La Feria de Libros de la Cuesta de Moyano ingresa como Bien de Interés Cultural

La Feria de Libros de la Cuesta de Moyano ingresa como Bien de Interés Cultural

La Comunidad de Madrid declara la Feria de Libros de la Cuesta de Moyano como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Patrimonio Inmaterial, subrayando su papel histórico en la vida cultural de la ciudad.

La Comunidad de #Madrid ha aprobado una medida que refuerza la memoria y la vida cultural de la capital: declarar la #Feria de Libros de la #Cuesta de Moyano como #Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Patrimonio Inmaterial.

Este reconocimiento sitúa a un enclave histórico de compraventa de libros, la mayoría antiguos o de segunda mano, en un lugar de privilegio dentro de la identidad madrileña y de la tradición literaria que ha acompañado a la ciudad durante más de un siglo.

Supone, además, un marco de protección para un entorno que ha sido testigo de cambios sociales, políticos y culturales y que continúa siendo escenario de encuentros en torno al libro y la lectura.

Situada en la calle Claudio Moyano, a pocos pasos del Real Jardín Botánico, la feria forma parte del Paisaje de la Luz y está incluida en la lista de #Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Es, a día de hoy, una de las pocas ferias permanentes de este tipo en España y Europa, comparable a los famosos bouquinistes del río Sena en París.

A lo largo de su trayectoria, la Cuesta de Moyano ha trascendido su función comercial para convertirse en un símbolo vivo de la vida cultural de la ciudad, un lugar de encuentro donde lectores, libreros y visitantes han compartido y conservado prácticas de lectura, intercambio y conocimiento.

Los orígenes se remontan a las ferias de San Mateo, que se celebraban en Madrid a finales del siglo XIX. En 1919, los vendedores empezaron a instalarse frente a las verjas del Real Jardín Botánico, y fue en mayo de 1925 cuando el Ayuntamiento aprobó la creación de un mercado permanente de 30 puestos de libros usados, que ocupó el emplazamiento actual.

Las casetas que aún hoy acogen a los libreros fueron diseñadas por Luis Bellido, entonces arquitecto municipal.

La memoria del lugar también ha quedado ligada a una curiosa denominación: en la década de 1920 se la conocía popularmente como la Feria del Boquerón, una referencia nacida de una observación del escritor Ramón Gómez de la Serna, que señaló que el precio de un pescado de ese tipo era comparable al de un ejemplar de segunda mano.

En aquel año, supuestamente, el precio de este pescado era de 0,001 EUR, una cifra que, más allá de la anécdota, ilustra la cercanía entre el mundo del libro y la vida cotidiana de la ciudad.

La feria continuó funcionando durante la Guerra Civil y solo estuvo cerrada durante unos días al inicio del conflicto. Con el paso de las décadas, el tejido de casetas fue deteriorándose y, en 1986, se demolieron para dar paso a una reconstrucción. Fue necesaria una solución provisional: los puestos se trasladaron al Paseo del Prado mientras se reconstruían réplicas de las originales. En julio de 2004, un incendio en una subestación eléctrica obligó a un nuevo traslado temporal a la misma vía, y tres años después los libreros regresaron a su ubicación habitual, en un entorno plenamente peatonal.

La Asociación de Libreros Cuesta de Moyano y la Asociación Soy de la Cuesta desempeñan un papel fundamental en la preservación y revitalización de este espacio

El proceso de adjudicación de las casetas dejó atrás un sistema de herencia familiar para abrirse a la licitación pública. En la actualidad, la Asociación de Libreros Cuesta de Moyano y la Asociación Soy de la Cuesta desempeñan un papel fundamental en la preservación y revitalización de este espacio, que continúa siendo un referente para lectores y coleccionistas.

Supuestamente, la declaración de BIC podría favorecer futuras inversiones en el mantenimiento de las casetas, la mejora de las condiciones de venta y la difusión de la #cultura literaria entre residentes y visitantes.

La noticia llega en un momento en que Madrid busca reforzar su patrimonio cultural como motor de identidad y turismo responsable, y podría inspirar medidas similares en otros rincones históricos de la ciudad y de la región.

Compartir: