Investigadores de Acadia y Mycaro desarrollan micelio con alto contenido proteico para alimentos sostenibles en Nova Scotia
La Universidad de Acadia y la startup Mycaro desarrollan micelio con alrededor del 40% de proteína a partir de desechos agrícolas locales, con planes de producción comercial para 2026.
En una cámara de cultivo oscura dentro del campus de la Universidad de Acadia, en Wolfville, Nova Scotia, un equipo de investigación junto con la startup Mycaro está explorando una vía novedosa para obtener proteínas: el micelio, la red de hifas que impulsa el crecimiento de los hongos.
El objetivo es, con el tiempo, transformar ese micelio en un polvo proteico para la industria alimentaria, y una meta inicial indica que su contenido proteico ronda el 40%.\n\nLa colaboración une la experiencia agrícola de Katie McNeill, fundadora de Mycaro, y la biología de Allison Walker, de Acadia. Ambos trabajan con desechos de procesamiento agrícola locales, que se emplean como sustrato para alimentar el micelio. No se revelan públicamente todos los residuos utilizados por motivos de confidencialidad, pero se confirma que provienen de una instalación de procesamiento de alimentos del Valle de Annapolis.
A partir de ahí, se experimenta con distintas especies de hongos, temperaturas y niveles de humedad para definir las condiciones más favorables.\n\nEl proceso comienza con una mezcla líquida de micelio que se alimenta del sustrato. El equipo permite que el micelio crezca durante unos días, hasta alcanzar una masa consistente que luego se transfiere a bandejas para continuar su desarrollo y, en última instancia, evitar que aparezcan cuerpos fructíferos.
El crecimiento y la maduración se maneja con cuidado para favorecer, cuando corresponda, la producción de biomasa en forma de filamento que luego se procesa para obtener el polvo deseado.\n\nEn comparación con las setas comerciales, que suelen contener una gran cantidad de agua y proteína relativamente baja, el producto derivado de este micelio parece prometedor: su proteína se sitúa alrededor del 40%, lo que lo sitúa, en términos comparativos, cercano a la proteína de cáñamo y, aunque inferior a la proteína aislada de guisante o soja, podría integrarse con menor procesamiento industrial.
La intención es mantener la cadena de valor lo más cercana a un alimento natural posible, reduciendo etapas de refinamiento que elevan costos y consumo energético.\n\nEn cuanto a la producción, el equipo está explorando un enfoque de cultivo indoor con técnicas de agricultura vertical que permiten apilar bandejas en un entorno controlado.
A diferencia de otros proyectos de proteínas vegetales que suelen depender de iluminación constante y generan altos consumos energéticos, el micelio y los hongos aprovechan la oscuridad para crecer, lo que puede traducirse en una reducción de consumo energético; aún así, se buscan fuentes de energía más sostenibles para escalar la operación.\n\nEl sabor está descrito como suave con un ligero toque a nuez, una característica que podría facilitar su incorporación a distintos productos alimentarios sin alterar demasiado las preferencias de los consumidores.
Los investigadores señalan que una proteína con perfil sensorial neutro puede abrir la puerta a su uso en alimentos preparados, panes, bebidas y suplementos sin necesidad de alterar sustancialmente la receta original.\n\nCon miras a la viabilidad comercial, los científicos planean aumentar el rendimiento del cultivo y, en colaboración con el laboratorio alimentario de Acadia, probar la aceptación de los consumidores.
El objetivo es contar con una instalación de producción comercial pequeña en el Valle de Annapolis para finales de 2026, con la intención de perfeccionar el proceso y, más adelante, ampliar la capacidad y el equipo humano.
La mayor parte del financiamiento proviene de Invest Nova Scotia
La seguridad alimentaria y las normativas serán prioridades en esa transición, dada la necesidad de mantener altos estándares de calidad.\n\nHasta ahora, la mayor parte del financiamiento proviene de Invest Nova Scotia, institución que apoya proyectos de desarrollo regional. Los responsables dicen que esperan atraer más inversiones en la próxima primavera para acelerar el crecimiento y ampliar la colaboración entre la academia, la industria y las comunidades locales.
Este esfuerzo forma parte de una tendencia más amplia en la que la biotecnología de hongos y los procesos basados en residuos agrícolas buscan tocar una cuerda clave: proteínas sostenibles que reduzcan la presión sobre los recursos naturales.\n\nA nivel histórico, el interés por las proteínas derivadas del micelio no es nuevo. En las décadas recientes han existido esfuerzos de investigación y desarrollo para explorar micelio como fuente proteica, con antecedentes en la llamada “proteína de micelio” popularizada en proyectos de sustitutos cárnicos.
En el marco global, estas iniciativas pretenden ofrecer alternativas que reduzcan el uso de tierras, agua y energía, a la vez que aprovechan residuos agroindustriales.
La trayectoria de los proyectos de micelio se enmarca en un contexto de búsqueda de soluciones alimentarias más sostenibles ante el aumento de la población y la necesidad de cadenas de suministro más resilientes.\n\nEn resumen, el trabajo de Acadia y Mycaro apunta a combinar #ciencia universitaria, emprendimiento y sostenibilidad para crear una proteína alternativa basada en el micelio, que podría distinguirse por su sabor neutro y su perfil ambiental favorable, al tiempo que abre la puerta a una producción local en una región con fuertes recursos agroindustriales.