El joven argentino dio pelea en Japón, pero un choque de Bearman y el uso de la estrategia de medio desgaste condicionaron la carrera. Mientras tanto, Antonelli aprovechó el caos para hacerse con la cabeza del campeonato.
Franco Colapinto volvió a entrar en la criba de una carrera que no da tregua y que, encima, llega cuando el equipo necesita sumar puntos para no pisar el freno de la confianza.
En Suzuka, la Fórmula 1 dibujó un guion caótico, con saltos de estrategia y eventos que pueden cambiar el rumbo de un fin de semana, y el argentino de 22 años lo vivió con esa mezcla de coraje y paciencia que le pide el coche y la lucha por pelear en la media de la tabla.
Las cosas empezaron con cierta dosis de esperanza: un inicio más sólido de lo habitual, sobre todo por cómo arrancó desde el 15º puesto y fue ganando terreno a lo largo de la primera vuelta, hasta colocarse 13º.
Esa mejora le permitió engancharse a la zona de puntos en un circuito en el que cada error cuesta caro y cada adelantamiento, bienvenido.
Pero Suzuka es una feria de imprevistos, y la mañana terminó girando a mitad de la carrera cuando Colapinto decidió entrar a boxes para montar el compuesto duro y así ir hasta el final.
Era la jugada que muchos estaban probando en torno a la media de neumáticos, con la idea de explotar la degradación de los rivales y llegar a la bandera a cuadros con una paridad de ritmo que les permitiera discutir las posiciones de cabeza.
Lo que nadie esperaba fue que el giro 22 traería un choque a alta velocidad de Bearman, que terminó provocando un Safety Car de esos que redefinen toda la carrera.
Bearman salió disparado y perdió el control al intentar pasar a Colapinto. El impacto fue tan fuerte que los fabricantes lo calificaron como un incidente de 50G, una cifra que asusta solo de pronunciar, y dejó al británico fuera de combate por una contusión en la rodilla derecha.
A nivel deportivo, ese momento fue un antes y un después para la carrera de Colapinto. Mientras la simulación del undercut parecía favorecerlo, la secuencia de paradas y la entrada del Safety Car cambiaron el reparto de posiciones: Gasly, que también había decidido quedarse con el neumático más duro, encontró un hueco favorable para sumar puntos para Alpine.
Con el ritmo que traía el Alpine del argentino y el entorno de ritmo medio, la ventana de paradas terminó por jugarle una mala pasada a Colapinto. En la anteúltima fase, la velocidad del Williams de Lawson y la defensa de pilotos como Sainz complicaron aún más su lectura de carrera. Al final, el resultado para Colapinto fue 16º, pegado a la cola de rivales que no habían mostrado un mayor potencial en ese tramo, y más atrás de autos que, a su juicio, todavía eran más lentos pero que alcanzaron la neutralización adecuada para salir ganadores de la situación.
Después de la carrera, el propio Nico inglés y otros protagonistas no ocultaron su frustración por el efecto del Safety Car, una mecánica que este año parece tener más peso que en otras campañas.
Colapinto, por su parte, reconoció que fue una jornada “complicada” y que la clave está en entender por qué, a veces, la diferencia con algunos rivales se agranda en momentos concretos del fin de semana.
De cara a las cinco semanas sin actividad que quedan antes del Gran Premio de Miami, el joven anunció que hay margen para analizar y mejorar, además de buscar una mejor lectura de las paradas y del comportamiento del coche sobre distintas fases de carrera.
En la otra cara de la moneda, la carrera dejó una foto clara del momento del Mundial: Kimi Antonelli, con su segunda victoria consecutiva, se convirtió en el líder de la clasificación de pilotos y dejó al borde de la desesperación a sus rivales más directos.
A sus 19 años, el italiano abrió una brecha que ya se antoja decisiva: 72 puntos, nueve por delante de Russell, quien terminó cuarto; por detrás, Piastri y Leclerc lucharon por completar el podio, mientras Norris marcó un ritmo que no le alcanzó para un nuevo doblete.
Mercedes, por su parte, mostró un dominio suficiente para sostenerse en la pelea del campeonato de constructores, aun cuando la norma de este fin de semana fue clara: la carrera no depende solo de la velocidad, sino de la gestión de los ritmos y de la lectura de la carrera ante un Safety Car que modifica más de lo esperado.
El dato del día que nadie quiere olvidar es que Antonelli resurgió con un golpe de autoridad: la jugada de la primera mitad del tramo y la respuesta del coche a la parada obligaron a todos a mirar de reojo ese tren delantero que se convirtió en líder y, con ello, en el favorito para encarar la recta final de la temporada.
El joven italiano dejó claro que, si mantiene este tono de constancia, puede convertirse en una referencia para su equipo y para el campeonato. Cuando se apagan los focos de Suzuka y la ciudad respira otra semana de silencio, el mundo de la Fórmula 1 sabe que la próxima cita, Miami, será una nueva prueba para ver si Alpine y Colapinto pueden volver a demostrar que tienen capacidad para pelear por puntos y, por qué no, por victorias, a la altura de las expectativas que se han construido en el primer tramo del año.
Y, por si acaso, la afición en Argentina ya empieza a soñar con un posible regreso a casa para ver a su joven talento brillando en un entorno que puede impulsar su carrera hacia nuevas metas.