El mediocampista brasileño Oscar anunció su retirada tras un episodio de síncope vasovagal durante un entrenamiento con São Paulo. Repasamos su trayectoria, el episodio que cambió su carrera y lo que viene para un futbolista que dejó huella tanto en Europa como en China.

Oscar dos Santos, el brasileño que dejó huella en Chelsea y que dejó China en un periodo récord, explicó públicamente la razón por la que puso fin a su carrera a los 34 años: un síncope vasovagal que sufrió durante un entrenamiento con São Paulo, a finales del año pasado.

El episodio, descrito por el propio jugador, le dio una señal clara de que ya no podía seguir compitiendo al máximo nivel de forma segura. Tras varios meses fuera de las canchas, el ex jugador anunció su retirada mediante un comunicado en sus redes sociales. Aunque su contrato con el club paulista iba más allá de 2027, la salud terminó imponiéndose a cualquier plan deportivo.

La trayectoria de Oscar, nacido en Americana, siempre dio para mucho. Su salto definitivo a la élite llegó tras su paso por la Premier League, que dejó atrás cuando decidió mudarse a Shanghai Port a los 25 años. En China vivió una etapa de gran impacto económico y profesional: ocho años en los que llegó a acumular cerca de 182 millones de dólares, algo inédito para un mediocentro creativo en ese periodo.

Entre 2017 y 2025 convirtió su experiencia en un bagaje que muchos no olvidan y que hoy sirve para entender la magnitud de su decisión de regresar a Brasil y colgar las botas.

Pero la historia de Oscar no se limita a las cifras. En São Paulo, equipo donde se formó, el reloj se detuvo de golpe durante un entrenamiento en noviembre. Según él, el síncope vasovagal consiste en una caída súbita de la presión arterial y del ritmo cardíaco que puede hacer perder el conocimiento en cuestión de segundos.

En su relato, pasó del parpadeo a un desmayo casi instantáneo, con el corazón resistiéndose a volver a latir con normalidad. Parte de ese miedo se convirtió en una experiencia casi sobrenatural: según su testimonio, llegó a ver destellos de sensaciones típicas de la muerte, pero en ese instante que recuerda, su hijo apareció en su mente pidiéndole que regresara a la vida.

Lo vivido fue tan intenso que, a partir de entonces, su salud se convirtió en la prioridad absoluta.

Tras el susto, los médicos certificaron que, si bien la condición no implica un riesgo inmediato de muerte, sí exige vigilancia médica constante y un control estrecho de su estado cardíaco.

Eso fue un golpe duro para un jugador que sabía que su retorno al fútbol, ya con 34 años y con un contrato vigente, tenía que ser evaluado con lupa.

Oscar, sin embargo, no se rindió de inmediato. Volvió a jugar para São Paulo y disputó 21 partidos desde su regreso en el Brasileirao, dejando constancia de que aún tenía fútbol para dar, aunque los números quedaron en dos goles y cinco asistencias.

A lo largo de su carrera, Oscar defendió las camisetas de Inter de Porto Alegre, Chelsea, Shanghai Port y la Selección Brasileña. Con la canarinha, se coronó campeón de la Copa Confederaciones 2013 y formó parte de la plantilla que disputó el Mundial de 2014 en su propio país, un torneo que dejó para la memoria varias actuaciones destacadas y la sensación de que, bajo presión, sabía responder.

Con la retirada anunciada, Oscar dejó claro que, a pesar de la decepción por no haber podido seguir aportando más en São Paulo, su vida no termina en las cuatro líneas de un campo de juego.

“Quería hacer más por San Pablo. Tenía la calidad y la edad para seguir, pero esto pasó y ahora me retiro. Seguiré mi vida como hincha”, afirmó. Su voz transmite la mezcla de resignación y gratitud por lo vivido, y, sobre todo, la idea de que la salud debe estar por encima de cualquier ambición deportiva.

Este caso abre otra mirada sobre la salud en el fútbol de alto nivel. En los últimos años, varios jugadores han sufrido episodios cardíacos o síncopes durante o tras temporadas intensas, lo que ha llevado a una mayor vigilancia médica y a la implementación de protocolos de prevención.

Oscar, sin duda, se unió a esa lista de historias que recuerdan que, al margen de la gloria y el dinero, la prioridad siempre debe ser la vida y el bienestar de quien porta la camiseta.