En Estados Unidos,
Cada vez más #familias estadounidenses están haciendo lo que antes parecía impensable: convivir bajo un mismo techo con varias generaciones para hacer frente a la subida de alquileres y hipotecas.
Según un análisis de Realtor.com, en 2024 existían alrededor de 4 millones de hogares multigeneracionales, es decir, viviendas en las que conviven dos o más generaciones, y esa cifra representaba el 4,5% de las viviendas de propiedad.
Esa proporción ha ido subiendo lentamente: en 2019 era de alrededor del 4,3%. Se trata de un concepto que suele definirse por características como la presencia de una “suite para invitados”, un “anexo para suegra” o una #vivienda adicional dentro de la misma propiedad, aunque no todas las familias que comparten techo encajarían en estas etiquetas de forma estricta.
En el propio análisis se advierte que no se incluyen, por ejemplo, casas de dos familias, duplex o triplex, porque sus datos no se registran de forma uniforme.
La dinámica no es solo una estadística; afecta a la vida diaria y a la economía de cada casa. La razón principal es simple: si no quieres renunciar a una casa más grande o a un barrio concreto, la opción de vivir con otros familiares comparte gastos fijos como la hipoteca, los impuestos y la factura de servicios.
Además, tener a alguien cerca para cuidar a los niños o ayudar a los mayores puede suponer un ahorro real en cuidado o transporte. Todo ello crea una red de apoyo que, en momentos de subida de precios, puede marcar la diferencia entre quedarse en casa propia o verse obligado a buscar algo más pequeño o más lejos.
Pero atención: no todo es un ahorro directo. El mismo informe señala que las viviendas multigeneracionales tienden a ser más caras en la etiqueta de precio. En 2025, la mediana de precio de lista para estas casas se situó en 709.000 dólares, un nivel aproximadamente un 65% más alto que la mediana de 429.900 dólares de los listados estándar. En cuanto al coste por pie cuadrado, se estima en unos 262 dólares frente a 215 dólares para viviendas no multigeneracionales. En otras palabras, la mayor dimensión y las características especiales que suelen incluir, como cocinas extra, entradas separadas o suites para invitados, empujan el precio hacia arriba.
Aun así, el interés de los compradores permanece alto, ya que estos hogares suelen recibir más visitas en sus listados y, en general, se venden en el mismo periodo que el resto.
Los agentes señalan que dos viviendas dentro de la misma propiedad pueden ser más baratas por pie cuadrado que en áreas más caras
La realidad, eso sí, es muy local. En Somerville, una ciudad pequeña y cercana a Boston, los agentes señalan que dos viviendas dentro de la misma propiedad pueden ser más baratas por pie cuadrado que en áreas más caras, a pesar de representar una buena opción para familias que buscan estar juntas.
Pero suele haber más trabajo de mantenimiento y reformas previas para que todo funcione bien. En palabras de una analista de Realtor.com, «un sentido de propósito compartido y de cuidado mutuo está en el corazón de la vida multigeneracional» y, por tanto, está influyendo de forma notable en la forma en que las familias piensan su vivienda y su presupuesto.
Más allá de los números, esta tendencia refleja una respuesta pragmática ante la realidad económica: familias que buscan independencia en casa y, a la vez, seguridad y cercanía para cuidarse entre generaciones.
En ciudades con mercados laborales fuertes y demanda de vivienda elevada, la opción de convivir puede canalizar recursos que, de otro modo, serían difíciles de gestionar.
Pero también invita a revisar con detalle las cuentas y los planes a largo plazo: ¿cuánto cuesta realmente vivir así en 10 o 20 años? ¿Qué ocurrirá si cambian las circunstancias laborales o familiares? ¿Y qué efectos tiene este tipo de convivencia sobre la movilidad laboral y la construcción de riqueza generacional?
Históricamente, las dinámicas familiares han gestionado ciclos de auge y recesión.
Tras la Gran Recesión de 2008 y, más recientemente, durante la pandemia, muchos hogares convirtieron el alquiler o la compra de una vivienda más grande en una inversión compartida que permitía ahorrar y asegurar el techo para los suyos.
En ese sentido, los datos actuales de multigeneracionales no sólo cuentan una historia de precios, sino también de cambio en la forma en que las familias priorizan su seguridad, sus responsabilidades y su futuro.
Para quien esté pensando en mudarse o acoger a alguien en casa, conviene hacer números con calma: revisar ingresos, gastos fijos, posibles mejoras que aumenten el valor de la vivienda y, sobre todo, tener clara la distribución de responsabilidades y la convivencia diaria.
En resumen, la convivencia intergeneracional no es una moda pasajera: es una respuesta práctica a un mercado de vivienda cada vez más exigente, que podría, en el tiempo, abrir camino a un nuevo equilibrio entre precio, tamaño y calidad de vida para muchas familias.