La Selección Argentina, bajo Scaloni, afina su planificación para un Mundial de 48 equipos, equilibrando la carga física y la salud de los jugadores tras una temporada larga.

Entre las virtudes de Lionel Scaloni está su habilidad para entender los momentos de cada futbolista y las necesidades que pueden surgir en un Mundial, una competición extremadamente exigente física y mentalmente.

La gestión de la enfermería, que se puso a prueba con la llegada a Kansas City, es una muestra clara de ese enfoque. De los diez lesionados que había al inicio, ya quedan seis, y en los próximos días esa cifra podría verse reducida aún más, respetando los plazos que se marcan.

Para el resto del plantel, el mensaje está claro: entrenar con cabeza, sin guardarse nada y con la exigencia al máximo. Este equilibrio quedó dibujado en la única sesión abierta de la Albiceleste, en el Compass Mineral Center de Kansas City.

Pero esa contundencia en los entrenamientos contrasta con el temor a la sobreexigencia, sobre todo después de una temporada larga para la mayoría de los jugadores argentinos, pese a que solo Emiliano Martínez y Lautaro Martínez lograron algún título con sus clubes.

En las últimas horas, Pablo Cavallero, arquero de la selección, recordó con precisión cómo fue aquel episodio de Bielsa, cuando la selección que dirigía el Loco vivía un desgaste brutal hasta caer eliminada en la fase de grupos tras derrotar a Nigeria en el debut, perder con Inglaterra e igualar ante Suecia.

En esa comparación, Cavallero apuntó que el equipo de Bielsa llegó muy sobreexigido, con desgaste, y que un par de ejercicios más podían desencadenar lesiones importantes.

El ejemplo de Walter Samuel y Pablo Aimar, que también formaron parte del cuerpo técnico de aquella histórica etapa, es el que hoy se trae como referencia para evitar que se repita la historia.

Durante los más de 40 minutos de la práctica abierta, la sensación fue de alto rendimiento físico, contacto intenso y juego de amplitud. Se gritaban goles como si fuera un partido real, se disputaban balones divididos como si fuera la última jugada y se respetaban los puestos y roles con la mayor fidelidad posible, a pesar de las dimensiones del campo utilizado para los ejercicios.

Si analizamos la carga de minutos, tomando como referencia la temporada europea (agosto-junio) y el año calendario para los jugadores que comienzan su año en enero, ocho futbolistas no superaron los 3.000 minutos; y de esos, la mitad solo acumula lo visto hasta este 2026. Entre los que estuvieron por debajo de esa cifra, pero su actividad se reparte entre clubes de renombre, destacan Leandro Paredes (Boca Juniors), Gonzalo Montiel (River Plate), Lionel Messi y Rodrigo De Paul (ambos en Inter Miami).

En la lista de quienes acumulán menos de 3.000 minutos pero compiten en Europa aparecen Facundo Medina (Olympique de Marsella), Exequiel Palacios (Bayer Leverkusen), Lisandro Martínez (Manchester United) y Juan Musso (Atlético de Madrid).

Este desgaste, en un Mundial que se amplía a 48 países y que obligará a comprimir la fase de eliminación directa a ocho partidos (un encuentro extra respecto a lo habitual), condiciona la planificación de Scaloni.

Aunque aún quedan días para la convocatoria definitiva, la realidad es que la gestión de esfuerzos será determinante; no sería raro ver más rotaciones si los resultados lo permiten y si el cuerpo técnico considera que es necesario preservar a los jugadores para alcanzar la gloria en un torneo tan prolongado.

La FIFA permite, como regla general, reemplazos hasta 24 horas antes del primer encuentro de cada país, lo que otorga margen para ajustar la lista final ante eventualidades.

En este marco, el equipo técnico de Scaloni trabaja para dosificar fuerzas, mantener la cohesión grupal y, sobre todo, evitar que el cansancio sea un lastre cuando el balón empiece a rodar en la fase decisiva.

Al final, la pregunta persiste: ¿logrará la Scaloneta atravesar este Mundial tan exigente sin que el desgaste haga mella? Por ahora, la respuesta parece pasar por una mezcla de disciplina, memoria histórica y una gestión de cargas que busca convertir la presión en rendimiento sostenido.