Un estudio de la Universidad McGill confirma que los bosques de álamo temblón pueden frenar los incendios forestales. Sin embargo, la industria forestal los elimina con glifosato, lo que podría aumentar el riesgo de fuego.
Ontario está viviendo la peor temporada de #incendios forestales de su historia. Mientras el humo cubre ciudades y se evacuan comunidades, un estudio de la Universidad #McGill arroja luz sobre un aliado inesperado: el álamo temblón.
Este árbol, conocido por sus hojas que tiemblan con el viento, resulta ser una #barrera natural contra el fuego. Pero hay un problema: la industria forestal lo está eliminando sistemáticamente con herbicidas.
La investigación, liderada por Flavie Pelletier, doctoranda de McGill, analizó imágenes satelitales del bosque boreal canadiense antes y después de los incendios.
Descubrieron que las grandes extensiones de #álamo temblón aparecían con frecuencia en los perímetros de las zonas quemadas, como si hubieran detenido el avance del fuego.
¿Por qué? Porque estos árboles tienen un alto contenido de humedad, tanto en el tronco como en las hojas, comparado con las coníferas como el pino o el abeto.
Además, sus hojas crecen más arriba en el tronco, por lo que un incendio que avanza por el suelo encuentra más fácil trepar por las ramas bajas de las coníferas.
Así, los parches de álamo actúan como cortafuegos naturales.
Pero hay una paradoja: el álamo tiene una corteza delgada y puede arder rápidamente si el fuego lo alcanza. Sin embargo, cuando forma masas grandes y densas, frena el avance de las llamas. Es como si el bosque tuviera su propio sistema de defensa. El problema, según Pelletier, es que existe una auténtica guerra contra el álamo en los bosques comerciales. Cada verano, las empresas forestales de Ontario rocían miles de hectáreas de tierra pública con herbicidas, principalmente glifosato, para eliminar la vegetación de hoja ancha que compite con las coníferas que luego se talan para madera.
Se elimina esa barrera natural
Al reducir el álamo, se elimina esa barrera natural.
"Si reduces significativamente el álamo en los bosques comerciales, ya sea mediante desbroce o glifosato, creo que estás aumentando el riesgo de incendio a largo plazo", afirma Pelletier.
Y no es la única que lo cree. Algunos estudios indican que, después de rociar con glifosato, el álamo tarda entre cinco y diez años en volver a crecer, tiempo durante el cual el bosque queda más expuesto.
Fred Pinto, profesor adjunto de silvicultura en la Universidad de Toronto y ex director ejecutivo de la Asociación de Forestales Profesionales de Ontario, matiza que solo un pequeño porcentaje del bosque boreal se cosecha cada año.
Además, muchos de los incendios actuales arden en zonas remotas del noroeste de Ontario que nunca han sido taladas ni rociadas. Sobre si el humo de los incendios en bosques tratados con #glifosato es más tóxico, Pinto opina que el efecto sería insignificante, ya que la cantidad de herbicida es mínima comparada con la biomasa total y las altas temperaturas lo vaporizarían.
Canadá lleva años viendo cómo la temporada de incendios empeora debido al cambio climático. Sequías prolongadas, olas de calor y tormentas eléctricas crean las condiciones perfectas para que el fuego se propague. En este contexto, conservar los álamos podría ser una estrategia sencilla y barata para proteger comunidades y ecosistemas. Pero la presión de la industria maderera, que prefiere las coníferas de crecimiento rápido, está eliminando esta defensa natural.
La #investigación de McGill no solo confirma lo que muchos bomberos forestales sabían por experiencia, sino que plantea una pregunta incómoda: ¿estamos sacrificando la seguridad a largo plazo por la producción de madera a corto plazo? Mientras el humo sigue cubriendo Ontario, quizás sea el momento de replantearnos cómo gestionamos nuestros bosques.
