Relato alternativo de la final de la Copa Africana de Naciones disputada en Marruecos, donde Yehvann Diouf protegió las toallas de Edouard Mendy ante los intentos de los alcanzapelotas y de algunos jugadores rivales, destacando un ejemplo de fair play.

La Copa Africana de Naciones disputada en Marruecos llegaba a su desenlace el domingo 18 de enero en Rabat, donde Senegal derrotó a la selección anfitriona en una final que quedará grabada no solo por el marcador, sino por momentos que subrayaron el espíritu deportivo de los protagonistas.

Bajo una lluvia que mojaba el césped y obligaba a ajustar el planeamiento, la escena decisiva dejó como protagonista a un gesto que trascendió la táctica: la labor de Yehvann Diouf, el portero suplente, para proteger las toallas de Edouard Mendy y garantizar que las condiciones para el guardameta titular fueran las mejores posibles.

Este episodio no fue una incidencia aislada, sino un símbolo de la convivencia entre rivalidad y fair play que suele definir las grandes finales. Las imágenes mostraron a Diouf disputándose cada trozo de tela con los alcanzapelotas y, en algunos tramos, haciéndose cargo de la toalla para que su compañero pudiera secar los guantes y la cara ante la lluvia persistente.

En un momento, Hakimi, capitán de Marruecos, apareció relacionado con una de las toallas en una acción que despertó comentarios entre los asistentes, mientras Ismaël Saibari intentaba evitar que Diouf entregara la toalla a Mendy de forma rápida.

En torno a este episodio, la conversación pública se centró en la separación entre el equipamiento autorizado y los objetos personales de los guardametas.

Olivier Safari, presidente del comité de árbitros de la CAF, aclaró en Canal+ de África que la toalla no forma parte del equipamiento oficial y que su uso debe ser todo lo deportivo posible.

“Una toalla es una herramienta para la comodidad durante el juego, nunca debe alterar el desarrollo de la competición”, señaló, y añadió que, si la situación llegara a entorpecer el juego, podría requerirse una revisión de las reglas para futuras ediciones.

A pesar de las circunstancias, no se anunciaron sanciones y se dejó claro que los organizadores deberían contemplar este tipo de situaciones para próximos torneos.

Más allá del episodio, las imágenes de la final mostraron a Diouf protegiendo a Mendy en varias acciones defensivas y asegurando que el guardameta titular siempre tuviera acceso a la toalla cuando la lluvia dificultaba el agarre.

En las tribunas, la atmósfera fue de expectación y, a partir de este momento, el relato de la final no solo se recordará por las atajadas o los goles, sino por la demostración de que, incluso en un partido de alta tensión entre dos naciones rivales, el respeto y la cooperación pueden prevalecer.

Con este triunfo, Senegal consigue su segundo título en la historia de la Copa Africana de Naciones, un logro que consolida el crecimiento del fútbol senegalés en el continente y que suma una nueva página a la memoria del torneo, caracterizado históricamente por esfuerzos colectivos, rivalidades intensas y momentos de fair play que enriquecen su legado.

La final de Rabat, más allá del resultado, dejó claro que el fútbol puede ser una plataforma para gestos simples pero significativos: pequeños actos que favorecen a los protagonistas y alimentan la admiración de aficionados de todas las edades.

A lo largo de sus ediciones, la AFCON ha sido escenario de momentos que han trascendido los goles y las victorias, recordando que el juego limpio y el respeto entre rivales constituyen una parte esencial de la identidad del fútbol africano.

En este sentido, el episodio de las toallas se inscribe como una anécdota que ilustra la complejidad de una final que, en su topografía emocional, también habla de solidaridad y de la responsabilidad de cada actor dentro del terreno de juego.