La Junta de Castilla y León pone en marcha el censo anual de aves acuáticas invernantes para monitorizar poblaciones, entender la importancia de los humedales y seguir la evolución de especies clave desde una metodología estandarizada.

La Junta de Castilla y León ha puesto en marcha, a lo largo de esta semana, el censo anual de aves acuáticas invernantes en zonas húmedas de la región.

Este seguimiento es fundamental para obtener una imagen clara del estado de conservación de estas especies y para valorar la importancia de los humedales de la Comunidad.

El objetivo último es disponer de datos fiables y comparables que permitan identificar tendencias, orientar la gestión de hábitats y cumplir compromisos internacionales sobre conservación de aves silvestres y de especies migratorias.

El último censo completo realizado en enero de 2025 arrojó una cifra de 72.801 aves acuáticas pertenecientes a 52 especies detectadas en 452 localidades muestreadas. Entre las especies más abundantes destacan el ánade azulón, la grulla común, la avefría europea, la cerceta común y el cuchara común, que concentraron el 70,5% del total de aves contadas ese año.

Estos datos, recogidos en el marco del Plan de Monitorización del Estado de Conservación de la Biodiversidad en Castilla y León, permiten trazar una línea de base para evaluar a medio y largo plazo la evolución de las poblaciones y su distribución en el territorio.

El programa de censos de aves acuáticas invernantes se realiza en colaboración con las conferencias de medio ambiente, agentes ambientales y técnicos de los servicios territoriales, con el apoyo de la Fundación del Patrimonio Natural.

En 2025 participaron más de 275 personas, entre agentes y personal técnico, y el seguimiento está coordinado por la Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio.

Las fechas para 2026 se fijaron entre el 9 y el 21 de enero, con los días 17, 18 y 19 como prioritarios. El propósito de este esfuerzo es obtener tendencias poblacionales que sean comparables año tras año, contando con metodologías homogéneas y en puntos de muestreo constantes.

En términos de organización, el censo se integra en una iniciativa de alcance internacional, el Censo Internacional de Aves Acuáticas IWC, coordinado por Wetlands International, que se realiza cada enero en humedales de todos los continentes desde 1967.

En Castilla y León, la coordinación regional se enmarca dentro del Plan de Monitorización del Estado de Conservación de la Biodiversidad, que incluye a especies incluidas en directivas de conservación y en listados de protección.

Esta estructura permite obtener información fiable sobre la evolución de las poblaciones, su distribución y el estado de conservación de hábitats clave, con especial atención a humedales y zonas húmedas de la Comunidad.

El análisis de los datos de 2025 indica que la población invernante de aves acuáticas en Castilla y León mantiene una dinámica general negativa en los últimos años.

Históricamente, esta región llegó a concentrar más de 100.000 aves invernantes hasta 2011, y desde entonces los conteos han mostrado una caída progresiva, situándose por debajo de los 60.000 ejemplares en el censo de 2022. En ese contexto, el descenso más pronunciado corresponde al ánser común, cuya población invernante pasó de un máximo de 65.823 ejemplares en 2006 a 1.854 en 2025, una caída del 97% que sugiere cambios migratorios y de zonas de invernada, con desplazamientos hacia áreas del centro y norte de Europa que ofrecen condiciones más estables y cercanas a las zonas de cría.

Otra especie que también muestra descensos notables es el porrón europeo, que en los últimos doce años ha reducido sus efectivos invernantes de 418 a 121 ejemplares, equivalente a una caída del 71%.

Estos cambios podrían estar asociados a una combinación de pérdida de hábitats de reproducción en Europa, ajustes en la gestión de cultivos y efectos del cambio climático que modifican la distribución de las áreas de invernada.

No obstante, no todas las especies siguen la misma tacha: se observa un incremento significativo en algunas como el tarro blanco, que ha pasado de 141 a 599 ejemplares (un aumento del 325%), y la garceta grande, que ha subido de 21 a 136 ejemplares (un incremento del 548%) para el periodo 2013-2025.

Estos cambios destacan la complejidad de las dinámicas migratorias y la necesidad de mantener hábitats variados a lo largo de las rutas de invernada.

La gestión de estos datos se enmarca dentro del Plan de Monitorización del Estado de Conservación de la Biodiversidad en Castilla y León, que, en el contexto de la Red Natura 2000 y de la planificación de áreas protegidas, se centra en el seguimiento de hábitats de interés comunitario y de especies incluidas en anexos de la Directiva Aves y de la Directiva Hábitats, así como en el listado de especies silvestres protegidas a nivel regional.

En 2026, la Junta continuará con el seguimiento de grupos clave, como flora amenazada, aves acuáticas (invernantes, reproductoras y migradoras), ardeidas, aves galliformes, aves forestales amenazadas y otras rapaces, con el objetivo de informar sobre el estado de conservación y aportar información útil para la gestión de la biodiversidad regional.

Para quienes deseen ampliar la información, la web institucional de la Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio de la Junta de Castilla y León ofrece detalles sobre los planes y los resultados de monitoreo.

Este conjunto de datos no solo sirve para cumplir compromisos internacionales, sino también para enriquecer el Inventario Español del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad y fortalecer la valoración de los humedales como hábitats frágiles pero esenciales para la biodiversidad de la región.