Falleció a los 78 años Jorge Antonio Coch, delantero argentino que brilló en Argentinos Juniors y Boca y luego dejó huella en México. Este artículo repasa su trayectoria, logros y una curiosa conexión con la cultura popular.

El argentino Jorge Antonio Coch falleció el domingo 22 de marzo en la ciudad de Puebla, México, a sus 78 años. Fue un puntero derecho veloz, con gambetas largas, centros electrizantes, potencia y llegada al gol. Surgido de Argentinos Juniors, dejó huella en la Bombonera y en la liga mexicana, y, tras colgar las botas, se quedó a vivir en México donde enseñaba en la Universidad de Puebla.

Este repaso toma su trayectoria con un lenguaje cercano, sin perder los datos clave que definen a un jugador que marcó una época.\n\nNacido el 16 de mayo de 1947 en la Ciudad de Buenos Aires, Coch llevó su carrera desde las inferiores de Argentinos Juniors hasta debutar el 17 de octubre de 1965 frente a Estudiantes.

Aquella tarde, Argentinos ganó 2-0 y él dejó un recuerdo de su capacidad para bailar con el balón y desbordar por la banda. En Bicho, jugó hasta 1968, sumando 89 partidos y 14 goles.\n\nEn 1969 dio el salto a Boca Juniors, donde estuvo hasta 1971 y logró sus tres títulos de ese periodo: Nacional y Copa de Argentina en 1969, y el Nacional de 1970.

Con Boca disputó 111 encuentros y convirtió 24 goles, una cifra que refleja su presencia constante en ataque y su combinación de velocidad y olfato goleador.\n\nEntre 1971 y 1977 vivió una etapa intensa en México, jugando para Toluca, Puebla, Tiburones Rojos y Deportivo Tepic. Esa década fue prolífica para muchos argentinos que se iban a cruzar al fútbol mexicano, y Coch formó parte de esa generación que abrió puertas y dejó huella en la liga azteca.\n\nEn 1977 regresó a Argentina para jugar con All Boys (12 partidos y 4 goles), después vistió la camiseta de Talleres de Córdoba (7 encuentros, un gol) y dio sus últimos pasos en General Paz Juniors, antes de volver a Boca en 1980.

Su último club fue Universidad de Chile, en 1981, donde cerró un recorrido que se extendió por más de una década y media.\n\nFuera de la cancha, Coch se casó con una mexicana y, tras su retirada, se asentó en México, donde ejerció de docente en la Universidad de Puebla.

Su vida dejó una huella menos vistosa para los estadísticos pero enorme para los aficionados, que recuerdan a un jugador capaz de dar velocidad, precisión en los centros y una presencia constante en el ataque.\n\nUna curiosidad que a muchos les saca una sonrisa vino de su familia: su hija Jésica se llevó el compromiso con Roberto Gómez Fernández, hijo de Chespirito y Doña Florinda (Meza) en El Chavo del 8, un dato que subraya la curiosa intersección entre el fútbol y la cultura popular de la época.\n\nEn aquel periodo hubo una corriente de futbolistas argentinos que encontraron en México un escenario para seguir creciendo, llevar su estilo y ayudar a popularizar ligas que ya bebían de la influencia de la escuela de Buenos Aires y el juego directo de los años setenta.

Coch, con su velocidad, su capacidad de desborde y su presencia en el área, forma parte de esa generación que vino a quedarse y dejó una impronta que los aficionados mexicanos siguen recordando.