Gonzalo Corbalán pasó de ser prácticamente desconocido a convertirse en una pieza clave de la Liga ACB y de la selección argentina, con un futuro que se vislumbra muy prometedor en Europa y en los clasificatorios para el Mundial 2027.

Gonzalo Corbalán está hoy en boca de muchos amantes del baloncesto. Su nombre suena cada vez más seguido en España y en Argentina, porque viene de completar una temporada para enmarcar en la Liga ACB y porque ya forma parte del conjunto nacional que pelea por un boleto para el Mundial de 2027.

Pero si miras hacia atrás, la historia del tirador de Resistencia parece escrita para una película: de esos comienzos humildes a una trayectoria que lo está llevando a grandes alturas.

Todo empezó en su ciudad natal, donde la familia ya tenía un historial ligado al deporte. Su Bisabuelo fue uno de los fundadores del club local en 1935 y su padre Jorge Pablo llevó su apellido con orgullo por Ferro, Olimpia de Venado Tuerto y Regatas Corrientes, entre otros, mientras que su hermano Juan Pablo y él iban marcando el camino.

A los 10 años ya sabía que el básquetbol sería su vida, y a los 16 tomó una decisión radical para su edad: cruzar el charco y estudiar en Estados Unidos.

En Las Cruces, Nuevo México, se convirtió en alumno de la high school y formó parte de un equipo que acabó ganando el campeonato estatal en 2020, justo cuando el mundo se cerraba por la pandemia.

Fue un año raro, con los partidos a puerta cerrada, pero para él significó una primera gran experiencia de ese “jugador que entiende el juego” y, sobre todo, de mirar el baloncesto con otra mirada.

Luego vino la NCAA División 2, en la que defendió los colores de Lubbock Christian University, y esa etapa le sirvió para entender que no era solo una promesa: era alguien capaz de sostenerse al más alto nivel.

Con ese bagaje, y tras su debut con la selección mayor en el clasificatorio AmeriCup ante Chile en 2024, llegó una decisión crucial: cruzar el Atlántico hacia España.

En septiembre de 2021 se unió al San Pablo Burgos, inicialmente en el filial y entrenándose junto al primer equipo, con un debut testimonial en la Liga ACB que se volvió más serio con el tiempo.

Tras el descenso del Burgos, cayó en la LEB Oro, pero ahí mostró un rendimiento que cambiaría su destino. En tres temporadas en esa segunda división demostró que estaba preparado para saltar a la élite: promedios de juego por encima de 26 minutos, 15 puntos por partido y una lectura de juego que lo convirtió en una pieza valiosa para el equipo.

La última temporada llevó a Corbalán a un punto de inflexión: el Burgos, tras cambios en el banquillo y la baja de Jhivvan Jackson por lesión, encontró en el joven escolta un motor imprescindible.

Sus números fueron contundentes: 26:02 minutos por partido, 15,1 puntos, 3,2 rebotes, 2,6 asistencias y 1,5 recuperaciones, con una valoración de 16,2.

Fue elegido en la terna de MVP de la liga regular y formó parte del segundo quinteto ideal. Es decir, no solo aportó puntos: generó confianza, liderazgo y un sentido de equipo que permitió que un conjunto que parecía condenado al descenso terminara la campaña con la certeza de haber dejado la piel.

Todo ese crecimiento encaja con una salida que muchos daban por hecha: el salto a Valencia, un equipo que fue todo un reloj suizo esta temporada: campeón de la Liga ACB, ganador de la Supercopa, semifinalista en la Euroliga y en la Copa del Rey.

“Sería tremendo porque me permitiría seguir jugando en la ACB y, además, competir en la Euroliga, que es la mejor competición del mundo después de la NBA”, dice el propio Corbalán, con la ilusión de quien sabe que se está jugando una oportunidad que podría marcar su próxima década.

Pero a pesar de esa emoción, no pierde de vista que el objetivo inmediato es claro: ayudar a Argentina a avanzar en los clasificatorios para el Mundial Qatar 2027.

La ruta de Corbalán no ha sido lineal, y ahí convergen dos grandes dilemas del deporte moderno: la presión de la Generación Dorada que aún inspira a la nueva camada y la realidad de que el trabajo con el seleccionado se construye ventanas a ventana, con un calendario compacto y exigente.

“Todos perseguimos el mismo objetivo: que la Selección vuelva a competir en Mundiales y Juegos Olímpicos. Es un proceso largo y no es fácil. En esta ventana necesitamos ganar sí o sí para posicionarnos mejor para la segunda ronda”, reflexiona el escolta de 24 años.

A 24 años, Corbalán ya mira a Europa con la ambición de quedarse, pero sin perder el foco en lo que él mismo llama el “aprendizaje continuo”.

Habla de la necesidad de mejorar en triples, de subir su porcentaje en dobles y, sobre todo, de afinar la defensa. “Todavía puedo mejorar en todos los aspectos. Si me guío por los números, quiero más que un 30% en triples y un 60% en dobles. También puedo progresar mucho en defensa”, admite.

Y sí, su historia continúa. En el horizonte cercano aparece esa posibilidad de un salto definitivo a Valencia, una institución que podría catapultarlo a la Euroliga y a un calendario aún más exigente.

Pero mientras eso se define, Gonzalo Corbalán seguirá defendiendo la camiseta de Argentina en el clasificatorio para el Mundial de Qatar 2027 y, sobre todo, tratando de convertir cada partido en una lección para crecer y dejar huella.

Porque, como él mismo admite, el objetivo no es una foto de temporada, sino un camino largo hacia la élite y la consolidación de una carrera que hoy ya se vislumbra prometedora.