Artemis II regresa a la Tierra: así será la reentrada y el intenso descenso de la cápsula Orion
La cápsula Orion Artemis II afronta la reentrada en la atmósfera terrestre tras rodear la Luna, con una llegada prevista al Pacífico y un periodo breve sin comunicación. Este artículo desglosa qué sentirán la tripulación, qué se espera de la reentrada y por qué este hito abre una nueva etapa de la exploración lunar.
Esta noche, tras completar una trayectoria de sobrevuelo alrededor de la Luna, la cápsula #Orion de la misión #Artemis II iniciará su regreso a la Tierra y la operación está diseñada para terminar con un amerizaje seguro en el Océano Pacífico.
En la cabina, cuatro astronautas: Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen, se preparan para lo que podría ser el tramo más intenso de la misión: la reentrada y el descenso a casa.
Cuando la cápsula vuelva a sumergirse en la atmósfera, lo hará a una velocidad cercana a los 38.000 kilómetros por hora, es decir, casi diez kilómetros cada segundo. Es un tramo de alto uso de tecnología y precisión, porque entrar demasiado empinada podría generar un calentamiento extremo y un esfuerzo poco tolerable para la estructura y los ocupantes.
Por eso, los ingenieros han trabajado durante años para que la trayectoria de reentrada esté calculada al milímetro y para que la nave se comporte como una especie de avión de giro bajo una envoltura de calor que ralentiza a la nave sin desintegrarla.
El propio proceso de calentamiento es una parte esperada del viaje. A medida que la atmósfera actúa como freno, el exterior de la cápsula se transforma en una “bola de fuego” que consume parte de la energía cinética de la nave.
En ese instante, el equipo dentro de Orion siente cambios bruscos de aceleración y tendrá que mantenerse sujeto, protegido por su traje y por las configuraciones de la propia nave.
El comandante Wiseman y sus compañeros, que ya han trabajado cara a cara con estas sensaciones en simulaciones, sabrán exactamente cuándo endurecer las medidas de seguridad y cuándo relajarlas para optimizar la experiencia de regreso.
Durante la reentrada habrá un periodo de silencio en las comunicaciones de unos seis minutos. Es un intervalo esperado, en el que se recalibran los sistemas y se confirma que la nave está en la trayectoria correcta, mientras la Tierra observa con atención cada indicio de que la tripulación está en buen estado.
Se desplegarán los sistemas de control de descenso y el equipo de tierra recuperará la voz con los astronautas para confirmar que todo ha salido como estaba previsto
Cuando la nave alcanza una altitud suficiente y las condiciones lo permiten, se desplegarán los sistemas de control de descenso y el equipo de tierra recuperará la voz con los astronautas para confirmar que todo ha salido como estaba previsto.
La historia de Artemis II no es solo la de un regreso. Es la primera misión tripulada del programa Artemis, un esfuerzo de varias agencias y empresas que busca romper la barrera de la Luna y, con el tiempo, establecer una presencia sostenible para futuras misiones.
Artemis I, la misión no tripulada anterior, abrió el camino al demostrar la fiabilidad de la cápsula y los sistemas durante un vuelo alrededor de la Luna y de regreso, mientras que Artemis II representa la prueba de habilidades humanas en condiciones reales.
Además de la ciencia pura y la tecnología, este hito tiene una dimensión humana: ver a cuatro personas descender desde el vacío del #espacio a la atmósfera terrestre reafirma que la #exploración espacial es, ante todo, un esfuerzo colaborativo de muchos países y de una amplia industria.
La experiencia compartida en este tipo de misiones alimenta la curiosidad de la sociedad y, para muchos, devuelve una pizca de esperanza en la capacidad de la humanidad para trabajar unida hacia metas grandes.
Una vez que la capsule abra paracaídas y llegue a la zona de menor velocidad, los socorristas y equipos de rescate ya estarán en posición para garantizar un desembarco seguro.
Será, de nuevo, un recordatorio de que la política, las diferencias culturales y las fronteras quedan en un segundo plano cuando se trata de mantener a la humanidad mirando hacia el cielo con un objetivo compartido.
En resumen, Artemis II pone de manifiesto tanto la ingeniería que sostiene estas misiones como la curiosidad que impulsa a las personas a mirar más allá de lo inmediato y soñar con lo que podría cambiar nuestra comprensión del cosmos.