La selección argentina mantiene una estructura sólida y clara en el Mundial, pero aún no ha visto a sus delanteros de referencia abrir el marcador. Este análisis repasa el rendimiento reciente, el dúo Lautaro Martínez-Julián Álvarez y la oportunidad ante Jordania para empezar a soltar la pegada decisiva.

La Scaloneta continúa brillando por su solidez más que por un juego estremecedor. En el Mundial, se le reconoce como el equipo más serio del torneo: no es que juegue de forma espectacular, pero sí tiene una estructura bien definida, ideas claras y una continuidad que transmite confianza a sus compañeros y a los rivales.

A priori, el proyecto de Scaloni iba a ser evaluado partido a partido, y en dos encuentros la dinámica ya empezó a dibujarse con más precisión: Argentina es el equipo que menos dudas deja, el que parece saber a qué juega y cómo hacerlo ante distintos planteamientos.

Pero, como suele ocurrir en cada ciclo, emergen las dudas sobre la delantera. Aunque la Scaloneta ya tiene en Lautaro Martínez y Julián Álvarez dos atacantes de élite, ninguno de los dos ha visto todavía el arco con regularidad en esta ventana.

En los dos primeros encuentros, los goles no llegaron de su sector, un detalle que no pasa desapercibido porque, sin goles de referencia, se abre el debate sobre cuándo y cómo el equipo podrá activar esa faceta decisiva que suele separar a los grandes de los demás.

El duelo entre Lautaro y Julián es, a la vez, una oportunidad y un reto. El Toro, delantero de raza, es un 9 que espera el momento y que, cuando aparece, define con acierto. Julián, por su parte, destaca por su desgaste constante, su capacidad para cubrir líneas, ayudar en la recuperación y, además, construir juego cuando el equipo necesita más movilidad.

Scaloni ha insistido en que la competencia entre ambos es sana y que el equipo debe mantener el equilibrio para no volcarse solo hacia un perfil de delantero.

En septiembre, durante un partido disputado en Estados Unidos, Martínez partió desde el inicio por una molestia de Álvarez en el tobillo, y el entrenador dio minutos a ambos para que cada uno aportara distintas respuestas al juego del equipo.

De ese encuentro quedó el dato de que apenas ambos realizaron un disparo a puerta cada uno, detalle que sirve para entender por qué el técnico quiere ver a los dos en buenas condiciones y con confianza para los encuentros decisivos.

La lectura de Scaloni es clara: no se trata de elegir entre un delantero tradicional y otro más polivalente, sino de entender que el equipo está por delante y que, para sostener ese nivel, el tridente con Leo (Messi) y los hombres de área debe equilibrarse.

Lautaro, con su estilo de remate paciente, y Julián, con su dinamismo y presión alta, se complementan cuando el sistema funciona y el contexto lo permite.

El entrenador ha dejado claro que no quiere perder ese equilibrio por intentar encajar a toda costa a un solo perfil. Esa idea de juego puede ser la clave para que, en cuanto se ajusten minutos y confianza, los goles lleguen de forma natural.

Más allá de las personas que componen la delantera, la Scaloneta ya demostró que puede ganar sin que sus centrodelanteros se carguen la tarea de convertir solas.

Esa versatilidad es una de las grandes virtudes del equipo de Scaloni y, a la hora de mirar hacia el futuro inmediato, la presencia de Jordania en la tercera fecha se presenta como la oportunidad ideal para que Lautaro y Julián recuperen el olfato goleador y, de paso, afinen la conexión con Messi, que sigue siendo el líder y el eje de juego.

En el plano histórico, este ciclo de Scaloni ya dejó hitos que se citan a modo de referencia: la alegría de la Copa América 2021, que devolvió confianza al vestuario y a la afición, y la Finalissima 2022, que consolidaron la idea de un equipo competitivo y bien armado para las grandes fases.

Esa base de triunfo y de constancia es la que hoy empuja a Argentina a intentar una nueva gran actuación en este Mundial. Si la delantera encuentra el timing correcto y el equipo mantiene su solidez, el objetivo del bicampeonato —o al menos avanzar con contundencia a las etapas definitorias— podría acercarse de forma más clara.

El partido ante Jordania no es un simple paso; es una oportunidad real para que Lautaro, Julián y el propio Messi empiecen a ampliar su cuota goleadora y para que la Scaloneta deje en claro que, más allá de la seriedad táctica, también tiene la capacidad de traducir ese control en goles decisivos.