Análisis sobre la creciente influencia de las criptomonedas en la financiación política de EE. UU., la sorprendente desatención del votante y el papel de los grupos PAC cripto, con cifras convertidas a euros y contexto histórico.
En los últimos años, grupos que defienden o se posicionan a favor de los criptoactivos han convertido su actividad en una herramienta de influencia significativa, capaz de mover millones de dólares en decisiones y mensajes.
Según informes del sector, el grupo pro cripto Fairshake gastó cerca de 180 millones de dólares durante la campaña electoral de 2024, lo que equivale a aproximadamente 165,6 millones de euros.
No solo invirtió en anuncios, sino que centró sus esfuerzos en encauzar la conversación pública hacia la tecnología blockchain. En esa misma década de 58 campañas, Fairshake habría influido en 53, según analistas, con resultados que no siempre se consideran concluyentes, pero que señalan una presencia organizada.
Para el ciclo 2026, la estrategia cripto dio un paso más: el grupo destinó más de 1,5 millones de dólares para desafiar a ciertos legisladores en primarias, por ejemplo contra el representante Al Green, lo que equivale a alrededor de 1,38 millones de euros.
Paralelamente, otros grupos dedicaron unos 5 millones de dólares para respaldar al senador Barry Moore en su carrera hacia el Senado, lo que se traduce en unos 4,6 millones de euros.
Estas cifras se suman a transacciones de mayor perfil que destacan el interés de la esfera cripto por participar en el debate político. En un caso relevante, el proyecto cripto vinculado a Donald Trump, World Liberty Financial, comunicó que acumula 550 millones de dólares en ventas de tokens, totales que convierten a unos 506 millones de euros.
La segunda venta de tokens habría aportado 250 millones de dólares, es decir unos 230 millones de euros. Estas cifras, aunque publicadas por los promotores del proyecto, deben leerse con cautela, ya que dependen de la fluctuación de los tipos de cambio y de la contabilidad de tokens.
Solo alrededor del 14% de los adultos en Estados Unidos poseían criptomonedas
Además de las cifras de campañas, la influencia cripto se apoya en una base de votantes con adopción creciente: según una encuesta de Gallup de 2025, solo alrededor del 14% de los adultos en Estados Unidos poseían criptomonedas, un porcentaje que, según analistas, ha contribuido a que la atención pública no siga el ritmo de la actividad de recaudación.
Históricamente, las primeras señales de participación de criptoempresas en la política comenzaron a verse en la última década, cuando plataformas de votación, firmas de asesoría y fondos de financiación adoptaron mecanismos para apoyar campañas.
A partir de 2020-2021, ya se discutían regulaciones específicas para los mercados de criptoactivos, y el tema ha seguido presente en debates estatales y federales, con llamados a garantizar mayor transparencia y competencia.
En el terreno político, el debate no es menor: los demócratas y los republicanos han mostrado interés por regular la criptoeconomía, con propuestas para evitar que el dinero cripto distorsione la política.
Supuestamente, algunos analistas señalan que sin reglas claras podría ocurrir que más intereses de criptofinanzas lleguen a las cámaras, presuntamente favoreciendo determinadas políticas favorables a ese sector.
Por su parte, otros sostienen que la #regulación podría estabilizar el mercado y proteger a los votantes de la volatilidad, sin frenar necesariamente la innovación.
En resumen, la combinación de una industria en crecimiento y una ciudadanía que presta poca atención parece haber creado un escenario en el que el dinero cripto puede influir sin que el público perciba con claridad su magnitud.
