Conigliaro, la punta decisiva de Estudiantes que selló la Intercontinental 1968 frente al Manchester United
Historia de Marcos Roberto Conigliaro, figura clave de Estudiantes de La Plata en la era dorada de los 60, protagonista de la Intercontinental 1968 ante el Manchester United y de otros hitos que marcaron una época.
Hace unos meses se apagó una de las voces más nítidas de aquella generación dorada de Estudiantes de La Plata.
Marcos Roberto Conigliaro, conocido en el mundo del fútbol como uno de los hombres-gol de la epopeya de los 60, falleció a los 83 años en San Jorge, Santa Fe, la ciudad a la que se trasladó hace tres décadas.
Su vida fue un hilo conductor de una época en la que Estudiantes no solo ganaba, sino que imponía un estilo propio, intenso y metódico.\n\nConigliaro fue la punta de lanza de un equipo que convirtió la disciplina en gloria: después del Metropolitano de 1967, el Pincha encadenó tres Libertadores consecutivas entre 1968 y 1970 y logró la #Intercontinental 1968 frente al Manchester United.
Aquella delantera que arrancaba desde su punta izquierda, con Verón y Flores como variantes constantes, se convirtió en una máquina que entendía el juego como un bloque: defensa sólida, medio con criterio y un ataque que sabía cuándo acelerar.\n\nLa famosa semifinal del Metropolitano 67 ante Platense, con remontada incluida, es poco menos que una crónica de la época: Estudiantes, con un hombre menos por lesión, logró darle la vuelta a un 1-3 para terminar ganando 4-3, con Conigliaro marcando temprano y la dupla ofensiva que explotaba cada ocasión.
Esa gesta no solo fue una clasificación; fue la señal de que aquel Estudiantes tenía una idea de juego a largo plazo y que Bilardo, como armador del equipo, sabía guiar a sus muchachos a través de la táctica y la exigencia física.\n\nLa Intercontinental de 1968 frente al Manchester United quedó grabada en la memoria de los hinchas y de quienes seguían la Copa desde el otro lado del Atlántico.
El partido de ida, disputado en la Bombonera, dejó a Estudiantes con una ventaja mínima pero suficiente: Conigliaro inauguró el marcador y dio tranquilidad para afrontar el desquite en Old Trafford.
Allí, en un estadio mítico, el encuentro terminó 1-1 y la Copa quedó en manos del equipo argentino. Esa campaña destacó por la capacidad de lectura del juego, por la presión colectiva y por la capacidad de convertir las situaciones a favor. El gol de Conigliaro, clave en aquella definición, simbolizó la eficiencia de un equipo que sabía aprovechar cada recurso y que tenía en su entrenador, Osvaldo Zubeldía, a un estratega capaz de anticipar movimientos y de exigir al máximo a sus jugadores.\n\nLa formación histórica del equipo que dio la Intercontinental consolidaba un bloque con Poletti en portería, defensa con Malbernat y Aguirre Suárez, y Madero y Medina en los laterales que acompañaban a un mediocampo de toque y recuperación con Bilardo, Pachamé y Togneri.
Conigliaro, Echecopar y Verón completaban la línea de arriba que sabía combinar velocidad, diagonales y finales certeros. La memoria de quienes vivieron aquella época recuerda también las anécdotas de viaje: el tren que partía desde Constitución para ir a La Plata, las rutas y los rituales de cada jornada, la convivencia entre jugadores y el equilibrio entre la exigencia del club y el ambiente de aquel año decisivo.\n\nConigliaro tuvo un paso breve por la Selección Argentina en 1970, en medio de una etapa convulsa para el equipo nacional. En medio de las eliminatorias para México, Argentina enfrentó a Brasil, que llegaba con un conjunto de estrellas. En Porto Alegre, Beira Rio, Conigliaro y Más anotaron en un 2-0 que mostró que la generación podía competir a la par, incluso frente a un rival de tanta jerarquía.
Cuatro días después, en el Maracaná, Brasil se llevó la revancha por 2-1, pero esa presencia en la selección dejó huellas de un jugador que había sabido combinar la eficacia goleadora con la calidad técnica exigida por un fútbol que no perdonaba.\n\nLa trayectoria de Conigliaro no se limitó a Estudiantes. Tras su paso por la Argentina, buscó nuevos horizontes en México (Gallos de Jalisco), Bélgica (KSV Ourdenarde) y Suiza (FC Lugano), para regresar a su tierra y comprometerse con el desarrollo del fútbol local.
En 1975 decidió retirarse, cansado ya de los entrenamientos y de la presión constante, y no tardó en volcar su experiencia a la dirección técnica y a la formación de nuevos profesionales.
El club y sus aficionados lo reconocen como parte fundamental de una etapa que dejó huella en la historia del fútbol argentino
En San Jorge, donde instaló una escuela de técnicos, aportó a varias generaciones una visión de juego basada en la lectura del partido y en la disciplina de trabajo.\n\nA lo largo de los años, Conigliaro fue un nombre que no dejó de aparecer en las reuniones de ex jugadores de Estudiantes. Incluso medio siglo después de la gesta de Old Trafford, el club y sus aficionados lo reconocen como parte fundamental de una etapa que dejó huella en la historia del fútbol argentino.
Hoy se recuerda que Estudiantes, con su juego cerebral y su rigor físico, supo demostrar que el fútbol puede ser una ciencia colectiva, donde cada jugador aporta su pieza para que el conjunto funcione.
Conigliaro, para muchos, fue la prueba viva de esa idea: un delantero que entendía que la gloria no es solo anotar, sino saber crear espacios, leer la defensa y definir en el momento exacto.\n\nEstudiantes es, para siempre, la casa de los que hicieron posible aquella época de conquistas. Y Conigliaro, con su entrega en cada partido, se convirtió en una leyenda que no se apaga: su historia continúa en cada recuerdo, en cada foto, y en cada joven que aprende a mirar el juego con la cabeza fría y el hambre de victoria.
Estudiantes fue su vida y, en palabras de muchos de sus antiguos compañeros, la casa de todos sus amigos.