Un penal cobrado por Julián Beligoy, hijo del director nacional de arbitraje, desató un nuevo debate sobre el arbitraje en Argentina, en mitad de una victoria de Comunicaciones ante Dock Sud y con antecedentes familiares que atraen miradas.
La controversia en el arbitraje argentino volvió a girar este fin de semana alrededor de Julián Beligoy, el joven árbitro de 23 años que es hijo del director nacional de arbitraje, Federico Beligoy.
En la fecha 13 de la Primera B Metropolitana, Comunicaciones recibió a Sportivo Dock Sud en el estadio Alfredo Ramos. El partido iba 0-0 cuando, a los 20 minutos, Ignacio Carruega intentó un control en el área. El remate en el aire terminó cerca de Meza, pero Beligoy interpretó una falta y señaló penal. “La sensación es que fue una actuación”, comentó el comentarista del encuentro, mientras las repeticiones mostraban que no hubo contacto claro entre los jugadores.
El gol fue de Sosa, a los 20 minutos, y el estadio estalló de alegría con la apertura del marcador. Ya en el segundo tiempo, a los 67 minutos, Joaquín Ibáñez marcó el 2-0 que dejó a Comunicaciones con tres puntos de ventaja y le dio el triunfo frente a su gente.
Este episodio se inscribe dentro de una historia que no es nueva: hace poco más de un año el apellido Beligoy volvió a sonar con fuerza. Julián Beligoy, con apenas 23 años, dio un salto acelerado en su carrera y debutó en la Primera B Nacional tras avanzar dos categorías. En febrero pasado, su debut en la segunda categoría del fútbol argentino fue con Fénix vs Villa San Carlos. Antes de ese estreno, ya había sido designado por su padre para dirigir un partido entre ex futbolistas de la Conmebol, lo que alimentó la conversación sobre la influencia familiar en el arbitraje.
La escena familiar no termina ahí. Sebastián Martínez Beligoy, sobrino de Julián, también ha escalado posiciones en el mundo del arbitraje: desde 2025 dirige en Primera División y, según la ruta que se ha conocido, ya figura como árbitro internacional.
En la memoria colectiva también quedan imágenes de Federico Beligoy junto a su hijo Julián entre los hinchas de Boca durante la final de la Libertadores 2023, un partido en el que Fluminense levantó la copa.
El episodio ha reabierto el debate sobre la transparencia en el sistema de designaciones de árbitros, la línea entre mérito y tradiciones familiares, y la presión que acompaña a jóvenes árbitros cuando empiezan a codearse con las categorías más altas.
En el fútbol argentino, la creciente atención mediática a casos como este genera desconfianza, pero también una demanda de mejoras institucionales y de métodos más claros para evitar que la gente crea ver favoritismos o influencias.
En definitiva, la historia de Julián Beligoy, su padre y su primo suele recordarnos que el arbitraje argentino está en un punto de inflexión: entre la admiración por las jóvenes promesas y la necesidad de una mayor independencia en las designaciones, para que el juego gane en transparencia y credibilidad ante una afición que exige verdad en cada cobro.