Análisis sobre la condición de los campos de juego de varios clubes argentinos durante la Liga, centrado en Racing y el gol de Ángel Di María, con visión histórica sobre la evolución de los céspedes y las inversiones necesarias.
El fútbol argentino vivió una jornada que dejó al descubierto dos caras muy distintas: por un lado, el televisor mostró la grandeza de un gol de Ángel Di María, emblemático por la habilidad para sortear desniveles y defenderse de un campo irregular; por otro, dejó al descubierto la fragilidad de la superficie de juego en varios escenarios de la Liga Profesional.
En el Cilindro de Avellaneda, Racing y Central de visitante sintieron en el césped el impacto de una temporada de transición climática y de trabajos recientes de resembrado, mientras que otros escenarios como Barracas Central, Vélez, Estudiantes, Argentinos, Lanús y Banfield también presentaron dificultades propias.
El denominador común fue la escasez de lluvia y la incidencia de un periodo seco en enero, que retrasó la consolidación de una carpeta vegetal joven y exigió una intervención más profunda de cara a la elaboración de la temporada 2026.
La propia dirigencia de Racing había anticipado antes del partido la merma en la calidad del piso. En un comunicado, explicó que el cambio de césped comenzó a inicios de 2025 con modificaciones estructurales, y que en 2026 se removió el piso de invierno para introducir una nueva carpeta de pasto.
La explicación oficial añadió que la demora obedece a la finalización tardía de la temporada y a la falta de lluvias, factores que complicaron el desarrollo de un césped joven.
Los jugadores –entre ellos Di María, figura del encuentro– se hicieron eco de la situación: la pelota rebotaba de forma irregular y la situación complicaba tanto a los locales como a las visitas.
El veredicto del partido fue claro para muchos: la cancha no era aliada ni para uno ni para otro.
Más allá del desenlace inmediato, la Liga Profesional ya había dejado señales en diciembre de inspecciones y recomendaciones en torno al estado de los campos.
En ese marco, Racing podría enfrentar una multa y la posibilidad de trasladar sus próximos compromisos a otro estadio, especialmente para la cuarta fecha ante Argentinos.
En favor de la adecuación de los terrenos, el Jardín de la LPF, Sebastián Ruggeri, acudió el 29 de enero para colaborar en la recuperación del césped, en una muestra más de la coordinación entre clubes y autoridades para reducir el riesgo de lesiones y mantener la calidad del espectáculo.
La historia de las canchas argentinas tiene raíces más profundas que esta temporada. En una revisión histórica que llega a Clarín, el técnico del cuidado del césped conocido como Lelo García destacó que la preocupación por la superficie no es nueva: hace tres décadas ya se discutía la necesidad de equiparar condiciones con el fútbol europeo y de evitar el recurso a soluciones improvisadas.
Su legado, que incluyó asesorías a Vélez, River, Estudiantes y otros equipos, abrió paso a un concepto de campo híbrido que hoy se ha convertido en una alternativa destacada para la durabilidad y la uniformidad de la superficie.
A partir de ahí se forjaron cambios graduales: de una dependencia casi total de césped natural a integrar capas de arena, tierra y material sintético para asegurar una mayor estabilidad ante recitales, lluvias y diferentes usos.
Con el paso de los años, la tecnología aplicada a los campos se fue perfeccionando. En España, Bielsa fomentó la idea de implementar un cuidado más estructurado, y en Argentina se multiplicaron los ejemplos de clubes que optan por híbridos para prolongar la vida útil del terreno entre partidos y recitales.
Hoy, clubes como Vélez, River, Estudiantes y otros han consolidado este enfoque, mientras que la discusión sobre costos, mantenimiento y tiempos de recuperación permanece como eje central en cada planificación anual.
En términos prácticos, el estadio campeón de Córdoba y el Kempes se citan a menudo como referencia por su capacidad para soportar múltiples eventos manteniendo una superficie relativamente estable, aun cuando las condiciones climáticas desafían a la preparación del terreno.
La opinión de los especialistas es unánime en que no hay gasto que pueda verse como un simple costo, sino como una inversión para la seguridad de los jugadores y la continuidad de un estilo de juego de alto nivel.
La conversación sobre los céspedes ha dejado de verse como una cuestión menor para convertirse en una pieza clave del rendimiento, la planificación deportiva y la experiencia del aficionado.
En ese marco, las jugadas de Di María en un campo con desniveles quedan como una imagen que resume la compleja realidad de las canchas argentinas: un deporte que avanza entre avances técnicos, inversiones y el deseo de que el balón ruede sobre superficies cada vez más uniformes y seguras para todos.