La historia de Ezequiel Lavezzi, formado en Estudiantes de Buenos Aires, que brilló en Napoli y PSG y formó parte de Argentina en Brasil 2014, enfrentó una profunda depresión tras su retiro y encontró esperanza gracias al apoyo familiar y al nacimiento de su segundo hijo.
Ezequiel Lavezzi, conocido cariñosamente como Pocho, nació para el fútbol y se forjó en las inferiores de Estudiantes de Buenos Aires, un club de ascenso que le sirvió como trampolín para lo que vendría después.
Su historia habla de un ascenso meteórico: dio el salto a Europa, se hizo un hueco en el Napoli y luego voló a París para jugar en el PSG, hasta convertirse en un referente de la región napolitana y de una selección argentina que brilló en Brasil 2014, llegando a la final de la Copa del Mundo.
Pero tras retirarse, la vida le puso un espejo duro delante. Comenzó a convivir con un cuadro de depresión asociado al abuso del alcohol y a otras adicciones. Tocó fondo y tuvo que pedir ayuda; el camino no fue sencillo, pero sí decisivo para reencontrarse. Tuvo el impulso inicial gracias al apoyo incondicional de su familia y, sobre todo, al nacimiento de Vittorio, su segundo hijo, que llegó en un momento clave y que hoy se erige como un recordatorio viviente de una nueva forma de entender la vida y la paternidad.
Esta semana, Lavezzi concedió una entrevista a un medio italiano en la que abrió su corazón sobre su proceso de recuperación y envió un mensaje de esperanza a quien esté atravesando situaciones similares.
En diálogo con Corriere della Sera, habló de su estado de salud, del episodio vivido en el verano en Uruguay que desencadenó una internación y de cómo recuerda su carrera.