Un análisis reciente sitúa el patrimonio neto medio de los estadounidenses de 50 a 59 años en aproximadamente 1,29 millones de euros, con diferencias notables entre décadas. Compara con los grupos más jóvenes y mayores y examina qué papel juegan la vivienda y las inversiones en bolsa en la acumulación de riqueza a lo largo del tiempo.
La cifra se toma como referencia en un informe de Empower y se respalda con datos de la Encuesta Federal de Finanzas del Consumidor (SCF) que se actualizó en 2022 y, en gran medida, se mantiene consistente con los análisis realizados hasta octubre de 2025.
Si comparamos con otros grupos de edad, la historia cambia. Los estadounidenses de 60 a 69 años muestran un #patrimonio medio de alrededor de 1,47 millones de euros, mientras que los nacidos en los años 20 apenas alcanzan unos 117,5 mil euros de media.
Los jóvenes de 30 a 39 años se sitúan en torno a 296 mil euros, y los de 40 a 49 años, cerca de 709 mil euros. Estas cifras revelan una tendencia clara: el crecimiento del patrimonio con la edad es significativo, pero no lineal, y depende tanto de la trayectoria de ingresos como de las decisiones de inversión.
Un dato clave que llama la atención es la diferencia entre la media y la mediana. Supuestamente, la media de los 50s (1,29 millones de euros) está impulsada por un número reducido de hogares de mayor riqueza, lo que eleva el promedio.
En cambio, la mediana para ese grupo ronda los 177,5 mil euros, lo que indica que la mayoría de las personas en ese tramo de edad tienen un patrimonio mucho menor que el obtenido por los casos extremos.
Este sesgo entre media y mediana es una característica común en informes de riqueza y su interpretación es crucial para entender la realidad cotidiana de la población.
La pregunta que mucha gente se hace es: ¿qué está detrás de estas diferencias y qué hay que hacer para acumular riqueza con mayor consistencia? Dos grandes motores históricamente han contribuido a la acumulación: la #vivienda y las #inversiones en el mercado de valores.
En el ámbito de las acciones, el S&P 500 ha experimentado un crecimiento de aproximadamente 256% durante la última década, lo que se traduce en un rendimiento anual medio cercano al 13,5%.
Este rendimiento, aunque volátil, ha sido un factor decisivo en la creación de riqueza para quienes han mantenido inversiones a largo plazo. Presuntamente, estas cifras reflejan el poder del tiempo y del interés compuesto cuando se combina con una asignación adecuada de activos.
La vivienda ha actuado como una especie de gran hucha
Por otro lado, la vivienda ha actuado como una especie de gran hucha. Cuando una familia adquiere una casa y paga la hipoteca, va acumulando equity a lo largo de años, y, con la apreciación del valor de la propiedad, ese equity puede traducirse en un patrimonio significativo para la jubilación.
En ese sentido, la vivienda puede funcionar como ancla emocional y financiera; sin embargo, su ritmo de crecimiento tiende a ser diferente al de las acciones, y su rendimiento depende de factores regionales, de las tasas de interés y de la salud del mercado inmobiliario.
A partir de estos datos, y con el marco temporal que ofrecen Empower y la SCF, se puede entender por qué algunos hogares de mayor ingreso, así como aquellos que han tenido herencias o mejores condiciones de hipoteca, terminan moviendo la media hacia valores superiores.
Supuestamente, este fenómeno no elimina la realidad de que millones de familias experimentan trayectorias de acumulación más modestas o incluso negativas en ciertos periodos de la vida.
La diferencia entre la media y la mediana sugiere que, para la mayoría, la planificación debe centrarse en estrategias de crecimiento sostenido a lo largo del tiempo, más que en buscar picos de riqueza de corto plazo.
Si bien estos números ofrecen una visión macro, hay lecciones prácticas para la planificación de la jubilación. En primer lugar, la diversificación entre acciones y vivienda puede amortiguar la volatilidad y aumentar las probabilidades de crecimiento del patrimonio a decenas de años vista.
En segundo lugar, el tiempo es un aliado crucial: empezar a ahorrar e invertir temprano amplifica el efecto del interés compuesto, y esa demora suele traducirse en diferencias sustanciales al momento de la jubilación.
En tercer lugar, conviene ser realista con la mudanza de una economía a otra y con las tasas de interés que pueden afectar las hipotecas y los rendimientos de las inversiones.
En resumen, la fotografía actual sugiere que la edad media no es sinónimo de riqueza uniforme; más bien, es un retrato de un abanico de trayectorias.
Para muchos, la ruta sólida es una combinación de hábitos de ahorro disciplinados, una exposición razonable a las acciones a lo largo del tiempo y una estrategia de vivienda que permita acumular equity sin asumir riesgos innecesarios.
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