La red de trenes Al Boraq, inaugurada en 2018, une Casablanca, Rabat y Tánger a velocidades cercanas a los 320 km/h, reduciendo tiempos y promoviendo el turismo y la conectividad. Este artículo ofrece una visión de la experiencia y su impacto, con precios convertidos a euros y un enfoque histórico.
El tren de alta velocidad conocido como Al Boraq ha pasado a formar parte de la historia reciente de Marruecos, no solo por su tecnología sino por lo que representa para la movilidad entre las ciudades más relevantes del país.
El nombre Al Boraq significa 'el relámpago' en árabe y remite a una figura mencionada en las tradiciones islámicas, motivo por el cual Marruecos eligió este apelativo para su proyecto de alta velocidad.
Inaugurado en 2018, este servicio conecta Casablanca, Rabat y Tánger en una voy hacia el centro del país con el Atlántico a la izquierda y el Mediterráneo a la derecha, marcando una nueva era para la red ferroviaria marroquí.
La experiencia de viaje, a bordo de una locomoción que ha sido descrita como una auténtica flecha, se caracteriza por una velocidad máxima anunciada de 318 kilómetros por hora y un tiempo de trayecto que, en condiciones óptimas, puede rondar la hora y cinco minutos entre las sedes principales.
Es una referencia que, para quienes estaban acostumbrados a los tiempos de viaje anteriores, suena casi a viaje en Fórmula 1, con la promesa de minimizar las demoras y maximizar la eficiencia.
El recorrido habitual empieza en Rabat, una ciudad que mezcla historia y modernidad, y continúa hacia la llanura atlántica para terminar en Tánger, donde la modernidad de las estaciones contrasta con el paisaje urbano y la cercanía con Europa.
En el interior del tren, la experiencia se reparte en distintas clases: la planta superior, con butacas amplias, y una planta inferior, con un confort similar al de las líneas de antaño pero adaptado a la demanda de viajeros actuales.
Además, hay un vagón cafetería y un conjunto de detalles pensados para el usuario, como enchufes para cargar dispositivos y mesitas útiles para trabajar o comer durante el viaje.
La compra de billetes se realiza de forma ágil, y la operación interna recuerda a un control de acceso sencillo, parecido al de un cine, sin las largas colas y revisiones que se ven en otros aeropuertos.
En el caso del coste del pasaje, el boleto básico se sitúa en torno a 18,40 euros, mientras que la versión premium alcanza aproximadamente los 32,20 euros.
Estas tarifas conservan una clara ventaja frente a otros medios de transporte de la región cuando se trata de rapidez y confort, y destacan la intención de la red de atraer a turistas, empresarios y aficionados al deporte que viajan entre las grandes ciudades.
El viaje cobra un valor añadido cuando se observa el contexto regional: Marruecos ha querido convertir a estas ciudades en nodos de movilidad para grandes eventos deportivos.
La Copa Africana de Naciones ha utilizado, en distintas ocasiones, el servicio de Al Boraq para desplazar a planteles y aficionados entre Rabat, Casablanca y Tánger, optimizando tiempos y reduciendo la congestión en aeropuertos y carreteras.
Y los planes a futuro apuntan a una ampliación de la flota para atender el caudal de hinchas que se esperan para el Mundial de 2030, un desafío logístico que podría reforzar todavía más la reputación de Marruecos como anfitrión de grandes eventos globales.
Más allá de la velocidad y la eficiencia operativa, Al Boraq es también un símbolo de modernización para Marruecos. Las estaciones, dotadas de un diseño cuidado y elementos que evocan la identidad nacional —fuentes, mosaicos y decoraciones locales— conviven con instalaciones tecnológicas que facilitan la experiencia de viaje.
Este progreso no se limita al presente: la red ha impulsado un repunte en el turismo y ha puesto a las ciudades de Casablanca, Rabat y Tánger en un plano más competitivo, en un país que, con una historia reciente de independencia que alcanza casi setenta años, continúa fortaleciendo su infraestructura para mirar hacia el futuro.
En suma, el Al Boraq no es solo un medio de transporte; es una historia de transformación que relaciona velocidad, comodidad y visión estratégica.
La promesa de llegar más rápido a los destinos, la posibilidad de conectar regiones clave y la expectativa de eventos internacionales próximos señalan que este tren podría seguir ampliando su papel como columna vertebral de la movilidad marroquí y de la región norteafricana.
Así, Marruecos continúa consolidándose como un polo logístico y turístico, con la mirada puesta en el Mundial de 2030 y en un futuro en el que la conectividad de Casablanca, Rabat y Tánger será cada vez más determinante para su desarrollo.