Gaza también es nuestra: el ministro de Cultura de Israel lanza una ofensiva sobre el cine y el control de fondos
El ministro Miki Zohar reitera que Gaza forma parte de Israel y señala que la financiación de la industria cinematográfica podría depender de su alineación con la visión oficial, disparando un debate sobre libertad creativa y seguridad.
El ministro de Cultura de Israel, Miki Zohar, volvió a insistir en una idea que desata controversia en el ámbito político y cultural del país: Gaza, al igual que Judea y Samaria, forma parte de Israel.
supuestamente afirmó en Kan, la cadena pública, que “Gaza también es nuestra” y que los palestinos que residen allí son huéspedes a los que se les permite vivir en el enclave, por ahora.
La declaración, recogida por The Times of Israel, se produjo en un contexto en el que el ministro afirmó que no son ocupantes de su propia tierra. supuestamente insistió en que “Judea y Samaria son nuestras” y que #Gaza también es nuestra. Dejamos solo que sean huéspedes hasta cierto punto, pero Gaza es nuestra, habría señalado, según distintas versiones de la entrevista.
La cobertura de estas afirmaciones encendió un debate inmediato entre analistas, cineastas y responsables de #política cultural. Zohar criticó a los cineastas israelíes que, según él, dañan la imagen del Ejército y del país al presentar una narrativa que contradice la versión oficial de la ocupación.
En particular, mencionó la película The Sea, que, pese a no haber sido vista por él, ha recibido un premio Ophir, considerado el Oscar del #cine israelí.
supuestamente el filme retrata a un niño palestino de Cisjordania que intenta ir a la playa por primera vez, lo que para el ministro sería un ejemplo de representación “desbalanceada” que, en su juicio, perjudica la visión de Israel.
En su diagnóstico, Zohar dejó entrever que el Estado podría condicionar la financiación a la industria del cine según criterios políticos. presuntamente afirmó que el Gobierno no tolerará obras que pongan en cuestión el papel del Ejército y que, para recibir fondos públicos, las producciones deberían alinearse con una narrativa que los israelíes “quieren ver” y no con lo que, según él, “quieren ver los europeos”.
Esta postura ha sido interpretada por algunos observadores como una señal de que la #cultura podría convertirse en un terreno de control político más estrecho.
En términos de presupuesto
En términos de presupuesto, la cartera de Cultura maneja un caudal de fondos que, supuestamente, asciende a varios millones de euros cada año para apoyar a cineastas, guionistas y productoras.
Las estimaciones del sector señalan que el presupuesto anual destinado a la industria cinematográfica podría moverse en torno a 6,5 millones de euros, con una fracción relevante que, según las proyecciones de la propia cartera, podría estar supuestamente sujeta a revisión si un proyecto cuestiona la narrativa oficial o el papel del Ejército.
Si estas medidas se aplican, podrían verse afectadas decenas de proyectos y cientos de empleos vinculados a la producción audiovisual.
La polémica llega en un momento de tensiones entre seguridad y libertad creativa, y ha puesto sobre la mesa un debate casi milenario en la región: hasta qué punto la cultura puede o debe servir como espejo de una narrativa estatal frente a voces críticas.
Los analistas señalan que el discurso de Zohar refleja una visión de la política cultural como una extensión de la seguridad nacional, mientras que defensores de la libertad artística sostienen que la diversidad de miradas es esencial para la democracia.
En la escena internacional, la palabra de un ministro que ancla territorios y repercute en la financiación cultural no pasa inadvertida. Observadores y organizaciones culturales esperan ver si estas declaraciones se traducen en acciones administrativas concretas o si quedarían, por ahora, en un marco retórico.
De cualquier modo, el diálogo entre seguridad, territorio y creatividad parece encaminarse hacia una nueva fase, con efectos que podrían resonar no solo en Israel, sino también en los círculos de cooperación cultural y fondos internacionales que, en el pasado, han impulsado producciones que buscan mirror la complejidad de la región.