¿Es enero el mes del divorcio? Dos picos que podrían redefinir las separaciones

Análisis sobre cuándo realmente aumentan los divorcios y por qué enero suele confundirse con el mes clave; investigaciones previas señalan picos en marzo y agosto, no en enero.

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Esos picos se repiten en las actualizaciones posteriores que incorporaron datos de cinco estados y se extienden al menos hasta 2018. En conjunto, los investigadores señalan que enero no alcanza un máximo sostenido y, por el contrario, suele haber temporada de menor actividad en el tribunal, seguido por un repunte en primavera y verano.

La explicación suele vincularse con el calendario de vacaciones y la llegada de un nuevo año, aunque es difícil sostener una única causa. Presuntamente, ese patrón podría deberse a que las fiestas y las reuniones familiares aumentan la tensión y luego se resuelven de distintas formas, mientras que el inicio del año fiscal y escolar puede influir en cuándo las personas deciden informarse o consultar a profesionales.

En este sentido, no es inusual que enero sea un mes de auge en consultas iniciales a abogados, más que de expedientes judiciales ya firmados. Supuestamente, esa diferencia entre consultas y presentaciones reales marca una distinción importante para comprender la dinámica.

Otra observación relevante es el denominado “divorce quarter” (trimestre de divorcios): aunque marzo podría verse como un mes de mayor actividad, el fenómeno se extiende a lo largo de los tres primeros meses del año y luego se suaviza con la llegada del verano.

En ese marco, marzo y agosto destacan como meses de mayor concentración de procesos, mientras que enero aparece como un periodo de planificación e información más que de resoluciones definitivas.

Presuntamente, esta distinción entre intención y acción ayuda a entender por qué las firmas legales reportan picos de consultas en enero y picos de presentaciones en marzo o abril.

Se observa una tendencia relevante: el divorcio entre personas mayores de 55 años

A nivel demográfico, además, se observa una tendencia relevante: el divorcio entre personas mayores de 55 años, conocido como “gray divorce”, ha aumentado significativamente desde 1990, mientras que entre parejas más jóvenes la tasa de ruptura ha mostrado una trayectoria más estática o a la baja.

Esto sugiere que los factores sociales y económicos cambian con el tiempo y que las decisiones de divorcio se subdividen por grupos etarios, motivos que pueden requerir enfoques distintos por parte de abogados, consejeros y planificadores financieros.

Si usted está considerando la posibilidad de divorcio, estas pautas pueden ayudar a prepararse: • Consultar a un asesor financiero para entender el impacto económico, especialmente en impuestos y liquidación de bienes.

• Reunir documentación financiera y fiscal para facilitar el proceso. • Elaborar un presupuesto post-divorcio para evitar shocks económicos y planificar la seguridad de los hijos. • Evaluar custodias y acuerdos de convivencia con claridad y, de ser posible, buscar mediación para reducir tensiones. • Mantener un registro de gastos y de ingresos para tener una visión realista de la vida futura tras la separación.

En suma, la evidencia disponible indica que enero no es, de forma sostenida, el mes de mayor actividad de divorcios. Aunque la conversación pública y mediática a veces asocia ese mes con rupturas, la realidad estadística apunta a picos en marzo y agosto, con una dinámica que combina consultas tempranas y decisiones que se consolidan a lo largo de los primeros meses del año.