El #Mundial 2026 está poniendo a prueba mucho más que las piernas de los jugadores: está descubriendo la importancia de las pequeñas rachas y, sobre todo, de la ropa que viste el banquillo.
Mauricio Pochettino, al frente de Estados Unidos, llamó la atención con un look que repite en los dos primeros encuentros de la fase de grupos. En el debut ante Paraguay y en la victoria frente a Australia, el entrenador llevó exactamente la misma combinación: camisa azul marino de base, una prenda blanca debajo, pantalón a juego y zapatillas Nike en blanco.
Esa uniformidad, que a simple vista parece un capricho más de moda, se convirtió en tema de conversación cuando ya en suelo estadounidense se descubrió la coincidencia en el tercer partido potencial.
El dato no es casualidad: según un artículo de The Athletic, la indumentaria está diseñada por Hugo Boss, con dos versiones que llevan el logo de USSF.
Ambos conjuntos son lavables y pensados para poder reutilizarlos si el Mundial se alarga, algo no descartable para un torneo con calendario apretado. Tras dos triunfos, la cosa se consolida como una posible #cábala de cara al tercer duelo, y un portavoz del #fútbol estadounidense sostuvo en tono ligero que 'llevará el mismo atuendo para el tercer partido', citando, con humor, una referencia deportiva popular sobre rachas ganadoras.
La historia de la #moda en el banquillo de #Pochettino no nace de la nada: el técnico ya mostró interés por la estética cuando entrenaba al Tottenham
La historia de la moda en el banquillo de Pochettino no nace de la nada: el técnico ya mostró interés por la estética cuando entrenaba al Tottenham.
En agosto de 2018, ante un Manchester United en Old Trafford, lució un traje azul que acaparó miradas. Tras el partido, dejó claro que quizá el atuendo ayudaba, pero que no sería raro cambiar de color la próxima vez. Efectivamente, para la visita al Watford llevó una camisa blanca y el resultado no acompañó a los Spurs en esa ocasión, dejando una lección: el estilo puede impulsar la confianza, pero no gana partidos por sí solo.
Y si bien la atención suele centrarse en los hombres, también hay ejemplos en el fútbol femenino: Emma Hayes, entrenadora del equipo de Inglaterra, apareció con una gorra #Hello Kitty en un amistoso frente a Japón, y esa prenda casual acabó convirtiéndose en un amuleto para el equipo tras una tanda de victorias.
En la Copa del Mundo, cada detalle está planificado, y Pochettino parece haber convertido ese detalle aparentemente nimio en una parte de la narrativa: el conjunto azul marino, la camiseta blanca y las zapatillas blancas quedan como un símbolo de identidad, de unión y de la esperanza de que Estados Unidos, con su 'look' a juego, pueda convertirse en el gigante que muchos esperan.
Quizá no se trate de superstición asecas, sino de una costumbre que, como dijo Bilardo en su momento, se vuelve poderosa cuando el resultado acompaña.
En cualquier caso, la historia ya está escrita para varios titulares: la moda, el fútbol y la ética de la segunda piel del equipo nacional se entrelazan en este Mundial como nunca antes.