Un estudio de Fidelity ilumina la brecha entre generaciones ante la llegada de la gran transferencia de riqueza, con millones de herederos dispuestos a gestionar lo recibido y padres que aún prefieren mantener el control.
Según Fidelity Investments, la conversación sobre herencias y finanzas se ha vuelto un tema central en las familias, aunque muchos adultos mayores no la abordan de forma explícita.
Supuestamente, la incomodidad que provoca hablar de dinero y de la muerte puede retrasar estos diálogos y dejar a los herederos en incertidumbre cuando llegue el momento.
La historia de la llamada Gran Transferencia de la Riqueza, que se proyecta verter alrededor de 84 billones de dólares desde generaciones mayores hacia sus herederos para 2045, está transformando la conversación familiar.
En euros, esa cifra asciende a una aproximación de 77,3 billones de euros, una magnitud que ha empujado a expertos y planificadores a anticipar escenarios y estrategias de sucesión.
A ese ritmo, muchos jóvenes esperan saber cuánto les tocará heredar y cómo podrán gestionar ese capital sin cometer errores desde el primer día.
Del lado de los padres, la mayoría aún no ha desvelado ni la existencia de una herencia ni el monto estimado. Dos tercios de los progenitores dijeron no haber informado a sus hijos adultos de lo que recibirán, y cerca de la mitad no ha discutido su situación financiera con la propia descendencia.
No obstante, una parte significativa de los jóvenes afirma que desean conocer esas cifras con antelación para planificar su futuro con responsabilidad.
Una oportunidad para replantear la educación financiera en las familias
Esta brecha generacional genera tensiones y, a la vez, una oportunidad para replantear la educación financiera en las familias.
Supuestamente, las actitudes divergen entre generaciones cuando se trata de gestionarlo en vida o a su fallecimiento. En encuestas recientes, aproximadamente el 74% de los millennials consideró importante dejar algo para la próxima generación, mientras que solo el 47% de los boomers compartió esa visión.
En otro sondeo del sector, una proporción relevante de jóvenes mostró interés en transferir riqueza a sus herederos mientras aún están vivos, frente a una preferencia mayoritaria entre los mayores por esperar, es decir, que la herencia se entregue tras su muerte.
Este choque de enfoques está alimentando debates sobre cuándo y cómo deben iniciarse las discusiones de legado.
Los asesores financieros advierten que no se trata solo de abrir una conversación; se trata de estructurarla de forma ordenada y respetuosa. Organizar una sesión con un tercero neutral puede evitar que la conversación se transforme en una lucha por el control de activos. Si la familia cuenta con un asesor, se recomienda que participe para clarificar qué activos existen, cuánto valen y qué deseos se persiguen con cada decisión.
En ese sentido, lograr un balance entre transparencia y protección de la privacidad familiar puede ser la clave para que el traspaso se dé con menor fricción y más aprendizaje entre generaciones.
Aun con la incertidumbre propia de estas migraciones patrimoniales a gran escala, la narrativa apunta a un cambio profundo en la cultura de las herencias.
