La selección paraguaya firma una victoria heroica ante la tetracampeona Alemania en Boston, gracias a una tanda de penales decidida por José Canale y una actuación estelar de Orlando Gil. Alfaro, el entrenador argentino, marca el rumbo de una noche inolvidable que podría cambiar el ánimo del equipo de cara a los octavos de final.
La victoria de Paraguay sobre Alemania en el Mundial 2026 fue una de esas sorpresas que el torneo sabe regalar cuando menos se espera. En Boston, bajo un ambiente de máxima tensión, la albirroja logró forzar la prórroga y, ya en los penales, dejó sin aliento a millones de seguidores que celebraron a lo grande.
Después de 90 minutos de combates tácticos y de un fútbol que tuvo momentos de intensidad, Paraguay selló su pase a los octavos de final gracias a un desenlace que quedará grabado en la memoria del aficionado.
Uno de los momentos más destacados de la noche llegó a las 20:28, hora local, cuando José Canale convirtió el penal decisivo que dio la clasificación.
En la transmisión de ABC Paraguay, se escuchó un “¡Gol!” que no necesitó más confirmación, y al instante se desató la alegría en el estudio y en las calles de Asunción, donde grupos de hinchas encendían bengalas y el humo acabó cubriendo la escena televisiva.
En la web, la cobertura no tardó en titular que Paraguay había dado un batacazo mundial al eliminar a una Alemania que suele imponerse con jerarquía.
Los elogios a la selección guaraní fueron prácticamente unánimes. VS Sports habló de una hazaña histórica, subrayando la garra y la fortaleza del equipo en cada minuto de juego. América TV Paraguay colocó en pantalla la frase “utopía posible”, en alusión a un discurso previo del técnico argentino Gustavo Alfaro que muchos tomaron como una promesa de cambio para la selección.
Entre risas y guiños, los comentaristas celebraron que, de cara a los octavos, Paraguay había dejado atrás cualquier etiqueta de sorpresa para convertirse en un rival a tomar en serio.
El guardameta Orlando Gil emergió como el héroe de la noche, atajando dos balones en la tanda de penales y quedándose con gran parte del crédito por haber mantenido a su equipo en la pelea.
Su rendimiento, junto con la serenidad de los ejecutores en la primera mitad de la tanda, terminó por inclinar la balanza a favor de los paraguayos. En esas horas, Alfaro recibió elogios por su gestión táctica y por haber sabido aprovechar las virtudes de una plantilla que, según diversos comentaristas, mostró una mezcla de coraje y organización que no siempre se ve en fases tan decisivas de un torneo.
Para entender la magnitud de lo acontecido, basta mirar hacia atrás. Paraguay ya había hecho historia en Mundiales previos, destacándose especialmente en Sudáfrica 2010, cuando el equipo logró superar la fase de grupos y avanzar hasta los cuartos de final, una actuación que sigue siendo el mejor rendimiento en la historia de la selección.
En aquella ocasión, la garra y la disciplina defensiva fueron claves, y hoy el conjunto dirigido por Alfaro pareció beber de esa misma esencia para plantarle cara a una Alemania acostumbrada a jugar a otro nivel.
Con este triunfo, Paraguay no solo demuestra que puede competir con grandes rivales, sino que también fortalece la idea de que el proyecto de Alfaro está dando resultados concretos.
El club paraguayo no quiere quedarse en el sueño: quiere mirar de tú a tú a cualquiera y, por qué no, dejar claro que el Mundial 2026 puede ser el escenario para una nueva generación que entiende que la paciencia y el esfuerzo sí tienen recompensa.
¿Qué pasará en los octavos? Es la pregunta del millón, pero lo cierto es que la noche en Boston dejó claro que esta Paraguay está para grandes momentos y que, cuando llega la hora de las decisiones, sabe apretar el botón correcto.