La CAF declara campeones a Marruecos por abandono de Senegal en la final; Senegal anuncia recurso ante el TAS. Un fallo que expone debates reglamentarios y el camino de África hacia la formalidad del reglamento.

El 18 de enero, Senegal y Marruecos disputaron la final de la Copa Africana de Naciones en Rabat. En el campo, Senegal celebró la victoria y levantó el trofeo ante miles de aficionados en Dakar. Pero dos meses después la CAF dio a conocer una versión distinta: Marruecos, dirigido por Walid Regragui, sería declarado campeón por incomparecencia de Senegal, y el marcador oficial de la final quedó en 3-0 a favor de los marroquíes.

La Federación Real Marroquí de Fútbol, que organizó la competición, reclamó la victoria ante la CAF invocando el artículo 82 del reglamento, que establece que si un equipo abandona el terreno de juego o no se presenta sin permiso del árbitro, se considera perdedor y queda eliminado.

La CAF tardó 58 días en revisar las imágenes y constatar que los senegaleses estuvieron ocho minutos en el vestuario hasta que Sadio Mané convenció al grupo de regresar a la cancha.

Con ese dato, la Junta de Apelaciones decidió que Senegal había perdido por incomparecencia en la final, fijando un 3-0 a favor de Marruecos, tal como establece el artículo 84.

La reacción de Senegal fue de incredulidad y enfado, pero el equipo no se quedó sin herramientas. Anunciaron que, para defender sus derechos, presentarían una apelación ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) en Lausana. En el mundo del fútbol, los procesos de apelación pueden alargar las disputas durante semanas o meses, y aquí no fue la excepción: el TAS podría dar una nueva palabra, confirmando o revocando lo decidido por la CAF.

Más allá del ruido del fallo, la historia de Rabat mostró dinámicas del fútbol africano: la necesidad de claridad en los reglamentos, el peso de las decisiones disciplinarias y el papel de la justicia deportiva para dirimir conflictos que nacen fuera de la cancha.

En África, la idea de jugar con normas y reglas no es una simple formalidad: es parte del propio crecimiento del deporte.

En el plano deportivo, Marruecos adquirió un año más de legitimidad en su proyecto, y fue destacado por la organización de una Copa que dejó huella.

La región se prepara para el Mundial 2030, que Marruecos afronta como anfitrión junto a otros socios, y Rabat mostró una organización a la altura de ese desafío.

En ese marco, la CAF reescribe la historia de la final para recordar que las reglas también tienen peso y pueden cambiar el destino de un equipo. ¿Qué pasará con el TAS? ¿Mantendrá Marruecos el título o se reabre la puerta para Senegal? El tiempo dirá.

En definitiva, la final que parecía cerrada por la entrega y la emoción terminó siendo un relato de reglamentos, instituciones y una región que quiere demostrar que no negocia la aplicación de la ley cuando de fútbol se trata.