La ISS, vieja y con fugas: ¿debería retirarse antes de lo previsto?
La Estación Espacial Internacional continúa operativa pese a grietas y una fuga de amoníaco; un informe plantea si debe desactivarse antes de 2030 o si conviene esperar a una nueva estación, con planes de reemplazo por parte de agencias y empresas privadas.
Imagina vivir en una casa con paredes de apenas dos milímetros. Del otro lado, el vacío del espacio. Eso es, en esencia, lo que ha estado pasando durante años a bordo de la Estación Espacial Internacional: una fuga de amoníaco que aparece y desaparece, y una estructura que, pese al desgaste, sigue dando vueltas alrededor de la Tierra.
¿Es momento de desactivarla? Esa es la pregunta que se plantean la #NASA y sus socios internacionales mientras evalúan riesgos, costos y la necesidad de continuar la investigación en microgravedad.
El episodio más sonado ocurrió el 5 de junio, cuando cinco de los siete astronautas a bordo recibieron la orden de refugiarse en la cápsula Crew Dragon de SpaceX ante una fuga persistente que los cosmonautas rusos intentaban reparar.
Las comunicaciones de misión fueron explícitas: evacuar si fuera necesario, pero la tripulación no terminó abandonando la estación. Las autoridades aclararon que se trataba de una medida de precaución ante un problema que, aunque serio, no puso en peligro inmediato a la tripulación.
La causa de la fuga no es un misterio nuevo: está vinculada al túnel de transferencia del módulo Zvezda, la zona rusa de la ISS. Ese tramo, conocido como PrK, ha mostrado grietas y pérdidas de aire desde hace años. Aunque NASA y #Roscosmos han intentado mitigar los daños, no es posible sellarlo por completo. Cada atraque o desatraque de naves, cada maniobra de reposicionamiento, ejerce presión y puede agravar las grietas. En términos simples: la estación se encuentra en un entorno extremadamente hostil para sus estructuras, y mantenerla operativa es un equilibrio entre riesgos y beneficios científicos.
La #ISS nació con la llegada de Zarya (el primer bloque ruso) en 1998
En cuanto a su historia, la ISS nació con la llegada de Zarya (el primer bloque ruso) en 1998, seguido por el módulo estadounidense Unity y, más tarde, Zvezda.
Desde 2000 ha habido presencia humana continua en la plataforma orbital. En un principio, la vida útil prevista era de unos 15 años; sin embargo, la estación ha excedido ese plazo y, a pesar de las grietas y las fugas, ha seguido funcionando.
Una evaluación de la Oficina del Inspector General de la NASA, publicada en 2024, señalaba que existen riesgos crecientes para sostener operaciones hasta 2030 y subrayaba la necesidad de cooperación entre NASA y Roscosmos para mitigar las fallas que comenzaron a aparecer desde 2019.
Y, ¿qué pasa después? Hay consenso entre los responsables en que la ISS no puede durar para siempre. NASA y Roscosmos mantienen la idea de una estación de reemplazo o, al menos, de un plan claro para asegurar la continuidad de la investigación en el espacio.
Varias iniciativas privadas, entre ellas la compañía Axiom, trabajan en estaciones comerciales que podrían albergar misiones privadas y proyectos científicos de todo el mundo.
En este marco, astronautas como Joshua Kutryk, de la Agencia Espacial Canadiense, se preparan para viajar a la ISS en los próximos meses, dejando claro que la cooperación internacional y la ciencia no se detienen, incluso cuando la #tecnología envejece.
En resumen, la ISS sigue siendo un hito de la exploración humana, pero ahora se encuentra en un cruce de caminos: ¿continuar prolongando su vida útil y asumir riesgos para la investigación actual, o adelantar su retirada para abrir paso a plataformas más modernas y, potencialmente, más seguras? La decisión no es menor: determinar cuándo desorbitarla, qué alternativa presenta una continuidad razonable para la ciencia y cómo mantener la investigación en el #espacio a nivel mundial son preguntas que seguirán marcando la agenda de la #exploración espacial en los próximos años.