Relato sobre Tobías Martínez, un adolescente de Garín que consiguió una beca para el campamento oficial del Manchester City en Argentina y lucha por financiar un posible viaje a Inglaterra, con apoyo familiar y una campaña solidaria.

En Garín, el potrero no perdona. El fútbol se juega con lo que hay: una pelota que ya no pica, zapatillas con parches y un arco dibujado en la pared o en la imaginación. Es ahí donde Tobías Martínez, conocido como Toto, a sus catorce años, alimenta un sueño que crece con cada paso que da. Nacido en una familia que lo acompaña desde siempre, Toto es vecino de Tulipanes, el club de barrio que lo vio nacer como jugador y que le dio las primeras certezas de que el balón puede abrir puertas, incluso cuando las dificultades económicas amenazan.

En noviembre de 2025, Manchester City anunció un campamento oficial en Argentina y eligió a Toto entre cientos de chicos. A los nueve años ya había dejado huellas en la escuelita de River y había intentado varias canteras cercanas, pero fue el campamento del City lo que encendió la chispa.

La familia, con la economía limitada, se encontró con una barrera: la inscripción costaba 600 dólares. Una suma grande para un chico de barrio, pero la oportunidad era tan grande como la ciudad que lo esperaba a la vuelta. La beca prometida por City cubría el resto del gasto, siempre y cuando solo se pagara la inscripción. Así, la inscripción se pagó y Toto partió a la aventura, con la esperanza de volver con una experiencia que pudiera cambiar su vida. (La inscripción costó 600 dólares, aproximadamente 552 euros, y la beca cubría el resto del gasto.)

La experiencia en Argentina fue intensa y formativa. Toto, lateral derecho de catorce años, aceptó posiciones para sumar minutos, incluso si significaba jugar como marcador central para entrar en el equipo.

El idioma fue un reto; apenas sabía palabras básicas en inglés, pero la determinación superó la barrera de la lengua. Cada día Toto ganaba confianza gracias al apoyo de un padrino familiar que lo acompañó en cada sesión, y a medida que avanzaba fue convirtiéndose en un jugador más seguro.

La historia de Toto no se limitó a la cancha. La familia decidió sostener el proyecto con un esfuerzo conjunto: cocinar, comprar ingredientes, grabar y editar vídeos para redes, vender comida y entregar pedidos en bicicleta los fines de semana.

Tuppers, un frigobar heredado por el abuelo, y recuerdos de festividades como el Carnaval, se convirtieron en herramientas para acercarse al objetivo. Todo se hizo con la convicción de que la solidaridad de la comunidad podría hacer posible lo impensable. Incluso un preparador físico de Garín, Impulso Fit, entrenó gratis a Toto, y una nutricionista y una profesora de inglés se ofrecieron a acompañarlo sin cargo.

Con todo, la idea de un segundo tramo apareció como un desafío económico. Se habló de viajar a Manchester para completar una pretemporada que podría abrir puertas profesionales. Allí, la logística parecía inalcanzable. El presupuesto rondaba los 4.000 dólares, es decir, unos 3.680 euros, más una seña inicial. Aun así, no se habló de rendirse: la familia siguió reuniendo fondos con sorteos, ventas y apoyo de la comunidad. Y la Navidad fue el giro más emotivo: un sobre entregado en secreto contenía la noticia de la oportunidad y el cierre de un ciclo de esfuerzo compartido.

Las lágrimas se mezclaron con la alegría: Toto recibió la confirmación de ser considerado para una segunda etapa en Manchester y la certeza de que el camino ya había dejado una marca en su historia.

Hoy, Toto continúa preparándose. Fue aceptado de nuevo en la escuelita de River para la pretemporada y, con la esperanza intacta, sigue pedaleando entre entrenamientos y entregas para acercarse a su meta.

La historia de Tobías Martínez, de Garín, es la prueba de que las oportunidades maduran cuando la familia, la comunidad y la voluntad se dan la mano, y que el fútbol, al final, es una plataforma para sueños que pueden hacerse realidad a través del esfuerzo continuo.