El costo de la vida se dispara en Rusia: la cesta de la compra bate récords en plena guerra

El costo de la vida se dispara en Rusia: la cesta de la compra bate récords en plena guerra

Análisis sobre el aumento de precios en Rusia durante la guerra, con conversiones a euros y ejemplos de consumo cotidiano.

Una visita al supermercado en #Rusia se ha convertido en una experiencia cada vez más dolorosa para la clase trabajadora en las últimas semanas.

Aunque los #precios venían subiendo desde hace años, la escalada se ha acentuado desde principios de este año y llenar la despensa ya no es una tarea fácil para el ciudadano medio.

Presuntamente, el IVA aplicado a gran parte de la cesta de la compra se incrementó un 2% desde el 1 de enero, una medida que ha contribuido a la subida de precios y que empuja a muchos hogares a ajustar sus gastos.

El salario mínimo no alcanza los 300 euros mensuales, mientras que la cesta de la compra, en una tienda de gama media, ronda los 85 euros, equivalente aproximadamente a 8.000 rublos según las conversiones actuales para el país. En otras palabras, la #economía diaria se ha vuelto más exigente para quienes salen a comprar.

La cuesta de enero, que ya venía siendo notable, se ha prolongado: desde el inicio de la guerra, los precios habrían subido en torno a un 45% según datos oficiales; este enero se ha percibido con más claridad en los bolsillos de los rusos.

Si la mantequilla y los huevos se dispararon en años anteriores, ahora casi todos los productos han experimentado encarecimientos, desde la leche hasta las patatas, con aumentos que aparecen en varias categorías y que impactan a la mesa familiar.

La pera importada desde China, Argentina o Chile ha subido hasta costar alrededor de 3 euros el kilo, mientras que el plátano se mantiene por encima de 1,2 euros el kilo, un nivel que hace años parecía inalcanzable para muchos consumidores.

Supuestamente, en el seguimiento de precios, una mujer de unos 60 años comentó en un supermercadoMagnit, descrita como la cadena más barata del país, que la #vida cotidiana está cada vez más condicionada por la factura de la compra.

Especialmente doloroso ha sido el encarecimiento de los lácteos, que habrían subido un 41% en los últimos dos años. La leche y el queso no dejan de subir, y el requesón, un producto básico en Rusia, habría aumentado aproximadamente un 50% en ese periodo.

Según un estudio citado por medios internacionales, el sirok —barrita de requesón recubierta de chocolate— se habría disparado un 67% en los últimos cinco años, pasando a ser considerado un artículo de lujo para muchos hogares.

Pepinos a precios de oro

Ensalada para ricos, pepinos a precios de oro. Los tomates no han bajado de precio en muchos mercados locales, pero el pepino podría costar ahora alrededor de 3,5 euros el kilo, un nivel que para algunos compradores equivale a la carne de cerdo.

En algunas tiendas, el pepino de mayor calidad se vende por unidad a unos 1,7 euros, tras un incremento del 111,1% en los últimos tres meses.

La lechuga tampoco se libra de la subida y alcanza valores cercanos a 3,5 euros por kilo. Los expertos señalan que muchos de estos productos son importados, y que factores como malas cosechas, un invierno más frío, interrupciones en las cadenas de suministro por la guerra y las fluctuaciones del rublo contribuyen a las subidas.

En conjunto, las verduras habrían mostrado incrementos notables en los últimos años.

En el ámbito de la proteína, la carne roja ha dejado de ser asequible para muchos, y el #consumo de pollo es la opción más habitual. La ternera oscila entre 8 y 9 euros por kilogramo, y la carne picada se sitúa alrededor de 4,5 euros por kilo. Ante esta coyuntura, muchos supermercados han retirado ciertos productos cárnicos para gestionar la caída de demanda.

Los rusos, siempre dados a buscar alternativas, han visto reducirse también el consumo de pilmeni —raviolis siberianos—. Una bolsa de 700 gramos puede costar unos 4 euros, mientras que la versión de menor calidad a granel se ofrece alrededor de 1,3 euros (120 rublos al cambio actual).

El pescado fresco, y en general los productos del mar, se vuelven cada vez más difíciles de adquirir para el ciudadano medio: el salmón ronda los 30 euros; lo mismo ocurre con los productos ahumados o la caballa.

Además, el gasto en postres y chocolate ha subido, y la cerveza de marcas como Báltika registra un incremento cercano al 70% en dos años, un dato que ilustra cómo todos los aspectos de la cesta de consumo se han visto afectados.

Todo esto se da en un contexto de presión sobre el costo de la vida que no parece ceder, pese a las diferentes estrategias de gasto que deben adoptar las familias para hacer frente a una economía en constante ajuste.

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