Trump recorta normas de emisiones y elimina el sistema start-stop de los coches

Una nueva medida del presidente Trump busca revertir las reglas de eficiencia de Biden y retirar el crédito para fabricantes que incorporaron el sistema start-stop, con posibles efectos en precios y emisiones.

La administración de Donald Trump anunció este jueves una reversión de parte de las normas de eficiencia de combustible implementadas durante la presidencia de Joe Biden, y, como parte de esa revisión, eliminará el crédito que premiaba a los fabricantes que instalaron la tecnología de arranque-parada, conocida como start-stop, en sus vehículos.

La Casa Blanca afirma que la medida busca bajar costos para los compradores y simplificar el marco regulatorio, supuestamente facilitando la adopción de automóviles más accesibles.

En la práctica, la decisión se interpreta como un giro frente a las políticas ambientales de la era previa y como un intento de alinear las reglas con una visión más enfocada en la #economía de los consumidores.

El sistema start-stop, que apaga el motor durante las paradas cortas y lo reenciende al acelerar, ha sido objeto de intensas críticas por parte de conductores y fabricantes a lo largo de la última década.

Su adopción se ha visto como una forma de reducir el consumo de combustible y las emisiones, pero también ha generado molestias por la sensación de relentización y por posibles impactos en la batería y el sistema eléctrico.

Desde el punto de vista económico, se estima que el crédito asociado a este tipo de tecnología tenía un valor considerable. En términos conservadores, se calcula que el crédito anual para los fabricantes rondaba los 3.000 millones de dólares, lo que equivale a aproximadamente 2,7 mil millones de euros al tipo de cambio vigente. Este monto formaba parte de un paquete de incentivos que premiaba a las automotrices por lograr ciertos compromisos de eficiencia, dentro de la estrategia regulatoria de la era Obama y, posteriormente, de ajustes realizados por la administración de Biden.

Ahora, con la eliminación de ese crédito, el costo derivado para los fabricantes podría verse reducido, mientras que para los compradores podría haber cambios en los precios de salida de los modelos equipados con start-stop, o bien en la oferta de tecnologías alternativas.

La decisión ha generado un intenso debate entre defensores de la reducción de #emisiones y representantes de la industria que señalan que la eliminación de estos créditos podría afectar la inversión en tecnologías limpias y la competitividad de las marcas estadounidenses

La decisión ha generado un intenso debate entre defensores de la reducción de emisiones y representantes de la industria que señalan que la eliminación de estos créditos podría afectar la inversión en tecnologías limpias y la competitividad de las marcas estadounidenses.

Supuestamente, algunos analistas señalan que el impacto real dependerá de cómo respondan los consumidores y de si quedan otros mecanismos de incentivo en pie para promover mejoras en eficiencia sin mecanismos de apoyo específicos para el start-stop.

En términos históricos, el arranque-parada no es una novedad: emergió en la década de 1970 como respuesta a las crisis del petróleo y la necesidad de economizar combustible.

El primer automóvil en incorporar un sistema automático de encendido y apagado se atribuye al Toyota Crown de 1974, según archivos de Popular Science.

En las décadas de 1980, Fiat y Volkswagen experimentaron con la tecnología, y fue en la década de 2010 cuando compañías como BMW, Ford, Honda, Hyundai y Kia la popularizaron, tras las políticas de créditos de emisiones que premiaban estas soluciones.

Con la decisión de ahora, la administración Trump sugiere un cambio de rumbo que, según sus responsables, prioriza la economía de las familias y la libertad regulatoria, aunque la evaluación de su impacto ambiental y de seguridad aún estará por verse.

A nivel de mercado, la medida podría reorganizar las ofertas de los fabricantes y afectar a los precios de modelos con inicio-parada, así como a la curva de adopción de tecnologías alternativas.

Expertos señalan que, si no hay otros incentivos equivalentes, la reducción de créditos podría disminuir la inversión en mejoras de eficiencia de motores y en baterías para #vehículos eléctricos, mientras que otros señalan que la mayor flexibilidad regulatoria podría estimular la competencia y hacer que surjan opciones más económicas para los consumidores.

En cualquier caso, la pregunta central para usuarios y fabricantes es cuánto beneficiará a los bolsillos de los conductores y qué peso tendrá en la meta de reducción de emisiones a largo plazo, un tema que seguirá siendo objeto de revisión y debate en los próximos meses.

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