La final de la Copa Africana de Naciones 2025 enfrenta a Marruecos y Senegal en Rabat; análisis del choque, el papel de Mané y los datos relevantes del partido.

La final de la Copa Africana de Naciones 2025 se disputará este domingo en Rabat, a las 16:00, entre Marruecos, la selección anfitriona, y Senegal, las dos más consistentes del continente según el ranking FIFA (Marruecos 11, Senegal 19).

En la capital marroquí, la ciudad se viste de fiesta y expectativa tras una semifinal que ante Nigeria se resolvió en penales tras fallar un remate. El ambiente es de euforia: un título para Marruecos que no llega desde hace 50 años y un impulso para el fútbol nacional que se ha visto alimentado por inversiones millonarias en euros y una notable mejora de resultados a nivel de clubes y selección.

La afición se prepara para una noche histórica: se estima que unas 65 mil personas llenarán el estadio, mientras que otros miles dentro de Marruecos y en la diáspora esperan desde casa o desde bares y plazas.

En el país, se calculan 40 millones de personas pendientes del encuentro, lo que convierte al evento en un fenómeno social y económico que ha movido patrocinios, venta de entradas y activación de marcas asociadas, todo ello en el marco de un fútbol africano que ya maneja decenas de millones de euros en inversiones.

Senegal llega con Sadio Mane como líder indiscutible. El delantero del Al Nassr, rodeado por figuras como Nicolas Jackson, Ibrahim Mbaye, Iliman Ndiaye y Pape Gueye, y con una defensa de primer nivel que comanda Edouard Mendy, enfrenta la baja de Kalidou Koulibaly por acumulación de tarjetas y una lesión que lo aparta del choque.

Mane ha sido decisivo en este torneo, y su rivalidad técnica con Achraf Hakimi promete ser uno de los grandes atractivos del partido; el duelo entre ambos podría inclinar la balanza a favor de quien logre anotar o desequilibrar en el momento justo.

La historia de Mane es un relato de superación y orgullo. Nacido en Bambali, una pequeña aldea rural de Senegal, su niñez estuvo marcada por la pobreza y la ausencia de oportunidades. Su padre falleció cuando él tenía solo 7 años, y el joven tuvo que elegir entre trabajos en el campo o mejorar su vida a través del fútbol. A los 15 años dejó su pueblo para probarse en una academia de Dákar; más tarde, el Metz francés lo acogería y marcaría el inicio de una carrera que lo llevó a Salzburgo, Southampton, Liverpool y Bayern, antes de llegar al fútbol del mundo árabe.

En el Liverpool, bajo la dirección de Jürgen Klopp, conquistó la Champions League 2019 y llevó al club a un título de Premier League tras casi tres décadas sin ese trofeo.

Fuera de la cancha, Mane ha construido una imagen de referente social. A partir de los contratos de siete cifras, ha destinado parte de su millonaria fortuna a la construcción de hospitales, escuelas, viviendas, una antena 4G, una oficina de correos, una panadería y una estación de combustible en su pueblo, además de una pensión para las familias necesitadas y becas para estudiantes destacados.

En una entrevista reciente, explicó que 'ser futbolista no es suficiente: quiero dejar un legado' y que desea devolver a la gente de su país esa esperanza que él recibió en su infancia.

En lo personal, su vida familiar ha ganado presencia. Se casó en 2024 con Aisha Tamba y, en marzo, dieron la bienvenida a su primera hija. La pareja, que ha dicho mantener una vida discreta, se ha convertido en un símbolo de estabilidad y compromiso social para personas de la región y para la propia afición de Senegal.

Este domingo, Rabat vivirá un duelo que simboliza no solo la disputa por un trofeo, sino también la afirmación de dos realidades deportivas que han crecido con inversiones y talento.

En las gradas, miles de hinchas marroquíes y la amplia diáspora africana esperan celebrar; en el césped, cada jugada contará para escribir una página que podría marcar el futuro del fútbol africano.

Si Marruecos obtiene el título, se acercaría a un logro histórico: romper una sequía que dura medio siglo; si Senegal repite o incluso mejora su rendimiento de 2022, confirmaría que África está forjando un nuevo ciclo de competitividad y protagonismo.