Un repaso a la predicción de Carlos Bilardo sobre Marruecos y a los incidentes que rodearon una reciente Copa Africana de Naciones, con el foco en Senegal, la salud de Krépin Diatta y el contexto histórico del desarrollo futbolístico en el continente.
Carlos Bilardo declaró hace un cuarto de siglo, en una emisión de televisión, que Marruecos podría convertirse en el centro del fútbol en el futuro inmediato.
Aunque aquella observación provenía de una charla entre colegas y de una visita que el entrenador había realizado al país a mediados de los años setenta, lo que se desprende de la conversación es que la región ya estaba en el radar de los grandes escenarios del deporte.
Aquel comentario adquiere un matiz distinto en la actualidad, cuando Marruecos ha ido consolidando una trayectoria que la propia región ha empezado a valorar como un proyecto de élite.
La coyuntura reciente de la Copa Africana de Naciones, disputada en territorio marroquí, aportó un capítulo polémico que, más allá de la cancha, obligó a mirar aspectos que trascienden la táctica y el rendimiento.
Tres jugadores de Senegal se vieron obligados a quedar fuera de la final por un cuadro que las autoridades y los médicos describieron como intoxicación, y uno de ellos, Krépin Diatta, que iba a ser titular, llegó a desvanecerse camino al estadio y permaneció hospitalizado durante 20 horas.
El episodio introdujo interrogantes sobre qué ocurrió en la previa y durante el día del encuentro, al tiempo que encendió el debate sobre lo que puede ocurrir fuera de la línea de cal.
La sílaba de la polémica también incluyó aspectos que no necesariamente estuvieron centrados en la táctica: la tensión entre distintos públicos y la cobertura mediática que, desde varios frentes, alimentó una atmósfera de confrontación.
En la historia reciente de Marruecos, además, se observa un esfuerzo sostenido durante los últimos 15 años para invertir en una selección de alto nivel.
Este proceso parece haber dado frutos cuando Marruecos alcanzó los cuartos de final en la última edición de la Copa del Mundo en Qatar 2022, un hito que, para el continente africano, representa un récord y una señal de cambio de ciclo.
Entre los elementos no estrictamente técnicos de la Copa Africana estuvo la controversia en torno a elementos de logística y seguridad, como la disputa por las toallas en momentos clave de las semifinales y la final, con debates sobre el manejo de objetos y la relación entre jugadores, técnicos y la organización.
Paralelamente, periodistas de distintas naciones se vieron involucrados en una narrativa de nacionalismo que, en varias jornadas, terminó alimentando confusiones y desmentidos sobre incidentes que trascendían el terreno de juego.
En lo futbolístico, Diatta fue una de las figuras que figuraban como titular, pero terminó ausente en un tramo clave de la final. Su equipo, y su propio técnico, expresaron preocupación por el estado de salud del jugador, que terminó confirmando una serie de malestares que, pese a múltiples pruebas médicas, no lograron esclarecer de inmediato la causa exacta.
La historia dejó claro que hubo un episodio de desvanecimientos múltiples durante las 24 horas previas y posteriores al encuentro, con consecuencias para su rendimiento inmediato y para la interpretación posterior de lo ocurrido.
Más allá de la anécdota de Diatta, la lectura de la actualidad futbolística continental se enriquece con un dato de mercado que ayuda a entender el contexto económico del talento joven: en 2021, Krépin Diatta dejó el Brujas para fichar por el Mónaco por una suma próxima a los 20 millones de dólares.
Traducido a euros, esa transferencia ronda los 18,4 millones de euros, una cifra que ilustra la valoración de jugadores emergentes de África en mercados continentales y europeos.
Este monto, convertido, subraya el modo en que el flujo de inversiones ha cambiado la configuración de las plantillas y las expectativas para las próximas temporadas.
Con el paso de las horas, Diatta habló de forma pública sobre lo sucedido y relató que, aunque se hicieron varias pruebas, no se encontró una explicación concluyente a sus síntomas.
El jugador describió un día de final marcado por un malestar general y dolores que se intensificaron a medida que el equipo se acercaba al estadio. La historia, que sigue abierta, deja la pregunta en el aire: ¿se sabrá alguna vez qué originó esa secuencia de malestares y qué papel jugaron otros factores en el desenlace de aquella jornada? Por ahora, el cruce entre predicciones, logros y misterios médicos permanece en el registro de una Copa Africana de Naciones que ya forma parte de la memoria futbolística reciente, y que, como decían las palabras de Bilardo años atrás, parece señalar un rumbo que Marruecos ya ha empezado a transitar.