteras y gana visibilidad global, alimentando debates en redes y en medios de distintos continentes.
Para el medio francés, lo relevante no es sólo la sanción puntual sino lo que ese episodio revela sobre patrones culturales que atraviesan el ámbito deportivo argentino y su relación con las ligas y torneos internacionales.
La lectura de L'Équipe se desplaza hacia la idea de que el problema no es un hecho aislado, sino una manifestación de un entramado cultural donde coexisten negación, interpretaciones distintas y discriminaciones efectivas.
En ese marco, el análisis cita testimonios de especialistas y observa que ciertas expresiones discriminatorias se naturalizan como parte del folclore futbolístico, lo que dificulta su erradicación y condiciona la percepción pública del fenómeno dentro y fuera del país.
Este punto de vista ayuda a entender por qué casos como el de Prestianni adquieren un peso simbólico mayor: no se limitan a una anécdota, sino que se insertan en una narrativa que llega a la escena europea y a la opinión pública internacional.
En la perspectiva académica recogida por el medio, el antropólogo argentino Javier Sebastián Bundio sostiene que en la idiosincrasia nacional persiste una negación generalizada del racismo y, paradójicamente, una dificultad para reconocerlo cuando se manifiesta en el fútbol.
“En Argentina no se reconoce fácilmente el racismo, y menos aún se admite su existencia dentro del propio país”, sintetiza, subrayando la tensión entre interpretación literal de ciertas expresiones y la percepción social de quienes las emiten.
Estas ideas, complementadas por trabajos previos de Bundio sobre la construcción de identidades rivales por parte de las hinchadas, refuerzan la tesis de que el fenómeno se nutre de dinámicas históricas y de una cierta tolerancia para manifestaciones discriminatorias que, a ojos de la comunidad internacional, deben ser abordadas con medidas culturales y regulatorias más firmes.
El reportaje recuerda antecedentes recientes que amplían el marco de análisis: en 2024, durante la celebración de la Copa América, Enzo Fernández protagonizó una transmisión en la que se oyeron cantos ofensivos hacia futbolistas franceses, lo que derivó en una sanción económica y en un pedido público de disculpas por parte del jugador ante la afición y su club europeo.
Más allá de ese episodio, se citan otros casos en la Libertadores y la Sudamericana en los que gestos y cantos discriminatorios han generado multas y sanciones parciales por parte de las Confederaciones Continentales, señalando una tendencia que ha ido ganando atención institucional y mediática.
En resumen, el artículo de L'Équipe propone que la línea que separa el folclore de la discriminación efectiva es cada vez más difusa cuando los actos ocurren en contextos internacionales, donde las normas y las sensibilidades culturales no siempre coinciden.
A nivel institucional, el texto señala que la FIFA y la UEFA analizan con mayor rigor la imposición de sanciones más severas para conductas discriminatorias, incluyendo suspensiones más prolongadas y multas con mayor impacto económico.
En ese sentido, la discusión no se limita a futbolistas o clubes específicos, sino que implica a dirigentes, organismos de control y al público en general: todos deben asumir una cuota de responsabilidad para que los códigos de conducta se apliquen de manera homogénea y efectiva.
Mientras Prestianni aguarda su resolución disciplinaria y el debate continúa, el “demonio invisible” al que alude el título de L'Équipe se presenta, al menos desde esta lectura, como una problemática visible y urgente para el fútbol argentino, con implicaciones que trascienden las fronteras del país y exigen una respuesta coordinada en el plano internacional.