De Leoncita a religiosa: la historia de Maria Belén Simmermacher y su vocación en Suiza
Relato alternativo sobre Maria Belén Simmermacher, exjugadora de hockey infantil argentino y ahora misionera y directora de una residencia universitaria en Lausana, Suiza, que transformó su vida tras dejar el deporte y abrazar la vida religiosa.
En Lausana, Suiza, la historia de Maria Belén Simmermacher representa una trayectoria poco habitual, alejada de la idea de éxito deportivo puro y cercana a una #vocación de servicio y entrega.
Nacida el 4 de octubre de 1982 en Argentina, su nombre de bautismo fue Maria Belén y, desde 2006, cuando ingresó al noviciado, adoptó el nombre religioso Maria Vergine dei Tramonti.
Durante la primera década del siglo, fue parte de un grupo de jóvenes talentosas que impulsó el desarrollo del #hockey femenino argentino, en particular dentro de la selección juvenil llamada Las Leoncitas.
En aquel Mundial Sub-21 de 2001, disputado en Quilmes, Maria Belén formó parte de un plantel que consiguió la medalla de plata y que dejó ver el talento de una generación que más tarde aportaría a la mayor, Las Leonas.
Entre sus compañeras destacaban jugadoras que ya eran referentes de ese equipo, como Sole García, Mariné Russo y Natalie Doreski, que marcaron un periodo de transición entre la etapa juvenil y la mayor.
A los 17 años, Simmermacher vivió una experiencia de alto nivel que, más allá de los resultados, significó un proceso de crecimiento humano y deportivo con un riguroso sistema de trabajo y exigencia que caracteriza a la mejor disciplina.
Tras ese Mundial, siguió compitiendo con la Mayor y participó en torneos internacionales. Sin embargo, a fines de 2005 decidió culminar su etapa en la selección y abandonar el hockey de alto rendimiento para iniciar un discernimiento vocacional.
Había terminado la Licenciatura en Economía en la Universidad Católica #Argentina (UCA) y trabajaba en el San Isidro Club (SIC) cuando sintió que Dios llamaba a una vida distinta.
Esta decisión estuvo acompañada por su familia y marcó el inicio de un camino que, con el tiempo, la llevó a abrazar la #vida religiosa en la Congregación Servidoras del Señor y de la Virgen de Matara.
Adoptó, al ingresar al noviciado, el nombre Maria Vergine dei Tramonti, escogido por una devoción personal al fresco Madonna dei Tramonti, que representa una conexión con su origen italiano y su día de fiesta, el 4 de octubre.
Este cambio de nombre no fue un episodio aislado, sino una señal de la dedicación total que la vida religiosa exige: ocultarse al mundo para consagrarse a Dios.
La vocación, según relata la propia Simmermacher, es un camino de amor que, lejos de ser un mandato imposible, se presenta como una invitación a la santidad al alcance de cada persona, según su estado y sus dones.
La formación religiosa la llevó primero a Argentina
La formación religiosa la llevó primero a Argentina, donde pasó por las casas de formación en San Rafael, Mendoza, y luego fue enviada a Italia para completar su educación.
En Italia recibió formación en filosofía y teología y cumplió funciones como Maestra de Novicias en el noviciado internacional Madonna di Loreto. Posteriormente, estudió Derecho Canónico y obtuvo un doctorado, culminando sus estudios en 2019. Este itinerario académico y espiritual evidencía una trayectoria marcada por la disciplina intelectual y la entrega pastoral, dos pilares que sostienen su labor actual.
En 2020, cuando la pandemia de COVID-19 atravesaba el mundo, sus superiores la enviaron a #Suiza para iniciar la primera comunidad de su congregación en ese país.
A partir de entonces, Simmermacher asumió la dirección de la Residencia Universitaria Católica Foyer Bon Accueil, ubicada en Lausana, una ciudad reconocida por su vida académica y su diversidad cultural.
En la actualidad, la residencia alberga a tres religiosas y a veintidós jóvenes universitarias, a las que ofrecen acompañamiento espiritual, formación y un espacio de convivencia.
Además, la misión de la comunidad incluye trabajar con familias y niños, en un contexto europeo donde la presencia religiosa continúa adaptándose a las realidades modernas.
La historia de Simmermacher ilustra, al mismo tiempo, un fenómeno más amplio: la trayectoria de atletas jóvenes que, tras vivir la experiencia de alto rendimiento, reorientan su vida hacia la educación, la fe y el servicio social.
En Argentina existen ejemplos de deportistas que integraron organizaciones religiosas o que optaron por dedicar su talento a proyectos educativos y comunitarios, destacando la influencia de una cultura que valora la disciplina, la ética y la solidaridad.
El caso de Maria Belén, además, pone de relieve la importancia de las redes familiares y la educación recibida, que pueden sostener a una persona en momentos de transición profunda.
Nota sobre valores monetarios: no se mencionan montos en la noticia original, por lo que no hubo información que convertir a euros. Cualquier referencia económica que aparezca en este texto es de carácter contextual o histórico y no corresponde a una valoración de premios, contratos o transacciones específicas.
En el contexto de Suiza y de las instituciones religiosas citadas, la labor social y educativa que realizan las comunidades suele financiarse a través de donaciones, becas y fondos institucionales, sin que se publicite una cifra única para estas actividades.
Sin embargo, la historia de Simmermacher se centra en su vocación y en su servicio, más que en un registro monetario, lo que subraya el valor humano de su trayectoria.
En ese sentido, la transformación desde una promesa del hockey argentino hasta una líder comunitaria en el extranjero constituye un ejemplo de solidaridad y de compromiso con la educación y la fe que trasciende fronteras.