Biglia rompe el silencio: Rusia 2018, la AFA rota y el camino de Argentina rumbo a Qatar 2022
Deporte Fútbol 29 March, 2026

Biglia rompe el silencio: Rusia 2018, la AFA rota y el camino de Argentina rumbo a Qatar 2022

Lucas Biglia reflexiona desde Milán sobre una etapa convulsa de la Selección, analiza Rusia 2018, la desorganización de la AFA y cómo la generación de 2014-2018 terminó encontrando su 2022 con Scaloni y Messi al frente.

Desde Milán, donde vive retirado y con la calma que da haber pasado su mejor época, #Lucas Biglia se toma su tiempo para mirar atrás y contar lo que pocos cuentan sobre aquella etapa de la Selección Argentina.

No es un simple repaso, es un recorrido por el detrás de escenas de un ciclo que tuvo de todo: caos en Rusia 2018, una #AFA operando con agujeros y decisiones que quedaron marcadas en la memoria de los aficionados.

Biglia habla sin filtros: lo que salió mal, lo que aún puede cambiar y por qué ese peso que parecía imposible de llevar terminó quedando atrás cuando la #selección dio finalmente el golpe en Qatar 2022.

A la distancia, con 40 años y la serenidad que sólo da la experiencia, el ex mediocampista describe su visión del negocio del #fútbol y de la gente que rodea a una selección.

Dicen que los Mundiales se ganan con talento, pero él subraya que, para competir, la organización tiene que estar a la altura. Y ahí es donde, según su mirada, las cosas fueron mostrando grietas: desde la falta de una estructura estable en la AFA hasta la multiplicidad de técnicos en un periodo corto.

En 2018, cuando el equipo parecía destinado a algo grande, la mezcla de circunstancias hizo que no se cerrara el ciclo como él y muchos esperaban.

Lo que más le duele, dice, es haber dejado pasar quizá más oportunidades de convocatorias y, sobre todo, haber visto cómo se complicaba la convivencia entre distintos procesos técnicos.

En su relato, la diferencia entre el 2014 y el 2018 es contundente: en Brasil 2014 el equipo fue evolucionando de a poco, con un crecimiento constante, mientras que en #Rusia 2018 el peso de las expectativas y la presión interna terminó desequilibrando a quienes estaban en el vestuario.

Biglia no oculta que el propio cansancio, las lesiones y la carga emocional influyeron en su rendimiento y en las decisiones que tomó en su momento.

Con la mirada puesta en el peso de la historia, Biglia recuerda que el 2014 fue distinto: “lo que más disfruté fue el Mundial de Brasil 2014”, admite, y añade que lo que más le dolió fue Rusia 2018, no sólo por el rendimiento, sino por lo que implicaba aquello para el país y para la gente que esperaba respuestas.

En ese análisis, no encuentra culpables únicos: apunta a un conjunto en el que la organización del fútbol argentino marcaba terreno con tropiezos que se trasladaban al césped.

“La AFA era un problema”, afirma con contundencia, y señala que pasar por tres entrenadores distintos en un mismo ciclo fue una señal de debilidad estructural.

Biglia no esquiva la autocrítica: reconoce errores propios, decisiones que pudieron haber cambiado su trayectoria y, sobre todo, el temor a no estar convocado como él creía que merecía.

A Leo Messi

Pero también defiende a sus compañeros y, sobre todo, a Leo Messi. En sus palabras, #Messi fue un pilar dentro y fuera del campo, defendido puertas adentro por aquel vestuario que sabía que el mundo estaba mirando. Sobre el actual proceso de Scaloni, se muestra elogioso: describe a un equipo que, como asistente y como entrenador, demostró una forma de trabajar que privilegia la humildad, la escucha y la idea de equipo por encima de los nombres.

“Scaloni miraba a cada uno, preguntaba qué veíamos, qué nos gustaba y qué no. Eso era más que un método: era una forma de liderar desde la humildad”, dice. Y, respecto al resto del cuerpo técnico, destaca la facilidad con la que personas como Walter Samuel, Pablo Aimar y el propio Messi defendían y sostenían al grupo desde el interior.

En su diagnóstico, la generación que llevó a #Qatar 2022 no sólo heredó talento: heredó un nuevo modo de construir al equipo alrededor de un líder que lo hizo suyo desde el debate constructivo, algo que él piensa que marcó la diferencia frente a los años anteriores.

A menos de tres meses para el Mundial, Biglia no oculta su confianza: la selección debe ir a jugar, no a defenderse de la presión. Pensando en rivales como España, Inglaterra o Francia, advierte que la clave estará en mantener los pies en la tierra y saber que cada partido es una historia distinta.

En lo personal, ya adelantó que le gustaría entrenar en el fútbol argentino; está decidido a seguir formándose y ya está en curso un programa de scouting y análisis de partidos en la Universidad de Barcelona, con la mira puesta en el título UEFA Pro en septiembre.

Todo apunta a un futuro en el que su experiencia como jugador se traduzca en una forma de entrenar basada en la claridad, la disciplina y la idea de fútbol que siempre defendió.

La vida después del fútbol no es un asunto menor para él. Tras colgar las botas en Turquía, donde vivió una etapa intensa con Karagümrük y Basaksehir, Biglia encontró en el pádel una chispa de competitividad que mantiene viva su rutina, además de terminar la secundaria a distancia para cerrar una etapa personal pendiente.

Este nuevo capítulo lo ve, en su propia frase, como una revancha que no tuvo como jugador: “Quiero llegar a entrenar en #Argentina y dejar huella”.

Y está seguro de que, con esfuerzo y constancia, puede aportar una visión que conjuga experiencia de alto nivel con una formación continua y una voluntad de cambiar las cosas desde dentro.

En conjunto, el testimonio de Biglia ofrece una lectura clara: que la verdadera historia de una generación no se escribe solo con triunfos, sino con el aprendizaje de sus errores y la capacidad de volver a empezar con humildad, como hizo la selección que conquistó el mundo en 2022.

Porque, al final, lo que quedó fue un aprendizaje colectivo que, para él, se tradujo en una lección de fútbol y de vida.

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