Balance de la campaña de aceite de oliva en Rioja Alavesa: 750.000 kilos de aceituna, Arróniz mayoritario, rendimiento del 20%, y un impulso público por la calidad y la sostenibilidad.
La cifra se dio a conocer durante la XIII Feria del Aceite de Oliva de Moreda, una cita que ya forma parte del calendario gastronómico y rural de Rioja Alavesa.
Allí, el sector ve cómo su producto, cada vez más reconocido fuera de la región, gana en calidad, identidad y exportación. Aunque el aceite vasco no es nuevo en el mapa, sí se ha ido consolidando como símbolo de producto local de calidad, con una trazabilidad y un cuidado que se nota en cada gota.
La producción se concentra en cuatro trujales en #Rioja Alavesa y uno más en Bergara (Gipuzkoa). En total, la comarca reúne cerca de 300 hectáreas de olivar, y el año pasado se incorporaron seis hectáreas nuevas. En el conjunto del sistema, hay alrededor de 20 marcas de aceite y 65 olivicultores asociados a APRORA, además de otros productores para autoconsumo.
Estos números muestran un tejido productivo activo y en crecimiento, que ha sabido combinar tradición y modernidad.
La calidad del aceite vasco se mantiene en niveles sobresalientes: se realiza la extracción en frío, se muele el fruto el mismo día de la cosecha y se aplican estándares modernos de elaboración para garantizar un producto con aroma y sabor característicos.
“Cada litro de aceite refleja el esfuerzo de nuestros agricultores, la riqueza de nuestros suelos y nuestra apuesta por un sector sostenible y competitivo.
Agricultura y Pesca del Gobierno Vasco
Queremos que la ciudadanía y los visitantes disfruten de un producto como es el aceite vasco, que es sinónimo de producto local de calidad”, destaca Amaia Barredo, consejera del Departamento de Alimentación, Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca del Gobierno Vasco.
El Gobierno Vasco, a través de su departamento, reitera su compromiso con la promoción de productos locales y con la innovación en el sector, así como con la garantía de calidad que distingue nuestras producciones.
A nivel histórico, esta región ha ido consolidando una cultura del olivo que, si bien no es tan antigua como en otras zonas del Mediterráneo, ha sabido adaptarse a su clima, a sus gentes y a un nuevo consumidor más exigente.
La llegada de variedades como Arróniz y la apertura de mercados para sus aceites han impulsado inversiones en riego, manejo integrado de plagas y trazabilidad, con un efecto positivo en empleo rural y turismo gastronómico.
