Boca y Cruzeiro empataron 1-1 en la Bombonera, dejando al Grupo C en tensión a falta de una última jornada. Controversias de VAR, un posible penal no pitado y un gol fantasma alimentan el debate mientras el camino hacia octavos sigue siendo incierto.
Parecía una noche de suspense en la Bombonera. Boca Juniors recibió a Cruzeiro en un duelo decisivo por el Grupo C y, al final, el marcador quedó 1-1. El resultado mantiene la definición de la zona en la última jornada, cuando Boca visite a Universidad Católica en Chile para intentar ganar el pase a los octavos; Barcelona de Guayaquil podría complicar más las cuentas si se cuela en la pelea.
En general, la sensación fue de que el partido vivió una de esas noches en las que todo parece estar al filo, entre jugadas que invitan a la discusión y decisiones que encienden el debate entre afición y prensa.
Las llamadas cosas extrañas llegaron a la hora de cierre. En la última acción del encuentro, Lucas Romero cayó dentro del área y parecía haber toque de mano. En la pantalla se veían ángulos que sugerían infracción, pero el árbitro venezolano Jesús Valenzuela decidió no pitar. Desde el VAR, Angel Arteaga no hizo sonar la alerta ni pidió revisión, y las pantallas del estadio explotaron con el grito de protestas: “Penalazo”.
El ambiente posterior en las tribunas fue un repique de descontento hacia la sala de VAR y hacia la Conmebol, que, según los hinchas, se equivoca en estas situaciones.
Antes de ese tramo final, Boca ya había tenido una respuesta de duelo. A 45 minutos del complemento, Miguel Merentiel aprovechó un rebote dentro del área para celebrar un supuesto gol que desató la alegría de la hinchada.
Pero poco después llegó la revisión del VAR por una mano de Milton Delgado que, según el criterio del cuerpo arbitral, anuló la acción y dejó a Boca con el silencio por respuesta.
El golpe emocional fue mayúsculo: el ánimo que estaba en ascenso, cayó como un castillo de naipes, y Cruzeiro tomó aire para intentar quedarse con el botín completo.
Pero la historia no terminó ahí. Poco después, Fagner clavó un remate potente al primer palo para sellar el 1-1 de Cruzeiro, tras revisión por una posible mano de Kaiki en una jugada previa.
En esa revisión, el gol se confirmó y el partido continuó con Boca buscando el golpe que le permitiera quedarse con los tres puntos. También hubo un episodio llamativo en el que se habló de un “gol fantasma”: un tiro libre de Leandro Paredes que, según una parte de la Bombonera, habría besado la red pero no traspasó totalmente la línea.
Ese detalle alimentó la conversación entre seguidores durante el resto del encuentro. En el transcurso de la noche, Gerson recibió la roja por una entrada a Boca cerca del área; fue una de esas decisiones que, para unos, merecía revisión, y para otros, fue correcta dentro del marco del juego y del criterio arbitral aplicado.
Con la actuación del Cruzeiro, Otávio Costa fue la gran figura del partido: el portero brasileño realizó varias paradas decisivas, llegando a evitar al menos cinco situaciones claras de gol y manteniendo a su equipo en el partido cuando Boca parecía tomar la iniciativa.
En los minutos finales, Boca intentó por todos los medios buscar el gol de la victoria, pero la sensación general fue de que el equipo no logró clavar la maquinaria del inicio de temporada, y el desgaste físico se hizo visible en la segunda mitad.
El mensaje que queda tras este choque es claro: Boca necesita sí o sí ganar su último encuentro ante Universidad Católica para cerrar la clasificación a octavos.
Si no llega el triunfo, la posibilidad de disputar la Sudamericana quedaría como consuelo. Mientras tanto, el grupo C sigue en tensión: Universidad Católica y Barcelona de Guayaquil tienen la tarea de jugarse su futuro en Chile, en una fecha que promete emociones fuertes y otra tanda de decisiones que serán objeto de debate entre aficionados y comentaristas.
Más allá de las particularidades del choque, este partido también refleja el peso de la Libertadores en el fútbol sudamericano: Boca es uno de los clubes con una historia amplia en la competición, con campañas memorables a lo largo de los años; Cruzeiro, por su parte, es otro gigante del torneo y ha dejado huella en varias ediciones.
En este contexto, las reglas y los procedimientos, como las pausas de hidratación o los criterios de desempate, siguen añadiendo capas de complejidad a las noches de Libertadores.
Con estos ingredientes, la campaña de Boca en este tramo final del grupo promete más emociones y un cierre que, para muchos, ya parece escrito en forma de suspense.