Crónica del espectáculo de medio tiempo del Super Bowl 2026, encabezado por Bad Bunny, acompañado de Ricky Martin y Lady Gaga, que fusionó ritmos en español con una puesta en escena cargada de elementos culturales y un mensaje de convivencia en un contexto de tensiones migratorias.

El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl 2026, celebrado en Levi's Stadium, reunió a unas 75 mil personas que vibraron con un show de marcado sabor latino y un repertorio íntegramente en español que conectó con una audiencia diversa.

Bad Bunny lideró una puesta en escena que combinó música, gestos culturales y una narrativa visual de raíces compartidas, en un marco donde la diversidad musical se ha convertido en un sello característico de este evento deportivo.

Acompañado por su compatriota Ricky Martin y la figura global Lady Gaga, el espectáculo convirtió parte del terreno de juego en un escenario que evocaba paisajes caribeños y elementos simbólicos de su entorno cultural.

El cuerpo de baile, las coreografías y las transiciones entre temas mantuvieron un pulso dinámico que logró mantener de pie a la audiencia mientras el estadio entero parecía moverse al ritmo de los temas más reconocibles del artista.

Bad Bunny apareció vestido de blanco, con un diseño que imitaba el uniforme de la NFL y que mostraba el número 64 junto al apellido OCASIO en la espalda.

Llevar un balón bajo el brazo fue parte de la coreografía que invitaba a recorrer el campo como si se tratara de un escenario móvil, reforzando la idea de que el universo del fútbol y la música pueden convivir en una misma experiencia sensorial.

Con ese gesto, el show dejó claro que la celebración podía ser tanto deportiva como cultural, con una mirada que valora las identidades latinas que habitan el país.

La cinematografía de la puesta en escena llevó al público a un entorno que parecía una plantación de caña, con carritos de comida que recordaban la vida cotidiana de comunidades hispanas, casas bajas y detalles que insinuaban un paisaje de origen.

En ese marco, se fueron sucediendo temas emblemáticos como Titi me preguntó, Yo perreo sola y Safaera, entre otros, que fueron conectando el repertorio con el público y reforzando la idea de una experiencia musical que habla en español para un público global.

En un momento particularmente emotivo, Bad Bunny sostuvo un premio Grammy frente a la mirada de los asistentes y entregó la estatuilla a un niño que miraba la pantalla from a distancia.

El gesto subrayó la idea de que el reconocimiento artístico puede inspirar a las nuevas generaciones, especialmente cuando se celebra un trabajo íntegramente en español que ha roto barreras en la industria musical.

Luego tomó la posta Ricky Martin para interpretar Lo que le pasó a Hawaii, mientras se acomodaba en unas sillas blancas rodeadas de cañas, y Lady Gaga irrumpió en escena con un vestido azul que añadió un toque de elegancia al cierre.

La colaboración entre ambos artistas dio paso a una secuencia de baile conjunto que terminó con Bad Bunny y Gaga protagonizando una escena de celebración que elevó el tono festivo del momento.

En ese tramo, se destacaron también momentos que reforzaron la narrativa de unión y celebración de la identidad latina dentro de una nación plural.

El cierre llegó con la exhibición de banderas de múltiples naciones americanas que desfilaron por el recinto, y con la aparición de una bandera de Puerto Rico en manos de Bad Bunny.

En la pantalla gigante se leyó una consigna que resumía el espíritu del espectáculo: Juntos somos América. El artista dejó caer la pelota como un símbolo y se retiró entre aplausos, dejando en el ambiente una frase que resonó entre el público: lo único más poderoso que el odio es el amor.

Más allá del espectáculo, este mediotiempo fue objeto de controversia política, ya que algunos dirigentes del Partido Republicano calificaron la manifestación como una afrenta a la grandeza de Estados Unidos, lo que desató debates sobre la relación entre cultura, deporte y discurso público en una nación en plena discusión migratoria.

Desde una perspectiva histórica, el show de medio tiempo del Super Bowl ha evolucionado para reflejar la diversidad de una sociedad en constante cambio.

A lo largo de las décadas, diversos artistas han utilizado este escenario para celebrar identidades culturales y, a la vez, para proyectar mensajes que trascienden la música.

En ese marco, la presencia de Bad Bunny y la articulación de un mensaje de unidad y orgullo latino se inscriben en una tendencia que ha consolidado a la feria del Super Bowl como una plataforma de visibilidad para comunidades hispanas y movimientos culturales en el contexto estadounidense.

Este episodio, por lo tanto, se sitúa como una muestra de cómo la música y el deporte pueden funcionar como puentes en medio de tensiones sociales, recordando que la cultura latinoamericana ha dejado una huella indeleble en el paisaje cultural de Estados Unidos.