Análisis del caso de Luca Scarlato, las implicancias de la patria potestad en el fútbol juvenil y las respuestas de AFA y de los clubes formadores.
El caso de Luca Scarlato, un juvenil de 16 años que abandonó River Plate invocando la patria potestad para decidir su futuro, no fue el primero en su tipo pero sí marcó un antes y un después en el fútbol de las inferiores argentinas.
Scarlato estuvo durante 2025 en el radar de múltiples ofertas para firmar su primer contrato profesional con el Millonario, aunque decidió no aceptar, siguiendo el consejo de su representante, Martín Guastadisegno, al que se le han atribuido presuntas gestiones para favorecer la salida del chico.
Guastadisegno ya había participado en movimientos similares en el pasado, lo que alimentó el debate sobre los límites éticos y las presiones que pueden ejercer los agentes sobre las familias y los clubes formadores.
Entre los casos más sonados se menciona a Matías Soulé, hoy figura de la Roma, quien dejó Vélez a los 15 años mediante el mismo mecanismo para luego ser transferido a la Juventus.
Soulé es recordado como uno de los ejemplos que transformaron la percepción pública sobre el tránsito de talentos desde las inferiores hacia grandes clubes europeos.\n\n¿Qué puede hacer River o cualquier otro club formador de Argentina para evitar este tipo de situaciones? La pregunta quedó sin una respuesta contundente en ese momento, y la conversación dio paso a medidas institucionales.
La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) intervino con una directriz que, de materializarse, excluiría a los juveniles que emigran bajo el mecanismo de patria potestad de las convocatorias a las selecciones juveniles.
Esta propuesta busca defender los intereses de los clubes que trabajan con futbolistas en formación y evitar que presiones externas influencien decisiones a tan temprana edad.\n\nJavier Méndez Cartier, presidente de Excursionistas y encargado de las selecciones Sub 20 y Sub 23, expresó que la postura de la AFA apunta a resguardar a los clubes formadores y que quienes elijan la patria potestad para emigrar podrían verse privados de futuras convocatorias juveniles, en un intento por equilibrar intereses.
Aún así, la medida no había sido publicada en el boletín oficial de la casa madre del fútbol argentino.\n\nEn River, Gabriel Rodríguez, coordinador del fútbol formativo, citó el caso de Thiago Geralnik, quien en 2018 partió a Villarreal y dejó claro que el fenómeno no puede descargarse solo sobre el joven, ya que el acuerdo entre representante y padres es parte clave de la dinámica.
Rodríguez subrayó que el nene no actúa aislado; está sujeto a lo que pactan los adultos que lo rodean.\n\nEl club ya venía conversando sobre esa posibilidad desde marzo o abril, y las autoridades internas intuían que la situación podría repetirse. Incluso Jorge Brito, en su momento, se acercó al nuevo predio y mantuvo conversaciones con el chico, con una actitud de diálogo permanente. Esta constelación de hechos alimentó la percepción de que el mecanismo de patria potestad, más allá de un trámite legal, involucra una serie de decisiones que impactan directamente en la formación de los jóvenes jugadores.\n\nGuastadisegno fue señalado por varios actores como un actor central en este circuito: desde su punto de vista, los representantes pueden cumplir un rol necesario para garantizar viáticos, equipamiento y apoyo logístico, pero, a la larga, esa intermediación genera una cascada de problemas que terminan afectando a jugadores, familias y clubes por igual.
En el debate público, algunos sostienen que la figura del representante debe estar sujeta a una regulación más estricta para evitar conflictos de interés y presiones indebidas.
El caso Scarlato, con sus implicaciones y tensiones, ilustra la complejidad de equilibrar la formación de talento con la integridad del proceso y la protección de los jóvenes.
En el panorama general, este episodio reabre el debate sobre la necesidad de una política más clara que regule el uso de la patria potestad en el fútbol argentino y que establezca salvaguardas para que las decisiones se tomen en el mejor interés de las promesas deportivas, sin que el dinero, la presión familiar o las ambiciones de terceros condicionen el camino de estos talentos hacia el profesionalismo.