Aumenta el coste de la sanidad y muchos de 50 a 64 posponen el médico hasta Medicare
El incremento de las facturas de salud está empujando a muchos entre 50 y 64 años a retrasar revisiones, ante primas elevadas y menos ayudas. Este fenómeno puede costar caro a corto y largo plazo, y se enmarca en cambios de subsidios y precios de ACA y Medicare.
Cuando suben los costes de la sanidad, muchos adultos entre 50 y 64 años hacen cuentas y deciden vivir con menos visitas al médico.
No es que se sientan invencibles; es que las primas, los deducibles y los copagos ya les comen una buena parte del salario. Si a eso sumas que el salto a los 65 años promete cobertura más barata con Medicare, la decisión de posponer una revisión o una prueba parece razonable para muchos, aunque no siempre es la más prudente a largo plazo.
Este es el núcleo de lo que se está viendo en distintos estados de EE. UU. y que ya empieza a notarse en España, donde el debate sobre el coste de la #salud y la protección social también despierta atención entre quienes manejan el presupuesto familiar.
Un ejemplo concreto ilustra la situación. Un hombre de Rhode Island, llamado John Galvin, sabe que necesita hacerse una colonoscopia. Pero ha decidido esperar hasta diciembre, cuando cumpla 65 y entre en Medicare. Su subida de precio en el seguro privado de salud, conocido como Obamacare, este año le ha llevado la prima a unos 2.460 dólares al mes, y tiene un deducible de 2.700 dólares. Con esas cifras, el coste total de la prueba podría acercarse a los 3.000 dólares, una cantidad que él no está en condiciones de asumir. Su esposa también ha decidido frenar una CT de tórax por el mismo motivo: espera a que él alcance la cobertura de #Medicare para que el gasto sea menor.
La expiración de subsidios federales ha acelerado este encarecimiento. Antes, las ayudas cubrían parte de las primas de los planes #ACA para muchos con ingresos no muy altos. Al desaparecer esas ayudas, las personas de entre 50 y 64 se han encontrado con primas que pueden subir de forma notable, y en algunos casos llegan a costar varias veces lo que pagaban antes.
Para quien gana más del 400% del umbral de pobreza federal, las primas pueden triplicarse o más respecto a años pasados, lo que deja a muchos sin opciones asequibles en el mercado de seguros.
Este fenómeno no sólo afecta a las primas. Las personas en esa franja de edad ya enfrentan precios altos en cuidados médicos, medicinas y tratamientos. Por eso algunos usuarios que antes estaban en planes de menor coste ya no encuentran alternativas más baratas para cambiar. En palabras de los expertos, se está generando una especie de pacto frágil: menos cobertura ahora puede traducirse en más gastos más adelante, y quien paga, en última instancia, puede ser el propio consumidor y, por extensión, el presupuesto público cuando se resuelven problemas de salud que podrían haberse atendido antes.
Los analistas señalan que habrá un aumento de la demanda no satisfecha, que al final tendrá que ser cubierta de alguna forma. Así lo advierte Jessica Schubel, experta en política sanitaria, quien señala que habrá una gran cantidad de necesidades por atender que no han sido cubiertas a tiempo.
Matt McGough, analista de políticas en KFF, coincide en que la situación es especialmente difícil para los inscritos mayores: la subida de precios llega a un punto en que la gente se plantea qué gastar y en qué no.
Otra voz relevante es la de Alan Weil, de AARP, quien subraya que quienes dejan de pagar por cobertura o la posponen para llegar a los 65 podrían estar ahorrando ahora, pero pagando más después, tanto ellos como el sistema, a través de mayores costes en el futuro.
Natalie Kean, de Justice in Aging, describe la situación como unas “elecciones imposibles” para muchos, entre pagar la póliza, el tratamiento o comer con menor presupuesto.
El ACA —conocido como Obamacare— ha sido clave para la cobertura de las personas entre 50 y 64
A nivel general, el ACA —conocido como Obamacare— ha sido clave para la cobertura de las personas entre 50 y 64, ayudando a reducir el número de personas sin seguro y a facilitar la jubilación anticipada con cobertura.
Sin embargo, la expiración de las ayudas federales ha agotado parte de ese alivio. En enero, por ejemplo, algunas primas de Medicare Part B tuvieron un incremento notable: pasaron de 185 a 203 dólares al mes. Esto añade otra capa de presión para quienes están en edad de transición y depende de la combinación de planes privados y programas públicos.
Según diversas encuestas, ya hay señales de que muchos mayores de 50 no cuentan con ahorros de jubilación suficientes, y una parte significativa de la población teme no poder sostener sus gastos médicos en el futuro.
Esto alimenta la preocupación de que la atención médica barata hoy pueda volverse más cara mañana, y que ese coste acabe afectando a la economía familiar y a la financiación de servicios sociales.
En resumen, el incremento de los precios de la salud y la retirada de subsidios están empujando a muchos entre 50 y 64 años a posponer comprobaciones y tratamientos.
Si no se restaura alguna forma de apoyo o se reducen costes, es probable que veamos un aumento de problemas de salud no tratados y, a medio plazo, un coste mayor para el sistema público y para las familias.}