El coste de tener coche aprieta el presupuesto estadounidense: préstamos, seguro y gas obligan a ajustar el gasto

Un estudio reciente advierte que casi 4 de cada 10 estadounidenses ven el coche como un lujo. La suma de pagos de préstamos, seguro y combustible eleva el gasto y reduce la capacidad de ahorro.

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En Estados Unidos, Tener coche ya no es un lujo discreto para muchas familias estadounidenses. Un estudio de Lending Tree, citado por USA TODAY, revela que cerca del 39% de los encuestados dice que un coche ya no entra en su presupuesto y que ahora es difícil mantenerlo sin afectar otros gastos.

La causa principal son los costes fijos que acompañan al coche: los pagos del préstamo, el seguro y la gasolina. Según el informe, el pago anual medio por un préstamo de coche es de 7.275 dólares; el seguro, 2.277 dólares; la gasolina, 2.105 dólares; y el mantenimiento, 1.184 dólares. En conjunto, estos gastos pesados pueden dejar poco margen de maniobra mensualmente.

Además, el coste del seguro no ha hecho más que subir: un incremento de 37,5% desde 2021, frente a un crecimiento de los ingresos del 23,9% en ese periodo.

Eso significa que, para muchas familias, el seguro de automóvil está aumentando más rápido que su propia capacidad de gasto.

El estudio señala también que quienes tienen préstamos para coche suelen destinar una parte significativa de sus ingresos a estos gastos. En promedio, quienes tienen un préstamo activo llegan a gastar alrededor del 15% de sus ingresos anuales en todo lo relacionado con el coche. Y el ingreso familiar mediano es de 85.759 dólares al año, lo que sitúa a miles de hogares en una zona de presión constante.

Lending Tree también desglosa diferencias regionales. En Louisiana, el gasto en coche representa el 23,2% de los ingresos y alcanza 14.894 dólares de los 64.199 dólares de ingreso familiar medio. Mississippi y Nuevo México ocupan los siguientes puestos, con 21,5% y 19,8% respectivamente. En el extremo opuesto, Massachusetts ocupa la franja más baja, con el 10,6%, seguida por New Hampshire (10,9%) y Washington D.C. (11,4%).

A pesar de estas dificultades, la mayoría de encuestados, un 61%, afirma ser propietario o titular de un coche. Entre quienes ganan menos de 30.000 dólares, esa proporción baja, pero aún así el coche es relevante para la movilidad diaria.

En cuanto a la compra de coches, el informe muestra respuestas de ajuste: el 21% dijo que retrasó una compra de vehículo, y ese porcentaje sube al 27% entre los jóvenes de la generación Z.

También hay quienes optan por un coche más barato (16%) o mantienen el que tienen por más tiempo (13%). Un 12% ni siquiera contempló comprar uno nuevo.

Para aliviar la carga, algunos compradores están aceptando préstamos más largos, incluso de hasta siete años, con el efecto colateral de pagar más intereses a lo largo del tiempo y, en ciertos casos, quedar “por debajo” del valor real del coche si este se devalúa o si se estropea.

Los analistas advierten de ese riesgo al alargar la deuda.

La gasolina, que no siempre es opcional, añade una tensión adicional cuando los precios se mantienen altos. Cuando el combustible sube, el incremento llega de forma directa al bolsillo, especialmente en zonas donde depender del coche es prácticamente imprescindible.

En resumen, el estudio muestra que la carga de los costos de movilidad ya está afectando a muchas familias y que, sin cambios de hábitos o de política, esa presión podría aumentar.

Con datos que confirman que el coste total de poseer un coche está creciendo más rápido que los salarios, es comprensible que más personas busquen alternativas o ajusten sus planes de gasto para evitar sorpresas a final de mes.