Derrota de River ante Argentinos Juniors en La Paternal: el partido expone dudas en el juego de Núñez y termina con la expulsión de Marcelo Gallardo por Andrés Merlos. Este análisis repasa los hechos y el contexto para el equipo de Núñez.
River volvió a presentar una versión confusa y sin ideas, profundizando una mala racha que había dejado latentes dudas tras la derrota frente a Tigre.
En La Paternal, el conjunto de Núñez cayó 0-1 ante Argentinos Juniors, un resultado que dejó a Marcelo Gallardo con la presión de la jornada y a Andrés Merlos en el centro de las críticas por un rendimiento arbitral que no pasó desapercibido.
Más allá de las polémicas del juez, la derrota dejó al equipo en una zona de emergencia: el juego mostró desorden, poco peso ofensivo y respuestas defensivas que se repiten y que encendieron las alarmas entre la hinchada y los dirigentes.
El entrenador dispuso una apuesta táctica que sorprendió a muchos: cinco volantes en el medio y Agustín Ruberto como punta, una elección que parecía intentar generar juego desde la mitad de la cancha y evitar que Argentinos domine la pelota.
A primera vista, la propuesta parecía buscar equilibrio ante un Bicho que suele adelantar líneas y asfixiar en la mitad. Sin embargo, el plan terminó conformando una estructura que se sintió más a partir del murmullo de la gente que de una propuesta clara y contundente.
Con esa disposición, River intentó decantar las acciones a partir de una buena circulación, pero las ideas carecieron de precisión y el equipo, que es conocido por su historia, mostró señales de desgaste y de confusión en momentos decisivos.
En el tramo inicial, el conjunto visitante dejó una ventana para tomar ventaja cuando Montiel recibió un pase de Galoppo y quedó cara a cara con el arquero; la definición no encontró la profundidad necesaria y el esfuerzo terminó en un fallo que no dio frutos.
Poco después, un reclamo de penal a favor de River fue desestimado por el árbitro, y esa jugada fue el preludio de un ida y vuelta áspero entre jugadores y el cuerpo arbitral.
Merlos, que ya acumula críticas por gestos de su labor, terminó siendo protagonista de otro episodio cuando Gallardo celebró de forma irónica una decisión favorable a su equipo; esa actitud le valió la expulsión directa y dejó a River con un quedo emocional difícil de revertir.
La segunda mitad mostró un River decidido a salir de la oscuridad, pero la realidad fue pareja: el tanto de Argentinos llegó tras una jugada a balón detenido, cuando la defensa no pudo despejar bien y Hernán López Muñoz, habilitado por Acuña y Rivero, quedó de frente al arco para rematar con tranquilidad.
River, que se quedó sin ideas de ataque, intentó abrir la cancha con el ingreso de Subiabre por Castaño; aun así, las oportunidades no encontraron el camino hacia la red.
En un tramo clave, Portillo sufrió una lesión en la rodilla derecha que obligó a la salida de cambios y dejó al equipo con un hombre menos en la tarde, un contratiempo que se sumó a la ya evidente falta de claridad para generar peligro.
Beltrán, el arquero de Argentinos, apareció como figura en el tramo decisivo, sacando dos balones que pudieron haber cambiado el rumbo del partido.
Al final, River dejó la cancha con un sabor amargo y con más preguntas que respuestas: la defensa mostró grietas, el mediocampo pareció desconectado y el equipo quedó a la espera de una respuesta que le devuelva confianza.
En un contexto histórico, este tramo de la temporada añade presión sobre un plantel que, a pesar de su palmarés, viene lidiando con dudas recurrentes en un ciclo que marcó un legado para el club: la era de Gallardo, que supo levantar copas y escribir páginas de gloria, ahora enfrenta un año de pruebas y ajuste.
En lo inmediato, el cuerpo técnico deberá revisar conceptos, priorizar la solidez defensiva y recuperar la conexión con la gente para encarar los próximos compromisos como un nuevo desafío para un River que necesita reencontrar su espíritu.