El Patronato del Real Alcázar de Sevilla inicia la restauración integral del conjunto escultórico del Estanque de Mercurio, una obra maestra del Renacimiento realizada en 1576. Los trabajos incluyen la estabilización del bronce, la consolidación del dorado original y la creación de una réplica exacta para preservar la escultura original en un espacio interior. Te contamos todos los detalles de esta intervención histórica.
Sevilla se prepara para devolver el esplendor a una de sus joyas más preciadas: la fuente de Mercurio del Real Alcázar. Este conjunto escultórico, que durante casi 450 años ha presidido los jardines del palacio, va a ser sometido a una restauración integral. Y no es para menos, porque estamos ante una de las obras de bronce dorado más importantes de Europa, un tesoro del Renacimiento español que necesita cuidados urgentes.
La escultura fue realizada entre 1576 y 1577 por el escultor Diego de Pesquera y el fundidor Bartolomé Morel. Representa a Mercurio, el dios mensajero, y se alza sobre una fuente en los jardines del Alcázar. En aquella época, Sevilla era el centro del comercio con América, una ciudad imperial donde llegaban todas las riquezas del Nuevo Mundo. Por eso, la figura de Mercurio, dios del comercio, simbolizaba la prosperidad de la ciudad. La técnica empleada fue la fundición a la cera perdida y el dorado al mercurio, un proceso complicadísimo que daba un brillo espectacular. Es una de las pocas esculturas monumentales de bronce dorado que se conservan en España anteriores al siglo XIX, lo que la convierte en una pieza casi única.
Pero el paso del tiempo no perdona. Más de cuatro siglos a la intemperie, expuesta a la humedad, al agua del estanque y a los cambios de temperatura, han pasado factura. Los estudios realizados en los últimos años detectaron un deterioro preocupante: corrosión por cloruros (la llamada 'enfermedad del bronce'), pérdida del dorado original por limpiezas inadecuadas y erosión, intervenciones antiguas con materiales incompatibles, y una capa de suciedad y costras calcáreas que ocultaban los detalles.
Por eso, en 2023 se desmontó la escultura preventivamente, y ahora el Patronato del Alcázar ha decidido abordar una restauración en condiciones.
El proyecto está liderado por la directora gerente del monumento, Ana Jáuregui, y cuenta con un equipo de restauradores, historiadores del arte y científicos.
Van a aplicar técnicas avanzadas para estabilizar el bronce, eliminar los cloruros y otras sales dañinas, consolidar los restos del dorado y limpiar la superficie con cuidado.
Todo el proceso se documentará con tecnologías de alta precisión. La idea es intervenir lo mínimo posible, siguiendo los principios internacionales de conservación: respetar la autenticidad de la obra y garantizar que sea reversible.
Una de las decisiones más importantes es que las piezas originales no volverán a la fuente. Los técnicos han concluido que si regresan al estanque, la humedad y el contacto con el agua volverían a provocar corrosión. Así que, cuando terminen los trabajos, las esculturas históricas se expondrán en una sala interior del Alcázar, con condiciones ambientales controladas.
Allí los visitantes podrán verlas de cerca y apreciar los detalles del dorado renacentista. En su lugar, se instalará una réplica exacta fabricada mediante escaneo 3D y fundición moderna, que mantendrá la imagen del jardín tal como se concibió en el siglo XVI.
El vicepresidente del Patronato, Juan Bueno, ha destacado que esta restauración es estratégica para proteger uno de los mayores tesoros de Sevilla y de España.
"Estamos hablando de una obra excepcional cuya conservación exige las mejores soluciones técnicas", ha dicho. También ha recordado que el conjunto de Mercurio no solo tiene valor artístico, sino que representa un momento clave de la historia de Sevilla, cuando la ciudad era el centro económico y cultural del mundo occidental.
Con casi 600 kilos de bronce dorado, la fuente de Mercurio es una de las piezas más importantes del patrimonio cultural español y un ejemplo del manierismo europeo aplicado a la jardinería.
Su calidad artística está a la altura de las grandes fuentes italianas del Renacimiento, pero con un sello sevillano que la hace única. La restauración incluirá también un plan de mantenimiento preventivo para garantizar su conservación a largo plazo.
En resumen, esta intervención no es una simple reparación. Es una apuesta decidida por conservar el legado histórico con rigor científico, para que las próximas generaciones puedan seguir disfrutando de esta maravilla.
Y mientras tanto, la réplica seguirá dando vida al jardín, manteniendo viva la imagen de la Sevilla imperial.