La obra 'La decisión de Lola' se presenta en Zaragoza como una mirada íntima y mordaz al maltrato en pareja, contada a través de un monólogo que alterna humor y dureza. Ana García encabeza el reparto en una producción que desafía el drama explícito con una estética vibrante.
La decisión de Lola llega al Teatro del Mercado para presentar un monólogo que aborda el maltrato psicológico y físico en la pareja, pero contado como una comedia melancólica que mezcla ironía y emoción.
La propuesta propone un recorrido íntimo por una historia que, desde el gozne de la risa, busca desenmascarar dinámicas de control y miedo que a menudo quedan silenciadas en el hogar.
Lola se da cuenta de que, desde que conoció a su marido, la vida ha pasado por una sucesión de roles que la han colocado en posiciones de criada, cocinera y, en ocasiones, de amante sumisa y saco de boxeo emocional.
Todo ello, señala la dramaturgia, en un marco que poco tiene que ver con la idealización romántica.
La puesta en escena evita el dramatismo explícito para apostar por una tragicomedia que interpela directamente al público, de modo que la audiencia acompaña a Lola en un proceso de toma de conciencia donde la reflexión y el humor conviven con instantes de alta tensión y verdad.
El texto corre a cargo de Jose Warletta y la dirección recae en Mario Ronsano, una combinación que ya ha mostrado su solvencia en proyectos previos donde la intimidad del personaje se expone sin artificios.
La actriz aragonesa Ana García da vida a Lola, y desde sus hombros recae la mayor intensidad de la puesta en escena: un retrato humano, complejo y cercano de una mujer que decide enfrentarse a su realidad y recuperar su voz.
García, fundadora de Muac Teatro, ha desarrollado una trayectoria que la vincula con compañías como Teatro del Temple o Tranvía Teatro, y ha participado en televisión y otros proyectos escénicos.
En 2022 recibió un reconocimiento significativo por su trabajo, un premio Santa Isabel de Portugal que otorga la DPZ en la modalidad de Largometrajes por un guion suyo, lo que refuerza su perfil polifacético.
La creación se apoya en una estética colorida y simbólica, donde el uso del color y de objetos en un escenario doméstico funciona como espejo del mundo emocional de Lola.
La influencia de directores y cineastas conocidos por su mirada provocadora, incluso vinculada a referencias almodovarianas como las heroínas de Volver o Mujeres al borde de un ataque de nervios, se deja sentir en la construcción de secuencias que llevan al público a cuestionar la frontera entre verdad y ficción.
Además, el diseño revela una intención de convertir los recursos escénicos en un mapa emocional de la protagonista.
La función está programada desde este jueves 15 de enero hasta el domingo 18, con sesiones a las 20:00 horas y una última función dominical a las 19:00.
Las entradas tienen un precio de 20 euros, con bonificación disponible para todas las sesiones. La obra llega de la mano de Factory Producciones, una compañía nacida en 2013 de la mano de Jose Antonio Royo, que además de la producción ejecutiva se ocupa de escenografía e iluminación.
En este marco, la pieza continúa la tradición de Factory de formular obras de teatro y danza que dialogan con el público de Zaragoza y otras zonas.
Según la información de producción, la obra se apoya en un guion de Warletta y en una dirección que busca un balance entre humor y verdad perenne.
Aunque la historia es concreta, es posible que, en su lectura, supuestamente invite a mirar más allá de lo visible y a detectar las huellas de experiencias de vida que resuenan con la realidad de muchas personas.
Presuntamente, la puesta en escena podría abrir un espacio de reflexión sobre señales de alerta y límites en las relaciones, invitando al público a cuestionar sus propias dinámicas afectivas en un formato que, pese a su tono ligero, no elude la dureza del tema.
En un contexto histórico, Zaragoza ha visto crecer en los últimos años una oferta teatral que aborda temáticas de género con mayor presencia de voces femeninas y miradas íntimas.
La obra de Warletta y la interpretación de Ana García se inscriben dentro de ese movimiento, que ha convertido al teatro local en un refugio para reflexiones profundas sobre convivencia, poder y libertad personal.
En este sentido, la pieza no solo busca entretener sino también abrir un debate que trascienda su duración en cartelera, aportando una lectura crítica sobre la violencia que persiste en entornos cercanos y cotidianos.