El Mundial 2026, coorganizado por Estados Unidos, México y Canadá, llega con 48 equipos y un sistema de precios dinámicos que ya eleva el coste de las entradas, generando críticas de aficionados y grupos de consumidores.
El Mundial de fútbol 2026 será organizado entre Estados Unidos, México y Canadá, y por primera vez contará con 48 selecciones y 104 partidos, distribuidos en 16 sedes.
La FIFA presume de estadios repletos y de una audiencia global sin precedentes, pero hay una realidad más tangible para el aficionado de a pie: la venta de entradas funciona con precios dinámicos y esas subidas ya se están dejando sentir en la cartera de muchos seguidores.\n\nLa reanudación de la venta, tras confirmar a los últimos seis clasificados, vino acompañada de una sorpresa desagradable: aumentos de precio en 40 de los 104 encuentros.
En la práctica, lo que cambia es la banda de precios según la demanda, y eso se nota especialmente en las entradas más caras. En la final, la Categoría 1 pasó de costar 6.370 dólares en la fase inicial a 10.990 dólares en la nueva tanda; la Categoría 2 subió de 5.575 a 7.380 y la Categoría 3 pasó de 4.185 a 5.785 dólares. Los cambios también afectaron a las semifinales y a los cuartos de final, y incluso los juegos de la fase de grupos mostraron incrementos significativos.\n\nPara entenderlo en ejemplos prácticos, el duelo Estados Unidos contra Paraguay, el 12 de junio en Los Ángeles, elevó sus entradas más caras de 2.735 a 4.105 dólares. En Toronto, Canadá frente a Bosnia y Herzegovina, el mismo día, el boleto más caro quedó en 3.360 dólares. Y el choque entre México y Sudáfrica, en el Estadio Azteca, pasó de 2.355 a 2.985 dólares. Son cifras que muestran una pauta clara: cuando la demanda sube, los precios suben con mayor rapidez que antes, y no hay descuentos automáticos para quienes viven en otros continentes.\n\nLa FIFA justifica este sistema de precios como una forma de equilibrar oferta y demanda y, en teoría, de gestionar mejor la distribución de entradas.
Pero, mirando a la realidad de los mercados, el coste para el aficionado medio ya resulta elevado incluso en países con salarios más modestos. En Estados Unidos, Canadá y México, los ingresos mensuales promedio en 2024 estaban en rangos que hacen difícil justificar ciertos precios, especialmente para familias que planean asistir a varios partidos.
Este contexto alimenta críticas sobre la accesibilidad de la Cop Mundial para pueblos de distintos estratos.\n\nAdemás de la subida de precios, la experiencia de compra estuvo marcada por fallos técnicos en la plataforma de venta y por la falta de claridad sobre cuántas entradas estaban disponibles en la fase inicial.
En algunos momentos, usuarios fueron redirigidos a filas especiales para simpatizantes de los seis países clasificados, lo que generó confusión y dudas sobre la equidad del proceso.
FIFA señaló que no todas las entradas se liberarían de golpe y que habría liberaciones graduales, pero no ofreció un calendario detallado ni explicaciones exhaustivas sobre estas demoras.\n\nLa controversia trasciende lo puramente económico. Football Supporters Europe (FSE) y Euroconsumers presentaron quejas ante la Comisión Europea, alegando que la FIFA tiene un monopolio en la venta de entradas y que ese poder se usa para imponer condiciones poco razonables a los aficionados.
Pidieron congelar los precios en la fase de ventas de abril y evitar la tarificación dinámica para compradores europeos. También cuestionaron la comisión del mercado de reventa de la FIFA, que llega a retener un 30% de cada venta. Infantino defendió la comisión con el argumento de que se trata de una actividad comercial legal según la legislación estadounidense.\n\nA la par de estas críticas, la FIFA anunció un intento de abrir una vía más asequible: una categoría de entradas llamada Supporter Entry Tier, con un precio único de 60 dólares para todos los partidos.
La idea es repartir el peso entre las federaciones nacionales y sus aficionados: la FIFA otorga el 8% de las entradas a las federaciones para venderlas a sus simpatizantes, y, dentro de ese cupo, solo el 10% correspondería a esos boletos de 60 dólares, con un tope de 700 tickets en total.
Aunque se trata de un intento por reducir la brecha, muchos aficionados dudan de que estas medidas alivien de verdad la tensión en taquilla.\n\nEl Mundial 2026 promete ser la edición más grande de la historia, no solo por el récord de equipos y partidos, sino por el potencial de ingresos que se maneja en torno a una campaña de venta de entradas que, según datos de la FIFA, podría acercarse a cifras multimillonarias.
El objetivo de la organización es que, con este tamaño y alcance global, la experiencia siga siendo atractiva para las ciudades anfitrionas y para las aficiones de todo el mundo.
Las autoridades aseguran que las liberaciones de entradas continuarán de forma gradual, con más boletos disponibles a medida que se acerquen los encuentros, pero las expectativas de los aficionados ya están puestas en el siguiente paso de este complejo proceso de venta y distribución.\n\nEn resumen, el Mundial 2026 llega con un formato histórico y un modelo de precios que ha generado debate entre aficionados, autoridades y organizaciones de consumo.
El tiempo dirá si la estrategia de precios dinámicos logra equilibrar demanda y oferta o si provoca una barrera más grande para quienes sueñan con ver a su selección en la gran fiesta del fútbol mundial.