Las abejas resuelven rompecabezas complejos sin entrenamiento: un hallazgo que desafía lo que sabemos sobre la inteligencia de los insectos
Un estudio reciente demuestra que abejorros pueden resolver problemas sin haber sido entrenados para ello, usando una solución que implica mover una esfera para acceder a una recompensa dulce. El resultado sugiere capacidades cognitivas sorprendentes en insectos y abre debate sobre la naturaleza de la inteligencia animal.
Un nuevo estudio, publicado en una de las revistas más prestigiosas de ciencia, demuestra que los abejorros pueden resolver rompecabezas complejos sin haber recibido ningún entrenamiento previo.
En palabras simples, estos insectos aprendieron a sortear un obstáculo y a usarlo a su favor para conseguir una recompensa azucarada, sin que nadie les hubiera mostrado de antemano cómo hacerlo.
Es una prueba contundente de que la inteligencia, o al menos una capacidad de resolución de problemas, no depende siempre de cerebros grandes o de largas sesiones de aprendizaje; a veces, la solución aparece de forma espontánea.
Los investigadores, entre ellos Juha-Heikki Kantola de la Universidad de Oulu, llevaron a cabo una versión de un clásico experimento de la #psicología llamado “el problema de la caja y la banana”, ideado por el famoso psicólogo Wolfgang Köhler para estudiar el insight en chimpancés.
En aquella prueba original, los chimpancés tenían que combinar objetos para alcanzar una fruta fuera de su alcance. En este nuevo trabajo, los científicos adaptaron la idea a abejas: cambiaron la banana por azúcar y las cajas por una pequeña bola que los insectos podían manipular.
Los ensayos se realizaron en jaulas pequeñas y poco profundas para evitar que las #abejas volaran. Primero, los animales aprendieron a asociar un círculo azul pintado en el suelo con la presencia de una recompensa dulce. Después, el círculo se colocó en el techo, fuera del alcance, y se introdujo una bola. La gran mayoría de las abejas (aproximadamente un 73%) empujaron la bola debajo del círculo y treparon sobre ella para acceder al premio. En otras palabras, adelantaron la solución sin haber recibido instrucciones previas, sino que utilizaron una estrategia que les permitió superar la limitación de su entorno.
Pero la #investigación fue más allá para evitar conclusiones fáciles. En una segunda tanda de experimentos, los científicos redujeron aún más la posibilidad de que las abejas hubieran actuado por casualidad. Las dejaban explorar dos cámaras, izquierda y derecha, con solo una de ellas presentando el círculo azul. Luego introducían la bola y, para ocultar la pista, encendían una luz roja que hacía el círculo invisible. Trece de las 30 abejas no vieron el círculo en la primera pasada, y aun así, entre ellas, 23 recordaron dónde estaba el círculo cuando la bola apareció y movieron la bola de forma que siguiera esa ubicación.
Aun con tantos condicionantes, los científicos sostienen que el comportamiento observado no se puede atribuir solamente a un simple juego o a la curiosidad accidental.
“Existe una cierta determinación en sus acciones”, comenta uno de los autores, subrayando que la toma de decisiones de estas criaturas es sorprendentemente precisa para su tamaño y experiencia.
Lo que se ve en las abejas no es una simple coincidencia: es evidencia de una capacidad de resolución de problemas que
En palabras de Kantola, lo que se ve en las abejas no es una simple coincidencia: es evidencia de una capacidad de resolución de problemas que, a ojos humanos, podría interpretarse como un tipo de insight.
El estudio, que se publicó la semana pasada en Science, refuerza la idea de que algunos de los procesos cognitivos considerados “propios de mamíferos con cerebros grandes” también pueden estar presentes en insectos.
Aunque siguen sin tener cerebros equivalentes a los de los chimpancés, las abejas muestran que la memoria, el aprendizaje y la flexibilidad mental pueden operar de formas sorprendentes incluso en animales muy pequeños.
Los autores señalan que, en la vida real, las abejas ya resuelven problemas cotidianos: cuando buscan néctar, deben aprender a extraerlo de distintas flores y, a la vez, orientarse para regresar a su nido.
Esta capacidad de aprendizaje y memoria es clave para su supervivencia y éxito ecológico. Los especialistas en conservación destacan que entender estas habilidades podría cambiar nuestra apreciación de estos polinizadores y, en consecuencia, reforzar su protección frente a amenazas como los pesticidas, que pueden afectar la memoria y el rendimiento de tareas complejas.
Del mismo modo, la investigación aporta una visión renovada sobre cómo se evalúa la inteligencia animal. Aunque la pregunta de qué es exactamente la conciencia o la inteligencia sigue abierta, estos resultados muestran que ciertos rasgos cognitivos no son exclusivos de especies grandes ni de ambientes complejos.
En palabras del propio equipo, estas observaciones resultan “emocionantes” en una época en la que la #ciencia intenta dilucidar los límites entre instinto y aprendizaje y dónde empieza la toma de decisiones deliberada en el reino animal.
La investigación ha contado con la colaboración de varios centros académicos y, además de Kantola, figura Olli Loukola como coautor. Sus hallazgos no solo amplían el catálogo de ejemplos de #cognición animal, también plantean preguntas sobre cómo la experiencia y el contexto influyen en la resolución de problemas en especies que no solemos asociar con la inteligencia.
Si algo queda claro es que las abejas, a su manera, demuestran que la curiosidad y la capacidad de adaptarse pueden ir mucho más allá de lo que el ojo humano tiende a esperar.