La Conmebol vuelve a enfrentarse a la UEFA tras la cancelación de la Finalissima. Alejandro Domínguez habla claro sobre un posible walkover para Argentina y las disputas sobre la sede y las fechas cierran un capítulo de tensiones entre continentes.

El eco de la cancelación de la Finalissima no se apaga. Este jueves, durante el sorteo de las Copas Libertadores y Sudamericana, la Conmebol volvió a lanzar un mensaje contundente contra la UEFA por la decisión de no jugar el encuentro entre los campeones de la Copa América y la Eurocopa.

Alejandro Domínguez, presidente del organismo sudamericano, dejó claro que la posibilidad de un triunfo por walkover para Argentina está sobre la mesa y que, si se aplica esa vía, la Albiceleste sería bicampeona de la Finalissima.

En una entrevista exclusiva con DSports, el directivo dejó caer su visión con un tono firme y una frase que no pasó desapercibida: “hay que creérsela, el pasto del vecino no es tan verde”.

Más tarde, en una breve intervención a Radio La Red, añadió que Argentina es campeona porque no se presentó, reforzando así la idea de que la controversia tenía ya una lectura deportiva clara para la región.

La polémica no surge de la nada. En la semana anterior, Europa había cargado contra Sudamérica por cambios en los acuerdos ya pactados. La UEFA fue la primera en anunciar la cancelación y, de forma explícita, responsabilizó a la AFA por los cambios de última hora que afectaron el plan original.

En su relato, la primera opción contemplaba celebrar la Finalissima en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid, con una repartición del aforo al 50% para cada afición, lo que habría tenido un tinte de evento global, acorde con la magnitud de la cita.

Pero Argentina no aceptó esa propuesta.

Luego surgieron otras alternativas. Se habló de disputar la Finalissima a doble partido: un encuentro en Madrid el 27 de marzo y otro en Buenos Aires en una ventana internacional previa a la Eurocopa y la Copa América de 2028, con la misma distribución de aficionados.

Esa opción también fue desechada por la AFA y la Conmebol, que insistieron en un formato único en sede neutral. La UEFA, por su parte, planteó la posibilidad de celebrar el partido en una sede neutral en Europa, con fechas cercanas a la original, como 27 de marzo o la alternativa del 30 de marzo.

Ninguna de estas propuestas terminó conviniendo a las federaciones argentinas y europeas.

La AFA mantuvo una postura férrea y, en el último tramo, incluso llegó a aceptar la escenario en Roma, pero la fecha no se movió con la misma celeridad.

La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) terminó rechazando esa opción, debido a que varios jugadores citados por Luis de la Fuente pertenecen a Atlético de Madrid y Barcelona, dos clubes que disputarán encuentros claves en la Liga española en esas fechas.

En medio de estas idas y venidas, la Conmebol respaldó a la AFA y reiteró su voluntad de disputar la Finalissima en terreno neutral, aceptando la sede propuesta tras la presión constante de UEFA para jugar en Madrid.

La respuesta de la organización sudamericana subrayó que jugar en Madrid habría roto un principio básico de equidad deportiva por no tratarse de una sede neutral.

Con el paso de los días, la insistencia de UEFA por una sede europea causó un desencanto, y el 14 de marzo quedó clara una propuesta de llevar el choque a Italia el 27 de marzo, opción que también generó debate entre ambas partes.

Este episodio no es aislado. Para entender su alcance, conviene recordar que la Finalissima nació en 2022 como un trofeo que enfrentaba al campeón de la Copa América con el campeón de la Eurocopa, una idea promovida para fortalecer la colaboración entre CONMEBOL y UEFA.

La primera edición se disputó en Wembley y terminó con una victoria convincente de Argentina sobre Italia, 3-0, un hito que elevó el esperado prestigio del torneo.

A partir de aquel estreno, la competencia se convirtió en un símbolo de la relación entre las dos confederaciones, pero también en un campo de tensiones sobre sedes, fechas y reparto de intereses comerciales y deportivos.

Con este trasfondo histórico y la presión reciente, el futuro de la Finalissima parece depender de un equilibrio entre la logística, la equidad deportiva y la voluntad de cooperación entre UEFA y CONMEBOL.

Mientras tanto, los aficionados observan cómo cada decisión trasciende al espectáculo y al diálogo entre continentes, recordando que, cuando se trata de un encuentro entre campeones, las sarcásticas guerras de escritorio pueden terminar teniendo un impacto real en lo que se juega y cómo se juega.